En su cuarto día de jornada, el contingente de peregrinos que circula de la Sierra al Tepeyac, llegó a Jalpan de Serra para dormir en la delegación de Ahuacatlán de Guadalupe, en el municipio de Pinal de Amoles.

Los más de mil hombres continúan con alegría. Cánticos y rezos se escuchan en coro por donde pasan. La gente sale de sus casas a aplaudirles, a animarlos, ya que vienen desde Neblinas, muchos son recibidos por sus hijos y esposas.

Las campanas de la Misión Franciscana de Santiago Apóstol repicaron fuerte, enviando la señal de que los hermanos peregrinos transitaban por estos lugares, mientras comerciantes y vecinos se apresuraban a llevarles agua y comida.

Muchos de ellos denotan cansancio, pero saben que el camino todavía es largo. Aparece el llanto en algunos, y la mirada fija en la imagen de la “morenita” es la que les da la fuerza necesaria para continuar su andar.

Fueron recibidos por el vicario de Jalpan, quien dijo, el amor a Cristo y a nuestra madre María, es lo que nos mantiene de pie.

Descansaron en Jalpan cerca de una hora, donde comen, piensan, analizan y miran de frente, y ya es tiempo de seguir. Se anunció en el sonido local, que hay que continuar la jornada, todos se apresuraron, se emocionaron, y la naturaleza caprichosa comenzó a advertir sobre la lluvia. Los sombreros y paliacates están en cada peregrino, mochilas al hombro, y las demás maletas a las camionetas que les han acompañado todos los días.

Son las cuatro de la tarde y están llegando a Ahuacatlán. Aquí la patrona es la Virgen de Guadalupe, una enorme imagen de ella se deja ver en la parroquia. Todos se arrodillan, la meta poco a poco se va cumpliendo.

Es momento de buscar alojo en alguna casa, comida con los hermanos, tal ves un café o lo que la voluntad del pueblo pueda brindarles, hay que bañarse, ponerse alcohol en las ampollas y en las coyunturas.

Hay que sanar las heridas físicas, pero mucho más las del alma, hay que dormir ahora porque mañana será otro día.

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