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Tradición de vida y muerte

21/10/2013
12:18
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Los alimentos siempre han sido una parte importante de las festividades mexicanas y el Día de los Fieles Difuntos no es la excepción, gracias al delicioso Pan de Muerto.

La receta con las cantidades exactas de huevo, harina, naranja y demás ingredientes ha pasado de generación en generación y hoy en día cientos de queretanos lo elaboran, pero todos lo podamos disfrutar.

La historia del Pan de Muerto se remonta a los sacrificios humanos que realizaban las tribus prehispánicas en nuestro país, cuando una princesa fuera ofrecida a los dioses, su corazón aun latiendo se introducía en una olla con amaranto y después quien encabezaba el rito mordía el corazón en señal de agradecimiento a un Dios.

Tras la colonización, por parte de los españoles, se comenzó con la elaboración de un pan de trigo en forma de corazón, que era bañado con azúcar pintada de rojo para simular la sangre de la doncella.

En la versión que conocemos hoy en día, el cuerpo redondo el pan simboliza un cráneo y las líneas exteriores los huesos, mientras que el sabor a naranja simboliza el recuerdo por las personas fallecidas.

Los panes son clasificados de la siguiente manera: Antropomorfos, son aquellos que representan la figura humana; Zoomorfos, aquellos que tienen figura de animales como aves, conejos, perros, mariposas, alacranes y peces, entre otros. Son característicos de Tepoztlán, Mixquic e Iguala de Telolapan.

Los fitomorfos, son representaciones de vegetales diversos como árboles, flores, enramadas, etcétera; y Mitomorfos, aquellos en que la forma no se identifica como figura humana, vegetal o animal, sino que representan seres fantásticos. La celebración de los difuntos se convierte así en un banquete mortuorio dominado por alimentos y flores de color amarillo (el color de la muerte para las culturas prehispánicas), como el cempasúchil, los clemoles, las naranjas, las guayabas, los plátanos, la calabaza y el pan característico de la ocasión.