El futbol llanero vive un proceso de extinción

El fundador del certamen La Divina Pastora advierte que la mayoría de las canchas de tierra se han mudado a la periferia de la ciudad
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Foto: César Gómez
13/11/2017
04:11
Danaý Martínez
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Las canchas de futbol 21 de Marzo, que ocupaban la zona de lo que ahora es Plaza de las Américas; las canchas de El Pasito del Progreso, cerca de Avenida Circunvalación; las canchas de la Comisión Federal de Electricidad, en El Marqués, ya son sólo un recuerdo de los inicios del futbol llanero en Querétaro. Ahora, los balones se han mudado a las periferias de la ciudad, son pocos los campos que sobreviven; las de Hércules y la colonia Azteca son los únicas canchas cercanas a la capital queretana donde aún se juega en el llano.

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“Futbol llanero ya hay muy poco, llanero es en la cancha de tierra donde se juega el futbol de barrio, y la última liga que en el municipio de Querétaro se puede llamar llanera es la Liga del Sur, que ya tampoco es tan llanera porque está en un campo de pasto sintético, y aparte de que se les paga muchísimo dinero por participar. En los campos llaneros ya muchos no quieren participar”, expresó Marcelino Soto, mejor conocido como Maches, organizador del torneo de La Divina Pastora.

No sólo es el campo de tierra lo que caracteriza el verdadero futbol de barrio, sino también se necesita a la gente que habita en los barrios, pues éstos constituyen la columna vertebral en la organización de estos torneos. Hace 37 años surgió el primer torneo de La Divina Pastora, pero con el tiempo se fue modificando, pues los intereses económicos atrajeron a ex jugadores profesionales y equipos de otras partes, con lo que lo que se perdió la verdadera esencia de este torneo: el jugar por y para el barrio.

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“Cuando empezó el torneo de la Divina Pastora era el puro barrio de San Francisquito, se participaba con el nombre de las calles: 21 de Marzo, Miguel Acuña, 20 de Noviembre, Sierra Gorda (…) así se llamaban los equipos, había invitados como el Reforma, los de Palmas, cercanos, ese era el torneo original. Después empezaron a proliferar los partidos con jugadores ex profesionales, empezaron a pagar, empezaron a ver el torneo a manera de generar dinero para sus equipos, fue cuando empezó el Mercado de Abastos, el Mercado Escobedo, El Marqués, La Cañada y se fueron a jugar al campo de la presa de La Cañada. Ahí fue cuando los equipos de mi barrio se quedaron sin participar porque no tenían la solvencia económica para pagar sus inscripción y arbitraje. Sin embargo, aprovechando que tenía relación con el municipio, vi la forma de retomar el nombre del torneo”, agregó Maches.

El torneo de La Divina Pastora se realiza en el marco de la fiesta patronal del barrio de San Francisquito, durante la última semana de agosto y finaliza la primera semana de septiembre, previo a la fiesta grande, el 8 de septiembre.

“La imagen del barrio de San Francisquito es algo que atrae mucho a la gente, buscan mucho la convivencia familiar, llevan hasta su botana para ellos mismos armar su fiesta y saben que es un ambiente familiar. Sí hay conflictos, conatos de bronca, incluso agresiones a los árbitros, no lo vamos a ocultar, pero siempre tratamos de manejarlo; a los que agreden a los árbitros los damos de baja para siempre y cuando se arman batallas campales o agresiones entre equipos, los damos de baja y aparte se les hace firmar una carta responsiva para que en caso de un incidente sea el representante el que tiene que hacerse responsable del gasto que se tenga que hacer”, comentó Soto.

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Canchas, a la venta

Actualmente juegan 16 equipos, este año La Sierrita resultó el campeón, y a la par del torneo se juega uno de veteranos donde hay ocho equipos, y los niños también participan en un cuadrangular. El campo de la Cuesta Colorada, en Hércules, es el recinto donde se aguarda cada año para jugar en el llano.

“Para nosotros es muy importante que se sigan fomentando este tipo de torneos, que ya son muy pocos porque seguimos manteniendo la raíz, pero es difícil porque nos estamos quedando sin campos, se habla de que quieren vender el campo de Libertad, el de la Purísima creo que ya lo vendieron porque ya no nos permiten jugar. Está complicado, sería cuestión de algún proyecto para que se retomen los campos de tierra y nuestros gobiernos volteen los ojos a los barrios porque habemos colonias que queremos seguir participando”, comentó Marcelino Soto.

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Diversas anécdotas guardan cada uno de los campos o los lugares donde antes se jugaron innumerables partidos de campeonato. Soto recuerda la rivalidad tan fuerte que existía dentro y fuera del terreno de juego, y cómo algunos encuentros se llegaron a salir de control, debido a la dura rivalidad que hay entre los barrios.

“Por ejemplo, cuando jugabamos en la colonia Las Misiones hasta tenía que solicitar apoyo de la guardia municipal”, recuerda Maches, quien califica al barrio como la misma selva, donde sobrevive el más feroz y donde siempre habrá situaciones que se salen de control; es la naturaleza del más fuerte.

“Siempre hay locos. Una vez en el panteón se armó una bronca entre veteranos, una campal y uno sacó pistola y echó balazos al aire, ya no me siguieron prestando el campo, nosotros sabemos a lo que nos enfrentamos, quisiéramos que nunca pasara nada, pero uno no sabe”, expresó.

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La lealtad, factor clave en el barrio

La rivalidad y la lealtad son códigos de barrio que aún tienen mucho peso, pero que algunos ya no respetan.

“Este año, y eso me da mucha tristeza, no participó el equipo de Deportes Ríos. El dueño fue el padrino de mi torneo, el señor Lorenzo Ríos, pionero del futbol amateur aquí en Querétaro. Este año, su chavo se llevó el equipo al otro torneo y jugaron semifinales, perdieron, pero era de los equipos tradicionales y se siente feo, como traición. Pero nuestro torneo ya creció, antes le decían el torneo de los pobres y al de ellos, el de los ricos por lo que se genera; allá dan 50 mil pesos en premios, acá no les doy más que su trofeo”, sentenció.

Pero a pesar de que ahora las nuevas generaciones tienen otras ideas y otras oportunidades, el hábito y el amor por la tierra, “en mi barrio la mayoría de los chavos prefieren jugar en un campo de tierra que, en uno sintético. Hay muchos jugadores que se van a jugar a los ranchos; por ejemplo, el equipo que yo traía, el Atlético San Pancho, juega en Tolimán porque prefieren la tierra”, finalizó Maches.

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