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La mítica casa de "Chucho el Roto"

En Saldarriaga, El Marqués, se ubica la presunta vivienda de Jesús Arriaga, ladrón que robaba a los ricos para dar a los pobres; en un momento se quiso hacer museo pero no se concretó
Margarita Corona Rivera es la actual dueña del inmueble, que heredó de su padre; maestra de profesión, actualmente da clases de regularización a niños de la comunidad dentro de la casa (CÉSAR GÓMEZ)
21/05/2017
03:06
Domingo Valdez
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La fachada de la casa de un solo nivel luce llena de pintas y vandalizada. La puerta de madera es antigua y una ventana, además de estar cubierta con una malla, por dentro está cerrada con madera. Margarita Corona Rivera es la actual dueña de la casa donde, se dice, vivió el mítico Jesús Arriaga, mejor conocido como Chucho El Roto, en la comunidad de Saldarriaga, municipio de El Marqués. La mujer, maestra de profesión, da clases de regularización a niños de la comunidad en la casa que heredó, junto con su hermano, de su padre.

El inmueble se ubica sobre el que anteriormente era El Camino Real; es la casa de quien, dicen las crónicas, era del legendario bandolero que repartía dinero a los pobres, fruto de sus hurtos que lo convirtieron en uno de los hombres más buscados del país en el siglo XIX.

Unos arcos rematan la decoración de la construcción que está rodeada de negocios, desde talleres mecánicos a puestos de comida, como el que ofrece tacos de birria al estilo Jalisco. Enfrente, un terreno sirve para guardar tuberías que se instalan en estos días a un costado de la carretera 200.

Todos en Saldarriaga saben en donde está la casa de Chucho El Roto. Basta preguntar a cualquier persona para corroborarlo. “Tome por la carretera y ahí está”, dice una mujer de mediana edad. “Toque. Ahí adentro debe de estar su sobrina”, señala un mecánico que tiene su taller en las cercanías de la mítica vivienda.

Un zaguán negro, donde se ve una vieja pick up blanca estacionada, es parte de la construcción. A un lado, un terreno con una casa en ruinas y hierba crecida, así como un árbol, flanquean la construcción. Del otro lado, una vivienda decorada con grafitis anuncia un colectivo cultural, pero permanece cerrado.

Un niño toca a la puerta de la casa. Margarita sale acompañada de un menor a quien le da clases. El rostro de la mujer asoma. La negativa se vuelve aceptación y accede a charlar unos minutos antes de recibir a su próxima alumna.

Narra que se mantiene de las clases, pues nunca fue docente en el sector público, ya que con su padre tenían una escuela donde trabajaban, en la calle de Corregidora del Centro Histórico de la ciudad de Querétaro.

Al interior, una habitación amplia sirve como salón de clases. Libros, un pizarrón y material didáctico llenan el lugar. Una pintura del Sagrado Corazón de Jesús vigila el lugar. Hacia un lado, un recámara. Al fondo se observa un patio con árboles frutales, que son vigilados por dos perros grandes. A la izquierda se ven otras habitaciones pertenecientes al complejo.

Margarita señala que la construcción en su mayoría se conserva original, con excepción del techo y los pisos, que fueron remodelados por su padre. El piso, agrega, era de ladrillos y había mucha tierra.

“Esta casa la heredó mi papá de una tía. La casa perteneció a la familia Zárate y el esposo de una de ellas se casó con una tía de mi papá, y como mi papá [José Guadalupe Corona] vivió con ella hasta que murió, por eso se heredó la casa”, apunta.

Hace 17 años, junto con su padre, decidieron vivir en la casa, que en los registros más antiguos está a nombre de la familia Zárate; pero no hay constancia de que haya sido de Jesús Arriaga. De lo que sí hay testimonio es que en 1883 la dueña de la casa celebraba su cumpleaños y que se le prendió su vestido, sufriendo quemaduras graves, que le causaron la muerte de camino a la ciudad de Querétaro.

“Más o menos en esa época detuvieron a Arriaga en Querétaro, fue cuando se lo llevaron a Veracruz. Entonces, realmente no hay una certeza de que haya vivido aquí. Según dicen, aquí vivió el papá de Jesús Arriaga, que era el administrador de la hacienda de Jesús María y que, supuestamente, ya no le pudieron pagar y le dieron estas tierras, por eso se llama Saldarriaga, de salda Arriaga, pero el papá”, dice.

Agrega que un hombre mayor que cuidaba la casa le dijo que a sus abuelos sí los junto esta vivienda, pues está a orillas del antiguo Camino Real, usado por diligencias para dar dinero y siendo el punto de reunión la iglesia local.

La casa se conforma de los cuartos que dan a la calle y un corralón a un costado. Atrás hay más terreno, donde están los árboles frutales, para un total, de acuerdo a Margarita, de más de 4 mil metros cuadrados.

Reconoce que la casa está descuidada, pues sólo se mantiene con lo que obtiene de las clases que imparte a los niños de Saldarriaga. Agrega que, en el futuro, seguramente la casa será de sus sobrinos, quienes la herederán, pues no piensa sacarle provecho económico a la construcción, a pesar de tener interés turístico.

Proyecto que no cuajó

El director de Cultura de El Marqués, Román García, explica que hace cuatro años intentó iniciar un proyecto para convertir la casa en un museo de sitio; para ello, se entrevistó con Margarita, para que a través del municipio se hicieran mejoras en el inmueble, pues por fuera luce descuidada, aunque la dueña lo habita.

“La propuesta era hacerla museo de sitio, ella concedió, se iba a habilitar una cafetería, iba a cobrarse un costo simbólico a la entrada, se iban a habilitar las áreas, para darle un soporte como museo de sitio, porque era la casa de Chucho El Roto. Pero, como no llegamos a un acuerdo en aquel entonces, hubo algún abogado que mal interpretó nuestra intención y [le dijo a Margarita] que le iban a quitar la casa”, indica.

Para El Marqués, precisa, era importante como un sitio de interés turístico y tradicional. De hecho, García brinda otra versión del nombre de Saldarriaga, dice que iban a buscar a Chucho El Roto y le gritaban “Sal Arriaga” o que sus acreedores lo iban a buscar gritando “Salda Arriaga”, de saldar deudas.

Subraya que, para él, esa sí fue la casa de Jesús Arriaga; posteriormente herededa a parientes, pasando de generación en generación.

Historia llena de magia popular

El actual cronista del municipio, Jaime Zúñiga Burgos, aclara que hay que separar la fantasía de la realidad y la historia de la leyenda. “Jesús Arriaga fue un bandolero que fue procesado y existe un proceso donde dice dónde habitó, donde fue apresado y, esta casa, se dice, que la ocupó, aunque nunca se demostró”, refiere.

Hay un anécdota, dice, que fortalece el nombre de Saldarriaga, pues narran que llegó un hombre muy misterioso y empezó a contratar trabajadores para las labores del campo, pero que no les pagaba, entonces los vecinos se fueron a quejar con las autoridades. Éstas notificaron a todos los vecinos de la comunidad que tuvieron adeudos: “Salda Arriaga la deuda”.

“La leyenda ha cobrado fuerza en El Marqués, y esa casa que es de la familia Corona, han tratado de venderla, pero para revalorarla le han puesto magia. De todos modos, el pueblo, turísticamente, adoptó al bandolero Jesús Arriaga, incluso hay hasta locales de pollos que se llaman Chucho El Roto”, explica.

Comenta que, a futuro, se tiene pensando llegar a un acuerdo con los propietarios para hacer un museo y alentar la leyenda. “Es una leyenda, es algo que el pueblo dice, que Jesús Arriaga y La Carambada se conocieron, toda la magia popular alienta el turismo, porque a la gente le gusta conocer esas cosas”, puntualiza.

Añade que la vivienda fue cuartel durante una temporada, en la época de la Revolución Mexicana; ahí se asentó una partida militar, porque había gente problemática en la zona. Lamenta que luzca en el abandono.

Agrega que “la magia popular le ha dado un sitio a Jesús Arriaga, como un monumento perenne del pueblo”. Explica que fue aprehendido en una de las accesorias que están atrás del templo de San Francisco, en la ciudad de Querétaro, y no pudo escapar; el hombre vivió en varias partes, cuando llegó habitó en el Hotel Hidalgo, luego disfrazado de pordiosero.

“Cuando fue aprehendido en el estado, en la época del gobernador Francisco González de Cossío, 1894, el jefe de la policía, Rómulo Alonso, le aprehendió, le puso un cuatro, porque había robado una tienda que se llamaba El ave del paraíso, en la esquina de Juárez y Madero. Lo aprehenden y lo empiezan a juzgar aquí, se abre un expediente y, después, cuando saben en México que está aprehendido en Querétaro, el jefe de la policía de la capital del país quiso adornarse, diciendo que él lo había atrapado, pero quedó como antecedente el expediente”, narra.

La historia y la leyenda se funden con el pasar de los años. Mientras la tradición popular señala que el ladrón vivió en Saldarriaga, los registros son inexactos, y no se puede afirmar o desmentir cualquiera de las versiones. La verdad se perdió en la oscuridad de los siglos.

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