#Crónica| La lucha constante de buscar empleo

Reunidos en el auditorio Josefa Ortiz de Domínguez, decenas de personas caminan por los diferentes módulos para conocer qué oferta empresarial se acopla a su perfil
La lucha constante de buscar empleo
Foto: Mitzi Olvera
28/03/2019
06:54
Domingo Valdez
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Una manta afuera del auditorio Josefa Ortiz de Domínguez es el centro de las miradas de los buscadores de trabajo que acuden a la feria del empleo que se lleva a cabo en ese lugar. Leen las diferentes vacantes cuyos salarios promedios son de 6 mil pesos, aunque hay algunos superiores a 10 mil, que son en menor número.

Con currículum en mano, los buscadores de empleo se acercan. Son jóvenes en su mayoría. Algunos apenas llegando a su mayoría de edad. Otra parte, adultos de mediana edad y un poco más grandes, quienes buscan colocarse en un trabajo que les permita solventar sus gastos.

En el auditorio están instalados los diferentes módulos de las empresas participantes, que van desde maquiladoras, hasta tiendas departamentales, pasando incluso por Qrobús, que busca operadoras, mecánicos, médicos, entre otras vacantes.

Uno de los módulos más socorridos es el de la empresa Harman, donde incluso los buscadores de empleo hacen fila para dejar su currículum.

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En los rostros de los asistentes hay gestos de temor, nervios y confusión. En algunos casos es su primer empleo. Para otros pudiera ser la última oportunidad de incorporarse al mercado laboral.

Aunque hay vacantes dirigidas a personas de entre 18 y 60 años, la mayoría y las mejor pagadas son para menores de 40 años. Los buscadores caminan por los pasillos que hay entre los módulos. Algunos están acompañados, acuden en grupo de amigos a ver las vacantes que se ofrecen en la feria. Otros acuden en solitario. Una joven, de escasos 25 años, en ajustado vestido negro, camina dejando currículum y solicitudes en varios módulos. Su andar ya es un poco cansado, pero continúa.

Dentro de la feria, los rostros de nervios y temor poco a poco van convirtiéndose en rostros de cansancio. Luego de caminar por un par de horas por el lugar es natural. Hay una zona de coffee break que es más para ser utilizada por los reclutadores que por los buscadores de trabajo.

“Las vacantes que ofrecemos…” “Estamos solicitando…” “Las necesidades de la empresa…” Son las frases que se escuchan en los diferentes módulos, o al menos en la mayoría, pues hay uno que sólo tiene en una mesa volantes.

Los jóvenes y mayores caminan de un lado a otro buscando los módulos de las empresas de su interés. Algunos más exploran todas las posibilidades.

Sonia Álvarez, mujer de mediana edad, camina entre los módulos de la feria en busca de algún empleo. Dedicada actualmente al hogar y madre de dos hijos, dice desea un empleo de asistente administrativo.

Señala que tiene una licenciatura en Educación. Apenas comienza a buscar empleo, por las necesidades económicas de la actualidad, al tiempo que precisa que este tipo de eventos le parecen muy buenos para quienes no tienen trabajo y lo buscan.

“En general, así es la dinámica. Se quedan (las empresas) con la información y en algunos donde sí hay la vacante toman otro tipo de datos. En los que no, se quedan con la información y en el momento en el que se abra una vacante y se cubre el perfil ya se ponen en contacto”, apunta.

Añade que los sueldos que se ofrecen en esta feria son “competitivos”, no son tan bajos, por lo que se deberían hacer más de estos eventos. Precisa que se enteró de la feria a través de internet.

Sonia sigue caminando entre los módulos, con la esperanza de encontrar un empleo que le permita mejorar sus condiciones de vida.

La feria, abierta hasta las 15:00 horas, recibe tanto a hombres como mujeres. Todos buscan el trabajo necesario para subsistir. Ya con el conocimiento de las vacantes, que vieron en la manta afuera de auditorio, entran, se registran y se dirigen a los módulos de las compañías.

Llega un momento en el que parece que todos los asistentes caminan sin dirección fija. Después de recorrer los módulos de las empresas participantes una y otra vez, dejan el lugar.

Algunos se sientan en las escaleras del auditorio. Hacen unas llamadas, informan cómo les fue o les avisan a sus conocidos de los trabajos que se ofrecen.

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A pesar de que ya queda menos de una hora para el cierre de la feria siguen llegando candidatos a los puestos, con el entusiasmo y las ganas de comenzar a trabajar, aunque la competencia por un puesto de trabajo sea mucha, y en ocasiones esa vacante no es ocupada por quienes realmente estén capacitados para la misma.

Los asistentes a la feria se confunden con los ciudadanos que llevan a cabo el trámite de refrendo vehicular en el mismo auditoria, y que ven con curiosidad a quienes buscan trabajo.

En unas mesas, afuera del auditorio, los buscadores de trabajo llenan de último minuto alguna solicitud de trabajo, revisan sus papeles, corroboran que estén completos y entran para probar suerte.

Los reclutadores se hacen de historias laborales de cientos de jóvenes y adultos. Les dicen, a quienes les reciben su currículum, en qué consiste el trabajo, el puesto y las condiciones laborales en la empresa.

Algunos de los asistentes abandonan la feria con una sonrisa. Otros con la incertidumbre de no saber si encontrarán el trabajo que necesitan.

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