01/07/2017
16:13
Domingo Valdez

Productos agrícolas con calidad de exportación

Teódulo Piña, dueño del rancho El Profeta, explica que sus cultivos son benéficos para la salud de los consumidores

 


Los domos plásticos se erigen en medio de los campos verdes. Un par de trabajadores remueven la hierba y ven el grado de maduración de los pimientos orgánicos que se cultivan en el rancho El Profeta, al igual que pepinos, otros productos agrícolas que se destinan a la exportación hacia Estados Unidos, en un proyecto que Teódulo Piña comenzó desde hace 7 años.

El ingreso al rancho es controlado, y a los invernaderos es aún mayor, pues no se deben de contaminar las zonas de cultivos. Las suelas de los zapatos se deben de limpiar en una charola con azufre que se coloca en la entrada de los invernaderos. Las reglas para ingresar son varias, como no toser, no fumar, entre otras más, a fin de buscar la inocuidad de las cosechas.

Al ser productos orgánicos, dice Teódulo Piña, requieren de mayor cuidado, sobre todo preventivos, porque no usan ningún tipo de producto químico, sólo usan los artículos que están permitidos por las normas orgánicas de Estados Unidos, Canadá y México.

“Nosotros producimos para exportar la mayor parte de artículos. Producimos pimientos de los tres colores: naranja, amarillo y rojo”, indica.

Precisa que desde hace 7 años comenzaron la producción de cosechas orgánicas, por la gran cantidad de químicos que se usan en la agricultura y tantos tipos de cáncer que se han registrado por el uso de estos artículos, los cuales, considera que pueden afectar a la población.

“Creemos que una agricultura limpia es lo mejor para [el consumo de los] seres humanos y con eso también podemos colaborar con nuestro granito de arena para tener un poquito más vida sana”, comenta.

Explica que en un principio enfrentó dificultades porque existe poca información sobre el manejo de productos orgánicos en México y se requiere investigar mucho sobre los tipos de vegetales que son permitidos; así como los fertilizantes adecuados que se necesitan para producir; la calidad que se necesita, cómo controlar las plagas, muchas de las cuales se revisan de manera manual, como el picudo, que es un insecto que a nivel mundial causa estragos en las cosechas.

Asimismo, los pulgones, la mosquita blanca, mientras que en el caso de las enfermedades de las plantas, como la cenicilla, afectan las hortalizas por lo que deben estar siempre alerta, para evitar pérdidas económica.

Destaca que la infraestructura que se tiene en El Profeta no es costos altos, pues apenas alcanza 3 millones de pesos, sólo en el invernadero, porque contando con gastos como el equipo de riego, la inversión por hectárea puede superar los 4 millones de pesos.

Teódulo muestra las plantas de pimiento que están a resguardo dentro del invernadero, donde, explica, colocan alambres para guiar a las plantas, ya que debido al peso de los pimientos se pueden doblar.

Una vez que los pimientos maduran son cortados de cada planta, agrega el agricultor, esperando a que el siguiente ciclo de maduración, cosechando semana a semana los frutos que ya maduraron y en espera del siguiente producto.

La planta, en el caso del cultivo orgánico, tarda alrededor de seis meses en producir el fruto; luego de tres meses de ser sembrada puede ser cosechada, explica.

Al mismo tiempo precisa que el rancho da empleo a 40 personas, la mayoría de la comunidad de La Lira y de La D, la mayor parte son mujeres.

“Son más dedicadas [las mujeres] al cuidado de las plantas; mientras que a los hombres los usamos para la parte más ruda, de cargar cajas. Las empleadas son más cuidadosas con los frutos, supuestamente por ese instinto materno que tienen”, considera.

Por otro lado, indica que el distribuidor vende sus productos, pimientos y pepinos, principalmente a California, Chicago y Nueva York, para lo cual debe de cumplir con ciertos requisitos, como las cuatro certificaciones con las cuenta para poder exportar.

Una es la certificación orgánica de Estados Unidos, la primus lab, que se otorga por las buenas prácticas agrícolas, la FDA para el control del bioterrorismo y la de Senasica, que otorga la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), que son las que les exigen para exportar.

“De hecho ahora se están buscando nuevos mercados. Al final nuestra producción es perecedera es muy complicado. Habría que buscar nuevos mercados, pero la fruta no nos dura tanto tiempo, pero estamos buscando nueva tecnología para llegar más lejos, con el apoyo de Sagarpa”, comenta.

Para que los vegetales lleguen frescos, explica, son colocados dentro de unas bolsas que se llaman de “atmósfera controlada”, donde el producto “respira menos”, teniendo menos oxidación y puede tener una vida en el anaquel de hasta 20 días, mientras que sin la bolsa, el producto sólo dura 10 días.

“Estamos haciendo una cosa que es difícil, complicada y no es fácil que se reproduzca a escala muy amplia, pues lo orgánico es muy complejo de producir, y cada vez el mercado está con más demanda. Según lo que nos dicen los comercializadores es que sólo está cubierto el 20% del mercado y cada vez los consumidores están pidiendo productos más sanos, tanto en verduras como en granos. Parece que tenemos una buena expectativa de esto”, precisa.

Sobre las amenazas que ha anunciado el gobierno de Estados Unidos, en el sentido de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y en caso de no ser favorable para su país cancelarlo, el productor asegura que no le preocupa mucho esta situación, porque la producción orgánica en aquel país es nula, debido a los procesos de tecnificación con los que se cuentan en el campo estadounidense, por lo que considera que sus productos se verían poco o nada afectados en caso de que se cierren las fronteras.

El clima afuera del invernadero es fresco, pero dentro del mismo, la temperatura es un poco más cálida, por lo que las plantas de pimiento están protegidas de las inclemencias del tiempo, además están en un medio controlado que no permite la contaminación del producto que se servirá, dentro de unas semanas, en las mesas de las familias estadounidenses.