Fidel, podólogo de los peregrinos

Metrópoli 20/07/2014 00:04 Actualizada 12:09

CUAUTITLÁN, Méx.— “Sobo los pies, los descompuestos. Algunos se tuercen y otros, por el cansancio, los nervios se encogen mucho. Aprendí por las mismas urgencias, en el campo”, relata Fidel Ramírez Muñoz, de 82 años de edad, originario de Pinal de Amoles, Querétaro.

Don Fidel es uno de los 26 mil peregrinos de Querétaro y Guanajuato que atraviesan cada año el Estado de México para llegar a la Basílica de Guadalupe, en el Distrito Federal.

“Tengo 39 años de venir, ya no puedo caminar, sólo a ratos. Cuando podía, mi gusto era venir cantando alabanzas. Empecé a peregrinar en 1951, a mi papá le gustaba mucho la religión católica, nos enseñó mucho eso”, dice.

Dos Fidel pide a la virgen que le dé larga vida, aunque “ella decidirá cuándo me recoge”. También pide por su familia, que es mucha. Hijos, nietos, sobrinos. Tiene 10 hijos, seis hombres y cuatro mujeres.

Aprendió a “componer” los pies en las peregrinaciones, pues muchas personas se falsean y requieren que alguien les acomode los huesos y les alivie el dolor con la sobada.

“He compuesto como 15 (pies)” durante esta peregrinación, reitera don Fidel, quien se traslada en vehículos debido a su edad, aunque algunos tramos los camina, lentamente, con ayuda de su bastón.

La peregrinación de hombres sigue a la de las mujeres. Primero llegan ellas y después los varones. Los sitios donde los reciben son diferentes. En algunos lugares les ofrecen comida y bebidas de manera gratuita. En otros les cobran, 20 pesos el baño y 30 pesos la comida, los dejan dormir ahí gratis con la condición de bañarse y comer.

Un peregrino requiere de mil pesos para los gastos del camino, muy ajustado. Algunos llevan dos mil 500 o más.

La peregrinación de las mujeres es acompañada por Las Pastoras, un grupo de 16 mujeres otomíes de Amealco, Querétaro, quienes durante el año bordan el traje con el que se presentarán ante Lupé, como se refieren a la virgen de Guadalupe.

Las otomíes, encabezadas por Chana, bailan precisamente la danza de Las Pastoras, que es religiosa. La danza la realizan únicamente en la Basílica de Guadalupe, con sus sombreros adornados con muchos moños y las flores son ofrendas para la virgen morena.

Van a ver a Lupé, como ellas dicen. No rezan ni gritan ni cantan, sólo bailan. Llevan un bastón con cascabeles que hacen sonar para que la virgen de Guadalupe escuche que ahí están.

En el santuario capitalino muestran a Lupé sus bordados, elaborados durante todo el año. Incluso, si no terminan, van con el bordado lo que falta y lo presentan ante la Guadalupana.

La danza de Las Pastoras no es una danza más, es un baile exclusivo para Lupé.