Salen a correr miles. De acuerdo a las cifras oficiales, 13 mil 729 corredores participan en el Querétaro Maratón 2019, aunque son más, pues en sentido opuesto, sin los tenis de corredor, sin números en el pecho, miles de queretanos salen, pero a sus trabajos, principalmente en el primer cuadro, pues al cerrarse las calles deben de “correr la milla” para llegar a sus destinos.

Esta es la novena edición del maratón de Querétaro, que inició en el sexenio de José Calzada Rovirosa, aficionado a las carreras y en cuyas ediciones dentro de su periodo de gobierno era común ver a funcionarios de primer nivel, legisladores e incluso empleados de gobierno participar en la actividad.

En esta ocasión los rostros conocidos, los guaruras sudando la “gota gorda” atrás de su jefe brillaron por su ausencia. La carrera es ahora más de la gente, de los ciudadanos… y de los corredores africanos, quienes han dominado el maratón casi desde sus inicios.

Muy temprano los corredores llegan a la zona de la Alameda Hidalgo, donde se ubica la salida y también la meta de la carrera. Los corredores toman sus posiciones de acuerdo a las distancias que recorrerán.

Otros corredores, a unas cuadras de la línea de salida caminan apresuradamente para llegar a sus trabajos. Son principalmente empleados de restaurantes y tiendas del centro de Querétaro. Asimismo, empleados de hoteles que tienen que llegar “sí o sí” a sus centro de trabajo.

Deben esquivar las vallas puestas para proteger la integridad de los corredores, evitando que automóviles ingresen a la zona donde se lleva a cabo la carrera. Llevan en las manos, en el caso de las mujeres sus bolsos, en el caso de los hombres, la mayoría llevan la mochila en la espalda, para aumentar la ligereza de sus pasos.

Los corredores, con número y calzado deportivo, avanzan por la ruta que se ha dispuesto en esta ocasión para el maratón con sus 42 mil 195 metros, distancia que según la leyenda recorrió el soldado griego Filípides, en el Maratón a Atenas, para anunciar la victoria sobre los invasores persas, en el año 490 antes de Cristo.

En Querétaro, los corredores toman el camino marcado. En algunas zonas corren motivados por los queretanos que salen a “echar porras” a los corredores. En otras como Bernardo Quintana, a la altura de las colonias Calesa y Loma Dorada, se hace en solitario, sólo bajo la mirada de los elementos de la Policía Municipal que cierran las salidas de Bernardo Quintana, para evitar que autos salgan y puedan arrollar a los corredores.

No es lo mismo en la avenida Constituyentes, donde a lo largo de la vía hay gente apoyando a los corredores, que para estas alturas ya resienten el cansancio. Los gritos los animan, los ayudan a sacar fuerzas de flaqueza. A la altura de Ejército Republicano la ruta da un giro hacia esa avenida. Son apenas 20 metros, para luego regresar a Constituyentes. Cuando retoman esta avenida los voluntarios los separan de acuerdo a las distancias. De lado derecho los de 10 kilómetros, a la izquierda marca el número 21. Una novedad de la novena edición.

En las inmediaciones de la meta se reúnen los familiares de los corredores. Esperan ver llegar a sus familiares. El sonido local anuncia la llegada de los corredores, de acuerdo a las diferentes distancias.

El arribo de los primeros corredores pone en alerta a los elementos de la Cruz Roja de Querétaro. Ven a lo lejos a quienes llegan y si necesitan ayuda.

Robert Gaitho Gititu, de Kenia es el primero en llegar tras correr los 42.2 kilómetros. Llega agotado. Apenas se hace caso a los gritos y felicitaciones. Apenas levanta un brazo como respuesta.

En otras categorías son muchos los corredores que han terminado y cruzado la meta. Apenas lo hacen sacan de entre sus ropas sus teléfonos celulares para la selfie que ocupará un lugar especial en sus redes sociales, para demostrar que son corredores comprometidos.

Otros llaman a sus familiares quienes los esperan en las inmediaciones. Otras personas buscan a sus corredores. “Estamos atrás del Gómez Morín. Compramos un bastón para las selfies, pero no lo trajimos porque no sabemos cómo usarlo”, dice una mujer al teléfono.

Muchos de los participantes se encuentran con sus familiares. Los felicitan, les toman fotos aún con el rostro enrojecido y el sudor escurriendo por la cara. Hacen su mejor pose. Sonríen, muerden la medalla que les dan al cruzar la línea.

Conforme se recuperan los corredores comienzan el pesado regreso a casa. Las avenidas aledañas a Constituyentes se llenan de corredores que disminuyen la velocidad con la que empezaron la carrera, todos se van satisfechos por el esfuerzo realizado, se van contentos porque los entrenamientos, los sacrificios, las dietas han valido la pena, no importa el lugar en el que han llegaron. El propósito era vencerse a sí mismos.

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