Veneran a la Santa Cruz en La Cañada

Habitantes de la Cañada se mantienen fieles a tradición; realizan novenario en el que la imagen recorre los barrios de la comunidad en El Marqués, previo a su fiesta el 3 de mayo
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FOTO: César Gómez
26/04/2017
04:23
Domingo Valdez
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La cruz, de unos cuatro metros de largo, ocupa media calle en La Cañada. La gente al pasar se persigna frente a ella. La cruz es bajada del cerro del Bautisterio para su novenario, previo al 3 de mayo, Día de la Santa Cruz. “Unos dicen que es muy pesada (cuando la bajan) otros dicen que no tanto, depende de los pecados”, dice Rocío Serrano, devota de la imagen que forma parte de las tradiciones y costumbres del municipio de El Marqués y de La Cañada.

Los cohetones anuncian que hay un evento importante en La Cañada, que vive una mañana relativamente normal, con niños en las escuelas y los comerciantes en sus locales.

Sobre la avenida Emiliano Zapata, afuera de la casa de María del Carmen López Morales, un altar elaborado con paños blancos y rojos, sirve para que los fieles veneren la Santa Cruz, que con anterioridad tenía su capilla en el barrio de La Presa, ubicada en un predio particular, y que fue demolida por su propietario.

Abel Coronel Coronel, originario de La Cañada, señala que la tradición data de generaciones atrás, y ellos son herederos de la devoción que no quieren dejar perder como devotos de la Santa Cruz, “la fe que es parte de nuestro pueblo”.

La cruz, indica, se baja entre ocho y 10 personas, y en 2013 se le dio una renovación, “se tuvo que desarmar para piezas de madera”, explica, pues es una pieza muy antigua, ya que desde que recuerda se ha venerado.

Apunta que anteriormente se trasladaba la cruz a la capilla en La Presa, pero debido a su demolición, ahora se lleva a todos los barrios de La Cañada.

Automovilistas y peatones muestran su respeto a la cruz. Pasan y al menos hacen una reverencia frente al altar que se instala frente a la casa de María del Carmen.

Rocío dice que “la sacaron a los barrios para que la cruz esté más con la comunidad, compartir con las familias. Nosotros lo que hacemos trayendo la Santa Cruz es que pedimos especialmente por el barrio, son nueve barrios en los que vamos a estar compartiendo día a día durante el novenario”.

Cargar la cruz es complicado, pues además del peso de la misma, la bajada del cerro representa otro reto, por lo agreste del lugar y el piso pedregoso que hace complicadas las maniobras. “La verdad, unos nos dicen que pesa más, otros nos dicen que pesa menos. Está más pesada por los pecados que traen, así nos dice la gente”.

Con un manojo de cohetones que lanza de manera intermitente, Abel está a un lado de la cruz, que tiene un manto de color verde y púrpura, que algunas personas para pagar un favor o una manda elaboran para vestir la cruz.

“La devoción que tenemos nosotros es parte de lo que somos, de generaciones anteriores. No sabría precisar cuánto tiene de venerarse la Santa Cruz, porque ya esto data de muchos años atrás, viene de nuestros antecesores. Somos devotos de la Santa Cruz y es parte de nuestro pueblo”, explica.

Agrega que desde que tuvo uso de razón recuerda la cruz y la tradición de velarla en su capilla del barrio de La Presa. Rocío agrega que mucha gente llega a rezar a donde se encuentra la cruz, además de que durante el día se llevan a cabo oraciones, por las peticiones que se han hecho con anticipación por la gente del barrio para personas enfermas o difuntos, así como familias que tengan alguna necesidad.

“Salimos desde las ocho de la mañana de la Iglesia Chiquita, donde en estos días, (desde el 16 de abril) nos vamos al barrio que le corresponde. Salimos de aquí a las cinco y media, para ir a rezar el recorrido en el segundo día (ayer) del novenario en la Iglesia Chiquita que es en donde se está rezando y es en donde se hace la fiesta el 3, día de la Cruz”, explica la mujer.

Abel recuerda que desde la demolición de la capilla de la cruz en el barrio de La Presa se le ha pedido permiso al cura de la parroquia de San Pedro, quien da la autorización para que se use la Iglesia Chiquita, así como el convivio el 3 de mayo, en la parte de atrás del añejo templo.

Rocío precisa que hace un año sólo se llevó la cruz a siete barrios, pero en esta ocasión, por petición de la gente y las necesidades espirituales que tienen, se decidió llevar a otros dos barrios más, que son el de San Juan y Privada Conín.

“Vemos que cada año hay más participación y más fe de la gente que la está pidiendo y estamos para servir. Empezamos el domingo 23 en La Presa; el 24 de abril en el barrio del Centro, 25 barrio de Dolores, 26 Privada Conín, 27 Socavón, 28 San Juan, 29 San Francisco, 30 el barrio de San José, y terminamos en Quinta Don Pedro, el día 1 de mayo, para llevarla a la Iglesia Chiquita para su velación el 2 y su fiesta el 3”, asevera.

De la casa de María del Carmen un equipo de sonido reproduce alabanzas católicas. Dentro de la casa familiares de la anfitriona permanecen sentados alrededor de dos mesas blancas. La mujer explica que reciben la cruz a invitación de Rocío y cada año dedican un tiempo para recibir la muestra material de la fe de los marquesinos.

“Por eso la recibimos aquí y con esa fe que nos caracteriza a todos y cada una de la familia. La recibimos con mucho gusto, y para nosotros ya es esperarla con ese gusto y esa fe. Por eso estamos aquí”, apunta la mujer, quien refleja en su rostro el gusto por tener, al menos por unas horas la cruz en su casa.

Asevera que desde hace cuatro años es anfitriona en el barrio del Centro, pues han recibido muchas bendiciones, además de que son cercanos a la comunidad católica, pues también recibe en su casa a lo largo del año varias imágenes de santos.

Junto a la cruz está una imagen del Divino Rostro, dentro de una urna de cristal, con hileras de milagros que los creyentes han puesto como agradecimiento a un favor recibido en un momento de desesperación o de peligro.

Los marquesinos muestran su respeto a sus creencias y las heredan a las nuevas generaciones, pues no sólo personas mayores veneran a la cruz. Un grupo de menores se acercan y la besan, ante la mirada complacida de los más adultos, seguros de que la fe y la tradición tendrá continuidad.

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