Barrio Hércules, entre excavadoras y costales por la corriente del río Querétaro

No es la primera vez que los muros del afluente ceden por la fuerza del agua, meses atrás una parte se cayó

Metrópoli 01/07/2018 03:16 Redacción Querétaro Actualizada 07:43

 

Los trabajadores de la Comisión Estatal de Infraestructura (CEI) suben al balde de la excavadora. El brazo de la máquina se mueve hacia adelante con los dos hombres arriba, además de los costales, que llevan hasta la otra orilla del río Querétaro, para evitar que se deslave más la tierra del patio de una vivienda del barrio de Hércules, donde la fuerza del agua causó estragos en las paredes del cauce durante la noche del viernes.

En la avenida del río, a unos 50 metros de la calle José Martínez J, una excavadora de la CEI realiza maniobras. El paso es restringido por una cinta amarilla y dos oficiales de la policía municipal que evitan que los curiosos, que no son pocos se acerquen y pongan en peligro sus vidas al acercarse a donde la máquina maniobra.

Una docena de costales también sirven para evitar el paso, aunque muchos de ellos se usarán para contener los muros del cauce.

Del otro lado del río, trabajadores de la CEI colocan los costales que sus compañeros, desde el balde de la excavadora les llevan. La maniobra, por lo arriesgado, llama la atención de algunos vecinos que salen a ver el trabajo que se hace.

Poco a poco los costales reemplazan al muro que fue demolido en su totalidad, pues la parte de abajo cedió ante la fuerza del agua y, por seguridad, se decide derribarlo todo. La parte que queda expuesta es el patio trasero de una casa, con algunas plantas y pequeños árboles. Se coloca una cinta de seguridad para que no pase nadie de la casa hacia esa zona y caiga al río.

Los hombres que trabajan también se aseguran antes de hacer las maniobras. Quienes suben al balde, llevan en sus cinturas arneses enganchados al brazo de la excavadora. Quienes colocan los costales en la margen opuesta, donde están las casas más cercanas, pues no hay más calle, también se aseguran con arneses que colocan en los árboles más grandes.

El agua corre con fuerza río abajo. En sus aguas se ven de vez en cuando restos de vegetación y algo de basura. “Esta agua viene de El Marqués, de toda esa zona alta. Mientras siga lloviendo allá, acá estará así, dice un oficial de policía que resguarda la zona”.

Algunos vecinos atraviesan la zona rumbo o de sus domicilios. Una mujer mayor pasa la línea de seguridad, bolsa de mandado en mano, para llegar a su casa. El personal de Protección Civil le ofrece ayuda.

Los dos elementos de la Dirección Estatal de Protección Civil vigilan que las personas no se acerquen a donde la excavadora hace maniobras, pues por lo angosto de la calle ocupa todo el espacio de la misma, con sus movimientos giratorios.

En el lugar está Gabriel Bastarrachea, coordinador estatal de Protección Civil, quien supervisa personalmente los trabajos que se hacen en el río. El funcionario observa las maniobras, atento a lo que los trabajadores hacen. Las tareas en el lugar comenzaron desde la noche del viernes, cuando alrededor de 50 trabajadores de distintas dependencias acudieron al lugar, ante el reporte ciudadano de los daños en los muros de cauce.

No es la primera vez que los muros ceden ante la fuerza del agua. Meses atrás una parte del muro se vino abajo, pero fue reparado casi de inmediato por las autoridades, ante el riesgo que representaba para una vivienda que se ubicaba justo arriba de donde se registró el incidente. En esta ocasión, los daños fueron mayores.

En esa parte dañada el río hace una especie cascada, que hace que el agua “rebote” con mayor fuerza, dando más espectacularidad. Del otro lado, un docena de trabajadores ingresan por la casa ubicada donde se perdió el muro con costales de arena, para levantar más rápido el dique y evitar el deslave.

Las personas que pasan por el lugar se quedan unos minutos a ver las maniobras, aunque en la mayoría del barrio los pobladores continúan con sus actividades cotidianas. La señoras van a comprar el mandado, algunas, acompañadas de sus esposos e hijos, los negocios, como papelerías, tiendas de conveniencia y las tradicionales nieves, reciben a sus clientes con normalidad, aunque en las calles se aprecia el sedimento que arrastró el agua de lluvia.

Siempre con movimiento, la gente va de un lado a otro. Continúan con sus labores de fin de semana, donde lo único que rompe con la rutina son la docena de camionetas de la CEI y de Protección Civil que ocupan la calle de José Martínez.

En algunas partes de la avenida Emeterio González, que corre paralela a las vías del tren, hay material pétreo resultado de las corrientes que arrastran tierra, ramas y piedras, por la fuerza con la que baja.

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