Emilio Yolotl García Frías, de apenas 7 años de edad, estudia contrabajo piccolo y lo agradece, ya que considera que eso le da una ventaja sobre los demás niños.

“Estudiar el instrumento me ha permitido tener un conocimiento más armónico de las cosas, parece que todo tiene notas musicales”, dijo.

El pequeño Emilio, quien nació en Estados Unidos y cuyos padres son mexicanos, lleva tan solo un año de estudiar el viejo instrumento musical, que surgió en Italia, y ya domina materias como solfeo de notas, lectura rítmica y afinación.

“Estudio segundo grado de primaria, pero creo que tengo una ventaja sobre mis compañeros, porque en el salón de clases nos preguntan muchas cosas de cultura general que aquí [en la academia de música] me han enseñado”, aseguró en entrevista durante un descanso de su ensayo.

Emilio Yolotl y su maestra de contrabajo piccolo, la joven Camila Morquecho, coinciden en que el aprendizaje musical a temprana edad permite a los niños desarrollar su capacidad motriz y tener un sentido más claro y objetivo del mundo en que viven.

Integrante de la orquesta infantil Makochi Dulcemelos, el pequeño se ha fogueado como contrabajista piccolo en conciertos locales de claro perfil cultural, específicamente en recintos como el Museo Regional de Querétaro. La agrupación prepara una presentación en Austria, Viena, para julio del presente año.

Desde su punto de vista, aprender y luego ejecutar la guitarra, el acordeón o el piano es muy fácil: “Me decidí por el contrabajo piccolo porque es poco común en México y porque es más difícil, me gusta lo más difícil”.

Sin embargo, mencionó que sabe que siempre estará en constante aprendizaje, ya que el contrabajo piccolo y cualquier otro instrumento musical, como la música misma, son un arte vivo que nunca se acaba.

Respecto a la función musical del contrabajo en una orquesta, Emilio Yolotl ilustró que constituye el cimiento de la melodía; es como una alfombra para el resto de los instrumentos en cuanto al tiempo, expresó.

De sus piezas musicales preferidas, el pequeño no tardó en responder que Gol por México, del austriaco Robert Morandell, encabeza la lista porque el autor la escribió expresamente para Makochi Dulcemelos y en ella el autor lleva a la partitura las emociones tradicionales de los mexicanos.

Sin embargo, el Huapango de Moncayo es algo que se toca aparte: “Me gustaría que en Austria toquemos el Huapango de Moncayo para que México se sienta y se escuche en aquel país lejano de Europa”. Notimex

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