Despierta pista de hielo el espíritu navideño

El jardín Guerrero presume un luminoso ambiente decembrino
El jardín Guerrero presume un luminoso ambiente decembrino
Foto: Guillermo González
17/12/2018
07:07
Domingo Valdez
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El jardín Guerrero amanece cubierto parcialmente con una capa blanca... rodeada por vallas que la protegen. Es la pista de hielo que se instala en ese punto de la capital, junto con la villa navideña, se convierten en un sitio de interés para propios y extraños. Todo el centro de la ciudad es invadido por un espíritu navideño que va desde la decoración de las calles, hasta las ofertas que se anuncian en los aparadores de las tiendas. La navidad ha llegado.

Tiene su epicentro en el jardín Guerrero que este año, al menos para los menores llama más la atención que el nacimiento monumental. Siempre una pista de patinaje tendrá más atractivo que los pasajes bíblicos que son representados en el jardín Zenea. Cada lugar tiene sus fanáticos y su público.

Al igual que los bancos. Las sucursales de las diferentes instituciones bancarias ubicadas en el primer cuadro capitalino lucen saturadas de personas que buscan checar sus estados de cuenta o retirar dinero.

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Las tiendas están llenas de clientes. Desde las de adornos navideños que ven en estos días sus mejores ventas, hasta zapaterías, tiendas de ropa, electrodomésticos. Los restaurantes lucen llenos de personas que aprovechan los primeros días de las vacaciones para salir a almorzar en familia o con amigos.

Los pasos de las familias llevan al jardín Guerrero, cuyo espacio es tomado por las atracciones de temporada. Las familias tratan de ingresar a la Aldea Navideña. Para hacerlo, primero hay que formarse y llenar un responsiva, principalmente para los menores de edad.

En el interior, los niños pueden hacer paletas de chocolate, ayudados de una docena de jóvenes que amablemente apoyan a los niños para hacer sus golosinas, que recogen en una cabaña color verde, del otro lado de la aldea.

Los niños pueden aprovechar para tomarse una fotografía con los Reyes Magos, todo totalmente gratuito, aclaran los jóvenes que laboran en la aldea.

Frente al antiguo Palacio Municipal, hay escenarios navideños con diferentes personajes, cuya popularidad es grande entre los más chicos. Gru, los minions, las princesas y, no podía faltar, Santa Claus. Ahí las familias aprovechan para tomarse fotografías en las diferentes escenografías, parejas se toman selfies, y otros más ven todo con curiosidad.

La gente hace fila para ingresar a la pista de hielo. Esperan ser llamados al lugar. Aunque eso implique esperar más de 40 minutos.

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Un empleado de la pista reparte entre los impacientes patinadores hojas responsivas, donde deslindan a la empresa de toda lesión o fractura que pudieran sufrir al interior de la pista de hielo.

El mismo empleado reparte unas plumas entre las personas para que llenen la responsiva y la entreguen al ingresar a la zona donde se podrán cambiar el calzado de calle por los enormes patines de cuchillas.

El primer problema que enfrentan muchos de los nuevos patinadores es colocarse los aditamentos, pues además de complicado, se deben de ajustar muy bien, para evitar que el pie se vaya de lado y se sufra de una fractura en las extremidades inferiores.

Se escucha un silbato con el cual se da por terminado el tiempo para quienes están en la pista. Salen poco a poco y buscan los lugares donde dejaron su calzado. Mientras, quienes van a entrar, forman una fila, haciendo equilibrio sobre unas cuchillas cuyo grosor no rebasa el medio centímetro.

Avanzan al interior de la pista, tomándose del barandal que circunda la pista. De manera lenta y titubeante, las 30 personas que ingresan por turno, hace una fila india alrededor de la pista.

Algún osado se atreve a incursionar en la parte central de la pista. No son pocos los que pagan la osadía. A medio viaje se desequilibran, y tras unos segundos de angustia tratando de conservar la vertical, caen al hielo, los más afortunados se dan un sentón, sin torcerse ninguna articulación.

Cuando están en el hielo se acercan los jóvenes que ayudan a los patinadores novatos a levantarse y dan algunas instrucciones a los mismos. “Cuando sienta que se va a caer, doble las rodillas y haga el cuerpo hacia adelante, así conservará el equilibrio”, explican.

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Minutos antes, el joven del staff ayuda a una niña, quien muy pronto “se suelta” y adquiere mayor seguridad en el hielo. La menor, de unos ocho años, patina con mayor seguridad, al menos mejor que otros patinadores presentes.

Luego de unos minutos, la tensión se disipa, aunque en muchos el temor a una caída es latente, y en algunos quizá el recuerdo del aprendizaje a patinar en ruedas, los hace ser más cautos y no soltar el barandal por ninguna razón.

Después de unos minutos llega el momento de abandonar la pista, que por un lado ya comienza a derretirse. Sonrisas en el rostro de los niños y un poco de insatisfacción por el poco tiempo que se estuvo dentro, se ven cuando salen de la atracción, Mientras otros ya están ansiosos de entrar.

 

bft

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