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Reservado y de pocas palabras, a Enrique Fernández Fassnacht no le gustan las entrevistas; sin embargo, habla fuerte cuando señala que este país, “no se merece a la clase política que tiene”.

De cara al inicio del año electoral, el director general del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Enrique Fernández Fassnacht, dice confiar en el árbitro de la contienda, el Instituto Nacional Electoral (INE) y también en que los partidos “aceptarán los resultados [de las elecciones en 2018], como debe ser”.

En su opinión, ha habido avances en la consolidación de la democracia, pero reconoce que aún hay un trecho largo por recorrer en el tema. Le preocupa la falta de honestidad de los políticos y sus partidos, de la cual no hay distinción de colores.

La corrupción y la falta de honestidad, dice, son los problema más graves que enfrenta el país, no sólo por sus políticos, sino por sus ciudadanos. Considera que se trata de un problema cultural, “no en balde hablamos de que ‘no nos ha hecho justicia la revolución’”.

Del próximo Presidente de México espera congruencia entre su decir y actuar, que recupere la credibilidad que han perdido los ciudadanos en sus instituciones, que ejerza sus facultades como corresponde y que convenza.

A quienes serán electos como senadores y diputados les pide que antepongan los intereses de la nación a los personales o de grupo, que no diriman sus problemas partidistas en el Congreso de la Unión y que no estén pensando cómo quedarse en el cargo ante el nuevo escenario de la reelección.

Sentado en su escritorio en su oficina de la Dirección General del Politécnico, en la Unidad Zacatenco, el ex rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana y ex secretario ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) considera que como ciudadano será “interesante” observar el desarrollo del Frente Ciudadano por México, pero le preocupa “cómo se van a poner de acuerdo”.

¿Cree que la de 2018 será una contienda limpia?

—Sí, confío en el INE, en los consejeros electorales y en el presidente, en que los partidos políticos al final aceptarán los resultados como debe ser. Es un asunto de democracia, de votos: ganará el que la gente quiera.

¿Cómo deberían actuar los integrantes de la clase política ante el proceso electoral que viene?

—Que antepongan los intereses institucionales, de hacer un país mucho más fuerte y ético. Hemos visto problemas de falta de ética y no diría de un sólo partido, sino de la clase política en general. El problema más importante que tiene que resolver este país es la falta de honestidad.

¿La corrupción y el Estado de derecho son los mayores retos y desafíos que se ven?

—La corrupción es el problema más grande que tiene México y muchos problemas se derivan de ella. Para combatirla, lo más importante es establecer un modelo de Estado de derecho y combatir la impunidad. Tenemos un problema cultural: no en balde hablamos de que “no nos ha hecho justicia la revolución”. Sí hay quienes no estamos metidos en eso (la corrupción), afortunadamente somos muchos.

¿Los escándalos de corrupción en los partidos serán un lastre en el proceso electoral?

—Ciertamente influye en la confianza de la gente, de todos nosotros. Por eso hay que mirar con mucho más cuidado qué haremos los ciudadanos de cara a las elecciones de 2018.

¿El país tiene la clase política que se merece?

—No. La clase política está compuesta por mexicanos y en la clase política se refleja lo que somos los mexicanos, pero por supuesto que no creo que el país, como país, se merezca eso. No se merece a la clase política que tiene. Necesitamos una más comprometida con los intereses nacionales. Espero que los actores políticos sacrifiquen sus intereses particulares o de grupo por lograr alianzas para mejorar las condiciones de este país.

¿Cómo ve al país en el inicio de este proceso electoral?

—En términos de democracia se ha avanzado muchísimo y prueba de ello es que aparecen muchísimos actores y candidatos a la Presidencia; eso habla de la evolución que hemos tenido, en lo personal me gusta. El país enfrenta retos importantes, y desde muchos puntos de vista: en lo económico, lo social y lo ético. Los cimientos no están tan mal: tenemos grandes desafíos pero hay que reconocer que las reformas estructurales que llevó a cabo el Presidente son importantes para el desarrollo, y seguramente estas reformas se han de consolidar hacia adelante.

¿La democracia está consolidada?

—No precisamente, pero ha avanzado muchísimo. Tenemos partidos fuertes que enfrentarán las elecciones con candidatos fuertes, hay alianzas entre partidos, lo que habla de democracia, interés por el futuro del país. Tenemos que recuperar la confianza en nuestras instituciones, en el Instituto Nacional Electoral. Hay quienes se han empeñado en que esa confianza no exista, cuando es la misma clase política la que ha cambiado las reglas. No podemos hacer otra cosa que confiar en que el árbitro va a actuar de manera imparcial.

¿Qué características debe tener el próximo Presidente de este país?

—Lo visualizo como una persona realmente comprometida con los intereses nacionales; ajena a los intereses propios y de grupo, impulsando la credibilidad en los gobernantes, inspirando confianza en los gobernados. Hay una crisis. Espero que el próximo Presidente sea una persona que, a partir de la congruencia entre lo que dice y lo que hace, recupere la credibilidad, aunque no es un tema propio de México.

¿El próximo Presidente debe ser político o ciudadano?

—Me gustaría un Presidente que pudiera con el paquete de dirigir este país. Los aspirantes son tantos que creo que habrá quien pueda enfrentar los retos de este país e impulsarlo de cara al siglo XXI.

¿Qué le pediría al próximo Presidente y qué esperaría del Congreso?

—Del Congreso, que actúe como Congreso de la Unión, porque ahí se ventilan muchas cosas relacionadas con los intereses de los partidos y de las personas; les pediría que se olviden de mantenerse en el puesto,  más ahora que va a haber reelección. Al Presidente, que ejerza sus facultades como corresponde a un presidente, que se apoye en el Congreso, que convenza. Si no anteponemos nuestros intereses particulares y de grupo a los intereses nacionales, a este país le va a ir mucho mejor.

¿Qué le pareció el presupuesto de 25 mil millones de pesos para organizar las elecciones y de los 6.7 mil millones de pesos para los partidos políticos?

—Ha sido la desconfianza en nuestras instituciones electorales, de unos partidos respecto a otros, de personas respecto a otras, lo que nos ha llevado a que la democracia nos cueste tanto dinero. Ojalá una vez consolidada nos cueste muchísimo menos; estamos invirtiendo para el futuro. Me gustaría que se gastara menos en eso y más en educación superior, pero entiendo que consolidar la democracia cuesta.

¿Cuál es su opinión del Frente Ciudadano por México?

—Tienen derecho de aliarse y está bien. Lo que no me imagino es cómo se van a poner de acuerdo y quién va a encabezar la alianza, porque muchos quieren. Va a ser interesante ver cómo resuelven esa parte, además de preocupante el proceso, pero todos esperamos que el resultado sea mejor para el país.

¿Qué le preocupa del frente?

—Que no se pongan de acuerdo, tanto al interior de cada partido como al interior de la alianza. Que anteponiendo intereses particulares o de grupo no se actúe institucionalmente. Me preocupa mucho el tema de las reformas que ha impulsado el Presidente, que no haya continuidad.

¿Están preparados los partidos para debatir rumbo a 2018?

—Para debatir siempre están preparados, la cosa es qué tanto se puede creer en lo que dicen. Desde nuestro escenario, como instituciones de educación superior, tenemos una gran responsabilidad en el combate a los problemas del país: con propuestas, con estudios. En el Politécnico se considera ese tema como un compromiso y no en balde ha participado en el desarrollo del país y lo seguirá haciendo.

¿Dónde quedaron los problemas de siempre, la pobreza, la desigualdad? ¿Fueron marginados?

—No diría eso. Son problemas muy grandes, pero se ha avanzado, se habla de una reducción en la pobreza extrema en México de más de dos millones de mexicanos. Preocupa que sigamos teniendo a más de 40 millones de personas en esas condiciones.

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