Inculcan el cuidado y protección de aves en Querétaro

A través del proyecto Aprendiendo Entre Plumas, Luz Elena busca crear conciencia sobre especies rapaces, muchas de ellas en peligro de extinción. La organización permite a los niños ver de cerca a los animales y conocer sobre su hábitat
FOTO: Demian Chávez
18/04/2017
06:19
Domingo Valdez
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Luz Elena Hernández, directora y fundadora del proyecto Aprendiendo Entre Plumas, busca crear conciencia entre los menores de edad del cuidado de las aves rapaces, muchas de ellas en peligro de extinción.

Sostiene que concientizando a los infantes y acercando los animales a sus escuelas el mensaje es más fuerte.

Las aves, entre las que se encuentran búhos, lechuzas, halcones, un águila y un zopilote, son vistas con curiosidad por niños y adultos, aunque en el rostro de los primeros se puede ver la admiración y el asombro por tener a escasos centímetros a estas especies, que rara vez se aprecian en cautiverio o a corta distancia.

Por su imponente figura, el águila real, la misma que aparece en el escudo nacional y que está en serio peligro de extinción, es de las estrellas de la exhibición que Luz Elena y su grupo llevan a cabo en el Centro Cultural Manuel Gómez Morín el primer domingo de cada mes, para acercar su “clase de naturalismo viviente” a las niñas y los niños queretanos.

Luz Elena explica que Aprendiendo Entre Plumas surgió hace tres años, “porque necesitamos información respecto a lo que es concientizar a nuestros pequeños en lo referente a nuestras aves rapaces”.

“Desafortunadamente tenemos aves en peligro de extinción. Que los niños tengan conocimiento de los mitos por los que desafortunadamente la gente sigue cazando a estas especies. Surgió por eso, para llevar esa información a los pequeños, que son el futuro de México, Querétaro, como de todo el mundo”, agrega.

El centro de conservación, explica, tiene a su resguardo 60 aves, entre aguilillas, halcones, búhos, lechuzas, águilas, zopilotes.

El espacio funciona en coordinación con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), encargadas de salvaguardar la vida silvestre; la mayoría de las aves que llegan con Luz Elena es a través de dichas dependencias, ejemplares que están lastimadas o que no pueden ser liberadas, por lo que el centro ayuda a aves que no pueden ser introducidas a su hábitats naturales.

Cuenta que lo más triste que ha llegado a ver es que la gente mutile a las aves, que llegan con fracturas, sin ojos, así como el comercio ilegal, para el cual deben bajar de sus nidos a las aves desde muy pequeñas y están adaptadas al humano, pero no tuvieron las enseñanzas de su padres.

“No saben cazar, no saben estar con los mismos de su especie. Por ejemplo, en los búhos y las lechuzas, les digo mucho a los niños, de que no saben que en el día tienen que dormir y en la noche tienen que cazar, buscar su alimentos. Esas son las aves que tenemos en el centro”, abunda.

La fila de menores con sus padres es nutrida en el stand de Aprendiendo Entre Plumas. La gente pregunta a los voluntarios del centro algunos datos curiosos sobre las especies animales que observan, cómo qué comen, en dónde viven, cuánto miden, entre otros datos.

Luz Elena explica que, actualmente, trabajan en coordinación con la Unidad de Servicios a la Educación Básica del Estado de Querétaro (Usebeq) en las Jornadas de Educación Ambiental; las escuelas que quieran llevar a sus planteles a los animales y esta clase de educación conservacionista lo pueden hacer a través de Facebook.

Agrega que a los niños se les pide un donativo simbólico, con lo que entran a la presentación.

La mujer se emociona porque con la presentación de estas aves sabe que concientiza a muchos menores y los resultados se verán en unos años.

“Ves la reacción [de los menores] cuando sale el búho, sale la lechuza y salen los halcones. Es una emoción tan grata que hasta te las transmiten. Ves reacciones encantadoras en los niños”, enfatiza.

Comenta que en Aprendiendo Entre Plumas trabajan 10 voluntarios, de entre 14 y 25 años, y el único requisito es tener ganas de aprender, pues afirma que con eso se hacen maravillas.

Subraya que, por el momento, el centro sobrevive sólo con los donativos de los niños,dinero que sirve para alimentar a las aves, que comen codorniz, ratones o ratas blancas, siendo el único alimento que reciben las aves.

Enfatiza que están abiertos a recibir apoyos de cualquier institución que apoye su labor: “Nosotros estamos abiertos a cualquier ayuda, a los chicos que quieran visitarnos, que se unan de voluntarios, a la gente que se quiera involucrar un poquito más, nosotros estamos abiertos”.

La gente mira con curiosidad a las aves, desde la enorme águila real, hasta el búho enano, de apenas unos 15 centímetros, cuyo tamaño y plumaje lo hacen parecer una figura de peluche muy bien hecha. Observan al zopilote que, para refrescarse cuando hace calor, orina en sus patas.

Luz Elena ve el futuro de Aprendiendo Entre Plumas no como un negocio con rentabilidad y ganancias, sino con beneficios sociales: “Los chicos que ya vieron la presentación de Aprendiendo Entre Plumas, cuando sean adultos, que sepan lo que está bien y lo que está mal con las aves. Sé que concientizando a los chicos, este proyecto puede llegar a más niños, a más gente con la información que llevamos”.

Los niños que ya vieron a todas las aves se marchan emocionados, comentando con su padres lo “padre” que están las aves y, quizá, alguno se va con la semilla de dedicarse a la conservación de fauna y flora.

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