Una decena de mujeres se manifestaron la tarde del sábado en diferentes plazas y jardines por los recientes asesinatos de mujeres. Usan el performance Un violador en tu Camino. En lo que va del año, dijeron, van tres mujeres que han perdido la vida de manera violenta.

Expresan el dolor de perder a una amiga,una hermana, hija, prima, pareja o compañera de trabajo. Un violador en tu Camino se escucha en la ciudad de Querétaro, su eco llega hasta Landa de Matamoros, donde apenas la semana pasada una mujer fue localizada sin vida.

En menos de 20 días han ocurrido tres feminicidios. Eso molesta a las jóvenes, quienes vestidas de negro y con pañuelo verde protestan en Plaza de Armas, el jardín Zenea, el de Guerrero y la plazuela Mariano de las Casas, testigos de su hartazgo de ver caer a las suyas, a las de todos.

Desde antes de mediodía comienzan a llegar a Plaza de Armas. Llegan en parejas. Visten de negro. Pasan desapercibidas hasta que se reúnen frente al Palacio de Gobierno que luce cerrado.

Lanzan consignas. En sus prendas expresan su malestar por el caso de Marlene Fernanda, quien en abril del año pasado fue hallada muerta en su domicilio, en lo que presuntamente fue un suicidio, pero donde recaen sospechas de que se trató de un feminicidio.

También recuerdan los más recientes asesinatos en la entidad. Hay gritos de ira, de rabia, pero también son de miedo. Temor de ser víctimas y que luego de eso vuelvan a ser víctimas de las autoridades, y sean ellas las culpables, que sean ellas las responsables de sus muertes, porque cuando se priva de la vida a una mujer no hay responsables, no hay culpables.

Hacen el performance frente al Palacio de Gobierno. La gente que pasea en el lugar graba el momento. Otros las observan en silencio. Nadie permanece indiferente. El mensaje es fuerte. Las jóvenes vestidas de negro logran su cometido. Las personas se llevan el mensaje.

Luego las mujeres marchan hacia el Jardín Zenea. En su camino gritan consignas que se ganan el aplauso y el apoyo de la gente que las ve pasar.

En este jardín donde las familias están sentadas tranquilamente, las mujeres de negro llegan se adueñan del lugar.

En un principio las miradas son de extrañeza, pero luego, cuando se comprende de qué se trata, hay empatía de la mayoría de los presentes.

No hay expresiones de rechazo. Todos coinciden en que el malestar de las mujeres es justificado. Las matan por ser mujeres, las asesinan con impunidad. La gente lo sabe y también hay rechazo.

“El violador eres tú, el violador eres tú”, se escucha en las antiguas calles queretanas. Rompen la calma aparente que se vive en la ciudad.

Las voces de las mujeres se escuchan fuerte. Se escuchan llenas de rabia y de un reclamo de justicia. No sólo para las mujeres queretanas, es un reclamo de justicia para todas las mujeres del país, para las niñas, para las adultas mayores, para las mujeres que ganan menos que un hombre por el mismo trabajo, por las jornadas dobles o triples para ellas, por los techos de cristal, por los acosos, por los ascensos a cambio de favores sexuales. Por ellas y por las que vienen detrás de ellas.

Caminan ahora por la calle de Franciso I. Madero. Gritan consignas. Y obligan a voltear la mirada a quienes hacen sus compras en esa calle. Incluso los encargados de los negocios comerciales salen por unos momentos a ver el paso del contingente de negro, que a su paso genera aplausos de mujeres y hombres, de jóvenes y adultos mayores.

Llegan al jardín Guerrero. Empleados municipales llevan a cabo labores de limpieza en el lugar. Apenas se acaba de desmontar en días pasados la pista de hielo que se instaló por la temporada decembrina. Una barredora está en el lugar. Los empleados municipales mojan la plancha del Guerrero.

Las decenas de jóvenes buscan un lugar para su performance. Lo encuentran entre la estatua de Vicente Guerrero y la fuente del jardín.

Ahí se instalan ante la mirada de los artistas que venden los sábados sus cuadros en ese lugar.

Hacen el performance nuevamente. La gente detiene su rutina para verlas. Adultos mayores se sorprenden de ver a las chicas, pero no las censuran, no las critican. Las escuchan, las ven y nada más.

Terminan y se retiran a la siguiente plaza. Se unen más personas a la manifestación. Cada vez son más quienes alzan la voz, quienes dicen vivas las queremos, ni una menos, ¡ya basta!

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