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Filatelia. Pasatiempo con cultura

Mario y Mónica, especialistas en timbres postales y su historia, han representado a México en concursos internacionales de esta particular afición
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El joven coleccionista y miembro del Querétaro Club Filatélico, Mario Ramírez, quien se dedica al fomento de esta afición en el estado y el país, comparte que han representado a México en concursos internacionales (Fotos: GONZALO IBÁÑEZ)
25/07/2017
03:44
Gonzalo A. Flores
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Mario describe la filatelia como un pasatiempo, uno que aporta conocimiento y cultura a quien la desarrolla. El filatelista Mario Ramírez Bahena tiene 34 años, es diseñador gráfico y junto con su esposa Mónica Santana —también diseñadora— han dedicado los últimos años no sólo a la colección de estampillas postales (afición que comenzó mucho antes), sino en representar a México en concursos internacionales de filatelia especializada o temática.

Estos concursos consisten en desarrollar una historia mediante timbres postales; no se califica el número de estampillas de una misma figura o tema, sino la forma de presentarlo, el ingenio y la forma de hilar y detallar a profundidad el tema elegido.

La filatelia es el gusto por coleccionar y clasificar sellos, sobres y otros documentos postales, además de estudiar la historia postal.

Etimológicamente, el vocablo filatelia se implementó en 1864 por el coleccionista francés Georges Herpin, luego de publicarlo y proponerlo en un artículo escrito para el periódico Le collectionneur de Timbres Poste, de París, Francia. Según Herpin, esta palabra nació de dos vocablos griegos: philos, que significa amante, amor y afición; y atelia, derivado a su vez de ateles, que significa pagado previamente o pagado de antemano.

A manera de introducción, Mario relata que la emisión del sello postal nació con la reformación del servicio de correos de Gran Bretaña, emprendida por James Chalmers (1834) y Rowland Hill (1837). En ese momento los pagos que hacía el destinatario eran función de los kilómetros recorridos, a diferencia de ahora, que el costo lo determina el peso del envío.

Rowland Hill fue quien pensó en desarrollar un sistema de prepago para mandar las cartas. Hizo una estampilla y la propone a la reina de Inglaterra, quien lo acepta y todo surge porque pagaba quien recibía; la historia romántica cuenta que Hill vio una vez a una pequeña niña que recibió una carta, pero tuvo que devolverla por no tener para pagar. Él le ayudó a cubrir el monto del pago y desde ahí se instituyó que por medio de la estampilla pagara el que enviaba”, explica el joven coleccionista y miembro del Querétaro Club Filatélico, que se dedica al fomento de esta afición en el estado y el país.

Existen otros datos curiosos, como el que la primera estampilla postal tuvo la imagen del busto de la reina de Inglaterra, pero no detalla de dónde es; hasta la fecha es el único país que imprime sus estampillas sin indicar el país de procedencia. Fue después de 1843 cuando muchos países empiezan a constituir los servicios postales con este sistema de prepago y la filatelia prácticamente nace con la existencia de la estampilla postal.

Sin embargo, detalla Mario, dentro de la misma filatelia hay variantes, pues hay quienes coleccionan matasellos, a quienes llaman marcofilistas; algunos coleccionan tarjetas postales circuladas que les llaman cartofilistas y también está la astrofilatelia, área especializada en imagenes aéreas, espaciales, aviones, la llegada del hombre a la luna y , planetas. También existe la máximofilia, que es una rama de la filatelia que colecciona sellos adheridos a una tarjeta postal y cancelados con un matasello concordante con las ilustraciones del sello y la tarjeta postal, a las que denominan tarjetas máximas.

Obsequios que se convirtieron en colección

Mario cuenta que, sin saber de la existencia de la filatelia como tal, a los cinco o seis años comenzó su gusto por este pasatiempo.

“Mi padre viajaba mucho y me mandaba tarjetas postales, pero en uno de sus viajes le sobraron estampillas y fue lo que me regaló. Las guardé y después era lo que le pedía cada que él salía de viaje y ya desde ahí comencé sin saber que era un pasatiempo formal.

“Siempre he creído que la filatelia empieza acumulando, que te las regalen o que compres planillas y empieces a clasificar y estudiar, determinar si se va a coleccionar por países, motivos o colores”, platica.

Su colección es muy amplia. Reconoce que no sabe cuántas estampillas la conforman, porque “formalmente mi esposa y yo comenzamos hace unos años, cuando todavía estábamos estudiando la carrera y éramos novios. Había un concurso del servicio postal en universidades para el diseño de estampillas, participamos y ganamos a nivel estatal”.

Cuenta que tras su victoria, los contactó la presidenta del Querétaro Club Filatélico, Martha Castellanos, quien los invitó a participar como socios del club y fue quien les explicó cómo se colecciona en forma y la diversidad que hay. Dicho club actualmente se conforma por alrededor de 25 filatelistas.

Sin embargo, Mario dice que también existen alguna complicaciones, como el tiempo y el factor económico: “Como es un pasatiempo, hay que hacerse un espacio durante el día, y la segunda podría ser la cuestión económica, pues finalmente todo tiene un costo, desde 50 centavos hasta piezas que valen miles de pesos”.

Sobre el club, dice que éste será el doceavo año que se hace una exposición anual en el Museo de la Restauración de la República —regularmente celebrado en septiembre— y todos los filatelistas del club y provenientes de otras ciudades son invitados a exponer sus trabajos.

Pasión al servicio de la comunidad

Mario también se desempeña como delegado nacional de filatelia temática dentro de la Federación Mexicana de Filatelia, organización que recién cumplió 51 años de existencia:

“Toda esta actividad es totalmente voluntaria, no hay ninguna remuneración económica; es para aportar un poco a tu pasatiempo para que subsista y para que otros lo puedan conocer y haya una continuidad, porque esa es parte de la dificultad que hay, al no haber tantos filatelistas, no hay mucha actividad”.

Aunque la filatelia es una inversión por ser una actividad que tiene un fin tangible, “es complicado deshacerte de ella pero no imposible porque cada vez somos menos filatelistas”.

En su opinión, la práctica de la filatelia disminuyó en el país porque no se fomentó de manera adecuada. Al ser parte de las últimas generaciones de filatelistas, observa que ya no hay coleccionistas, “ni tampoco gente de 25 o 30 años que se dedique a ello”.

Medallas internacionales

Mario se ha especializado en desarrollar tres colecciones temáticas principales: ranas, elefantes y todo lo relacionado con el café.

Con su interesante colección de ranas es con la que ha conseguido importantes logros internacionales: “Mi primera participación en un certamen de filatelia fue en 2014, en Corea del Sur, donde gané la medalla Vermeil, que es un nivel entre el oro y plata, y que significa que estás a un paso de alcanzar el oro con tu colección, pero aún no llegas.

“En 2016 participé en Taipei como delegado temático del país y comisario del evento, fui a a representar a México llevando las colecciones de otros filatelistas del país y la mía, con la que ya alcancé la medalla de oro”, relata.

Se trata de una colección de 80 láminas en las que desarrolla toda la historia de los anfibios y su relación con los seres humanos, correspondiente a la categoría de cinco marcos para exposición. Mario explica que las categorías para competir internacionalmente son uno, cinco u ocho marcos y cada marco lo conforman 16 láminas. Aunque fue la misma colección con la que participó en 2014, tuvo que hacerle significativos cambios para ganar el oro, lo cual le llevó hasta dos años.

Esto lo hacen, reconoce, con la intención de que México tenga una representación en los eventos internacionales pero admite que desafortunadamente en México no se tiene el nivel para hacer un encuentro internacional.

“Se trabaja actualmente en la federación con eventos nacionales para detonar el fomento interno para fortalecernos, buscar jóvenes y de ahí tener más quórum para poder hacer un evento internacional”, dice, sin embargo, recuerda las complicaciones para estos coleccionistas, pues asegura que todas las inscripciones a las competencias internacionales “cuestan” y no hay un patrocinador que las cubra, así que se debe hacer otro esfuerzo para juntar las respectivas cuotas y jacer lo necesario para cubrir los viajes para asistir y concursar.

“Primero México”

Todos los filatelistas, asegura Ramírez Bahena, comienzan coleccionando su propio país. Actualmente cuenta con ejemplares de los primeros timbres postales del país de 1864, las cuales —asegura— no cuesta trabajo conseguir.

Parte de su vasta colección nacional son planillas de El Santo y El hijo del Santo que son muy populares, otras estampillas tradicionales del país son las navideñas, “que cada año se emiten y las nuevas incluso han incluido a Santa Claus”. También los motivos prehispánicos, las olimpiadas de 1968, la llegada del hombre a la luna, el mundial de 1986 y una serie de tiburones muy popular entre los coleccionistas.

Mario manipula sus estampillas con pinzas y lupa; tiene un medidor de diámetros de corte y una lámpara de luz negra especial para lograr ver los sellos ocultos que vienen en algunos timbres postales.

Entre sus curiosidades, también posee una colección pre olímpica de 1967, cuyos diseños impresos fueron obra de Diego Rivera, pero el pintor plasmó el futbol americano como deporte olímpico. Esta es una de las anécdotas de la filatelia mexicana, aunque acepta que es una planilla muy común y fácil de conseguir.

También posee una colección clásica, en la que se escoge un timbre postal y se buscan todas sus variantes, errores, diferencias en impresión y papel, entre otras cosas.

Aunque su gusto por la filatelia temática se debe a la amplitud que existe para su práctica, recalca que lo importante es “saber contar una historia detalladamente”.

Estampillas del amor

Cuando conoció a Mario en la universidad, Mónica Santana no sabía nada acerca de la filatelia. “Dicen que a muchas mujeres odian la filatelia porque sus esposos en vez de dedicarles tiempo a ellas, lo ocupan para sus colecciones”, platica. Pero en este caso, el gusto por las estampillas postales sirvió para unir más a la pareja.

“Aunque al principio empecé en esto para pasar más tiempo con Mario”, reconoce.

Desde hace varios años Mónica también comenzó a construir sus propias colecciones de filatelia temática que también ha expuesto a nivel nacional. Por ejemplo, “Vida marina”, dedicada a las especies del mar en peligro de extinción y que actualmente es exhibida en el Museo de Filatelia de Oaxaca; “Ciudad engalanada”, dedicada a Porfirio Díaz —quien también fue filatelista—; y otro trabajo de osos para competición internacional. Además, está por comenzar una de perros de raza chihuahua.

Este año será Mónica la encargada de asistir como delegada mexicana a otro certamen internacional en Brasil que se llevará a cabo en octubre; será la encargada de presentar el trabajo tanto de ella como de Mario y demás filatelistas mexicanos que participen.

Mario y Mónica son una pareja que demuestra que los pasatiempos pueden dejar algo más que simple entretenimiento, pues las estampillas postales son cultura y una forma de adentrarse a la historia de un país, además de detonar el ingenio para desarrollar historias mediante la filatelia temática.

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