#Crónica| “Ingrid, escucha, tu familia está en la lucha”

Marchistas lanzan consignas, piden justicia para las que sufren violencia
Foto: Mitzi Olvera
15/02/2020
06:25
Domingo Valdez
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Jóvenes vestidas de negro, algunas cubriéndose el rostro, toman las calles de la ciudad de Querétaro, se unen a miles de mexicanas que durante el Día de San Valentín exigen justicia por el feminicidio de Ingrid Escamilla; así como de miles de mujeres que son asesinadas y sufren violencia de género.

“Ingrid, escucha, tu familia está en la lucha” gritan al unísono las mujeres que se reúnen en Plaza Constitución para iniciar su marcha por las calles del primer cuadro de Querétaro.

Salen de Plaza Constitución. Avanzan por Juárez hasta Zaragoza y Constituyentes. Regresan por Zaragoza y retoman avenida Corregidora. Antes sobre Constituyentes hacen un plantón por unos minutos. Lanzan consignas. Piden justicia para las caídas, para las que sufren de violencia, para las explotadas, para las que no tienen voz.

El recuerdo de Ingrid Escamilla las une. Es una baja más, pero conmovió a todo un país, por la filtración de las imágenes del cuerpo, y la exhibición de la violencia con la cual fue asesinada, lo que desató la ira de las mujeres, de la sociedad en general que repudió el hecho.

Avanzan hasta el jardín Zenea, dónde se reúnen. Ahí hacen lectura de un posicionamiento.

Hacen un círculo. Se protegen unas a otras. De hecho, antes de iniciar la marcha piden que los hombres ocupen la parte de atrás. "Es una marcha separatista", dice la joven con el megáfono.

Un reportero que graba video invade el círculo en el Zenea y de inmediato los gritos piden que salga. El comunicador sale del lugar, aunque graba a cierta distancia.

Apenas están colocadas en círculo y una joven empezaba a leer el posicionamiento, cuando la energía eléctrica falló. El jardín queda a oscuras. Una mujer enciende la lámpara de su teléfono celular y le siguen sus compañeras. El espacio se ilumina con las luces blanquecinas de los móviles. Alguien dice que cada luz representa la vida arrebatada, truncada de tajo, de una mujer. Se necesitarían miles, dice alguien más.

La oscuridad no detiene a la oradora, quien lee parte de la biografía de Ingrid, originaria de Puebla y quien fue asesinada por su pareja, 20 años mayor que ella.

Deploran la divulgación de las imágenes del cuerpo de la joven y el video con la confesión de la pareja de Ingrid.

“Ante estos hechos expresamos nuestros rechazo total a la exhibición en medios y redes sociales del cuerpo de las víctimas y que se haga apología de la violencia y la estimulen. En ningún caso es justificable el actuar de estos diarios y la viralización de estas fotografías es irresponsable e inhumano, además de perpetuar el tema de violencia contra las mujeres”.

Un hombre, bajo los influjos de alguna sustancia pasa por el círculo de mujeres, pero por su estado, pocas dicen algo. Lo dejan pasar. Ya en un costado, el hombre vitorea a la oradora. Nadie le dice nada.

La oradora dice que las autoridades están obligadas a vigilar que los medios de comunicación no transgredan la ley. Los medios de comunicación, dice, no sólo informan de la realidad, sino que también influ yen en la ciudadanía, por eso en el contexto que se vive en México, agrega, se debe tener indignación por la exposición de los cuerpos de las víctimas.

Alrededor de las mujeres se reúne gente que pasea por el centro. Se acercan con respeto. No hay reproches, no hay reclamos ante las arengas que usan contra el gobierno, contra el clero, contra una sociedad que tolera, que es indiferente. Esta noche todos son empáticos. Todos comprenden la rabia, el dolor, la tristeza de ver que a pesar de los llamados, de las marchas, de las peticiones de justicia, la siguen matando. Los feminicidios siguen ocurriendo, se minimizan, se dice que son usados para distraer de lo verdaderamente importante en la agenda. Por eso esta noche todos son empáticos y todos sienten el mismo dolor.

Se demostró minutos antes, cuando las mujeres bloquearon Constituyentes y no sonó un claxon. Los automovilistas que quizá iban a sus citas del Día de San Valentín, que iban a cenar con sus parejas, aguantan. Es un asunto que debe preocupar a la sociedad.

Luego de leer el documento, la oradora invita a otras mujeres a hablar, a expresar su sentir. Una joven toma el megáfono y denuncia a un director de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Las mujeres gritan que no está sola.

Otra joven narra un intento de violación. Se rompe en cierto momento de su narración. Dos de sus compañeras corren y la abrazan. Se hacen fuertes unas a otras ante una sociedad que normaliza la violencia hacia ellas, que dice “una jovencita de bien no anda sola en la calle”, o “las mujeres se deben dar a respetar”.

La joven toma aire y agrega que por muchos años se sintió culpable por lo que pasó. Hasta que se dio cuenta que no era la responsable, que no era lo que llevaba puesto, o lo que había tomado, o dónde estaba. Que era un hombre que creyó que ella estaba a su disposición. La catarsis funciona en la joven. Su voz se vuelve fuerte, como la de miles que dicen: Ya basta.

 

 

 

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