Ponzoña Negra: Somos luchadores de la vida

“Por un Querétaro de hombres y no de machos”, es una de las campañas por las que la gladiadora ha promovido valores en pro de la mujer

Es la menor de 10 hermanos, uno de ellos luchador de nombre: Tormenta Negra, gracias a él se inicio en el mundo del pancracio; la lucha libre se ha convertido en su vida, su inspiración, su distracción de una vida de necesidades y en su forma de ayudar a otros, Ponzoña Negra nació en los cuadriláteros de Querétaro, pero se ha convertido en la imagen de la verdadera lucha por la vida.

“El hecho de verme en una imagen publicitaria jamás lo imaginé, como veía la cosa pensé que aquí (Querétaro) no se avanza, yo no me imaginé llegar a la central y ver mi imagen ahí en una de las terminales o, por ejemplo, ahorita que mi imagen va a servir a gente para lo del cáncer de mama y va a estar en el IMSS, la verdad es algo de muchos sentimientos encontrados, porque a lo mejor no he llegado a donde yo he querido llegar porque me acuerdo que le decía a mi mamá que me la iba a llevar a Japón y pues no se pudo, aunque no quito el dedo del renglón; pero ya cuando ves las cosas, y mi imagen pueda servir de algo es más que suficiente y me doy por bien servida”, expresó la luchadora.

Altruismo

Su trabajo, ha llevado a Ponzoña Negra a realizar luchas altruistas, una de ellas fue en la campaña “Por un Querétaro de hombres y no de machos”, donde contribuyó con la frase: “Qué mi lucha por nosotras nunca muera”, Ponzoña ha sufrido violencia en algunas relaciones amorosas, también lo han vivido sus familiares; por lo que el sumarse a esta campaña fue para ayudar y compartir con otras personas que han vivido esta situación.

“Es bien difícil porque es una imagen, pero detrás de eso, en su familia también viven violencia, a mí me interesa que no me toquen a mis mujeres, siempre les digo que a estas alturas de la vida no sigamos creyendo que una persona nos ama cuando nos maltrata, todavía existen esas cosas; y es algo que también lo llevo muy personal y pues es algo por lo que también lucho”, comentó.

El recuerdo de una niña de seis años parada en la barda de su casa, esperando a su mamá después de una larga noche de trabajo llega a la mente de Ponzoña, pues ha sido un largo y duro recorrido que hoy, a sus 34 años, la mantiene de pie.

“Si hay algo que a mí me duele es mi familia, cuando nosotros estábamos chicos, nos íbamos con mi mamá a lavar a la Capilla, mi mamá se iba a lavar ahí, y nosotros nos íbamos a pedir para comer, nos íbamos a tocar a las puertas para que nos dieran de comer; son momentos que no cambiaría por nada, como sea, mi madre creo que hizo el mayor esfuerzo por sacarnos adelante, ella trabajaba en una lonchería que está a un lado de la iglesia de Teresitas. De hecho, a veces me iba con mi hermano ahí y de verdad que le costó mucho sacarnos adelante a todos”, explicó.

Aficionada al cine mexicano, la Época de Oro le trae analogías especiales, la luchadora elige a la película “Nosotros los Pobres” como un reflejo de la realidad que vivió cuando era muy pequeña.

“Me gusta mucho la de ‘Nosotros los Pobres’, de hecho cuando, empieza la película salen dos niños mugrositos (sic) y dicen en mi familia que esos somos, un hermano que se llama Toño y yo porque así andábamos, mi mamá trabajando, mi hermana Carmen era la que siempre fungía como mi mamá; de hecho, siempre digo que es mi segunda madre y así andábamos nosotros felices en la calle con nuestras llantas jugando, así que si hubiera una película que se asemejara a nosotros, sería la de ‘Nosotros los Pobres’, expresó.

Abajo del ring, sin la máscara, sin las mallas, ni las botas, Ponzoña es empleada de seguridad, va a los eventos masivos a resguardar la tranquilidad de las personas; ahí no hay reflectores, no hay aplausos, no hay niños pidiéndole fotos, pero hay una necesidad que cubrir. La luchadora sueña con que los días cambien, su madre ahora depende de ella y el dinero es más que vital, los sueños a veces son truncados por la necesidad, pero ella es persistente y sabe que algún día compartirá el cuadrilátero con Amapola, su ídolo de la lucha libre.

“Quiero tener un buen trabajo donde pueda darle una estabilidad a mi madre y a mi hermana, nadie depende de mí más que mi mamá, pero a veces el agradecimiento que debes tenerle a las personas que han estado contigo tiene que ser más allá. Ponzoña sueña con dejar algo en la gente y que se recuerde a Ponzoña como una persona que quiere cobijar a todos los chavos con problemas de drogadicción, a las mujeres golpeadas que ven a través de mí que sí se puede y profesionalmente me gustaría llegar a más lejos. No quito el dedo del renglón, voy a luchar con Amapola, me veo ahí con personalidades grandes”.

Origen de la Ponzoña

Su carácter impulsivo, visceral y su gusto por los escorpiones le dieron el apodo de su personaje y, al mismo tiempo, ese carácter es una de las pequeñas cosas por las que se arrepiente la luchadora, debido a que , si bien, le ha traído cosas buenas también le ha ocasionado conflictos.

“A mí me gustan mucho los alacranes, si te fijas la puntita de la cola es la ponzoña, y a mí toda la vida me han dicho que soy muy ponzoñosa —ríe—, de ahí nació, es alusión a que nunca me dejo, no soy de las personas que no se defienda y a lo mejor es lo que ha costado el distanciamiento de algunas personas. Si hay algo de lo que me arrepiento es de ser muy bocona —ríe—, si yo en algún momento llego a tener cordura es gracias a mi familia, soy una persona impulsiva, pero siempre tengo a mis hermanas que me tranquilizan; todo lo bueno o malo me ha hecho aprender, de igual forma me arrepiento de mucho tiempo perdido en la juventud, el no haber ayudado más”, reconoció.

Las experiencias la han llevado a realizar luchas a beneficio, que su personaje sirva para darle una motivación a las personas en situaciones adversas. En días pasados, Ponzoña recibió lo que para ella es la lección más grande de su vida en este momento, el temblor del 19 de septiembre en la Ciudad de México dejó a mucha gente sin sus hogares, la luchadora viajó a Xochimilco para apoyar a los que más necesitaban y fue en ese lugar donde encontró una sorpresa de vida.

“La que me hizo quebrarme es la reciente (lección) de ahora que fui a Xochimilco, ver todas esas casa derribadas, ver a la gente bajo lonas, que no le está llegando la ayuda, es un momento en el que te sientes impotente; a mí no me había tocado eso, y ver a la gente durmiendo afuera de lo que quedó de sus casas, ha sido una experiencia fuerte y pienso en lo importante que es no ser una persona apegada a lo material”, comentó.

Ponzoña Negra se despide con una frase con la que deja claro que no hay que subirse a un ring o ponerse una máscara para ser un luchador: “La lucha que llevas todos los días, sólo tú la sabes, todos somos luchadores de vida”. Una mujer que cada día brinda su mayor esfuerzo tanto arriba como abajo del ring.