El ‘Aquaman’ de Querétaro

Metrópoli 10/03/2013 02:43 Actualizada 02:43

Hace unos meses, la vida me puso en mi camino a un joven mexicano de nombre Pablo Antonio Trujillo Susunaga. Fuimos a tomar un café en el hermoso centro de Querétaro para hablar de un tema que me apasiona, pero que al escucharlo de su voz, supe que mi pasión está todavía en pañales.

Hace unos años, cuando me faltaba un semestre para terminar la carrera de comunicación, me fui a hacer mi servicio social a un campamento ubicado a unas horas de Puerto Vallarta. Era la primera vez que acamparía en una playa virgen para patrullar el lugar y evitar que los famosos “hueveros” (cazadores de tortugas marinas) mataran a las tortugas que por las noches salían de entre las blancas olas para desovar (poner sus huevos).

Apenas tenía yo 23 años de edad y justo la primera noche que estuve en este campamento establecido por Selva Negra, la asociación civil de la banda de rock Maná, tuve la dicha de ir guardando los más de 90 huevos que una tortuga desovó para evitar que los “hueveros” saquearan el nido y vendieran los huevos.

La segunda noche mi experiencia no fue tan grata. Estando con una amiga en un estero (un tipo de lago) cuando acababa de sumergirse el sol bajo el mar, tres “hueveros” montados en sus caballos se aproximaron. Cada uno llevaba un hacha en una mano y una linterna en la otra. Uno de ellos, apuntó su linterna a nuestros asustados rostros. Con la luz nos dejaron a las dos lampareadas y sumamente espantadas. Luego de apuntar su linterna a nuestros ojos para dejarnos temporalmente sin vista, los tres jinetes se retiraron. Me quedó claro que fue una amenaza.

Por mi juventud, inmadurez e ignorancia, ese día decidí repudiar a los “hueveros”.

Hoy, a casi 13 años de esa experiencia, por personas como Pablo entiendo que esos “hueveros” tienen familias que alimentar y que si la manera más viable para hacerlo es cazando tortugas y saqueando sus nidos, no puedo juzgarlos.

Vuelvo a Pablo, a quien admiro tremendamente. Este chavo, establecido aquí en Querétaro, fundó una asociación civil a la que bautizó como Ayotzintli, A.C., Por un Mundo con Tortugas Marinas. Pablo tuvo la fenomenal idea de ir de comunidad costera en comunidad costera por todo México dando conferencias sobre las tortugas marinas y empleando a mujeres de las comunidades.

Fíjense qué padre lo que se le ocurrió. Compró estambre, tela, algodón, aros para llaveros y se los llevó a estas mujeres para que hicieran llaveros, cojines y figuritas de tortugas que después él les compra para venderlas y así seguir alimentando esta labor nacional en pro del medio ambiente y de las comunidades.

Pablo, además, da clases de fotografía a los niños de estas comunidades y ofrece programas de voluntariado en campamentos repartidos por todo México, eso sin mencionar las exposiciones fotográficas que organiza y las conferencias que imparte en escuelas.

¿No les parece maravilloso que Pablo esté haciendo tanto por nuestros mares estando ubicado en pleno centro del país?

Este es un claro ejemplo de que los límites, los kilómetros, los “pero” no existen para Pablo.

En México anidan seis de las siete especies de tortugas marinas y las hembras tardan de 15 a 20 años para poder reproducirse, de ahí que sea tan importante su cuidado.

Además, una vez que las tortuguitas salen de su caparazón, la probabilidad de que lleguen a la edad adulta es muy baja, ya que en su camino se cruzan depredadores como peces grandes, zorros, perros, gatos, aves, redes de pesca en las que quedan atrapadas y los seres humanos. Se cree que una de cada 1000 tortugas llega a la edad adulta.

Los invito a que apoyen la labor que realiza Pablo y a que sigan de cerca sus pasos por las costas mexicanas.

Ayotzintli, A.C., Por un Mundo con Tortugas Marinas: www.ayotzintli.blogspot.mx Facebbok: www.facebook.com/ayotzintliAC