Un río de fe, más de 3 mil hombres tomaron camino para ver a la Virgen

Serán 17 días y más de 400 kilómetros de una caminata que los llevará a la Basílica de Guadalupe
Un río de fe, más de 3 mil hombres tomaron camino para ver a la Virgen
Los hombres, con sus sombreros color beige, algunos apoyados con bastones y cayados (bastón grueso de madera) avanzan por la terracería que lleva a la salida de la comunidad de Neblinas.
08/07/2018
06:23
Domingo Valdez
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El silencio de las montañas serranas, cubiertas de su masa vegetal verde intenso, se rompe por un murmullo. Apenas se percibe a lo lejos. Poco a poco se hace más intenso, hasta que se reconocen los cánticos y oraciones de unos tres mil hombres que participan en la edición 59 de la peregrinación queretana a la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México.

Al igual que las mujeres un día antes, parten de la comunidad de Neblinas, en Landa de Matamoros. Son hombres que salen desde este rincón del estado de Querétaro, ya muy cerca de los estados de Hidalgo y San Luis Potosí.

La mañana, al contrario que el día previo, es soleada. El cielo luce despejado y la temperatura es cálida, a pesar de ser cerca de las 10:00 horas.

Los hombres, con sus sombreros color beige, algunos apoyados con bastones y cayados (bastón grueso de madera) avanzan por la terracería que lleva a la salida de Neblinas y su valle, con sus montes verdes y sus cultivos de café.

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El obispo de la Diócesis de Querétaro, Faustino Armendáriz Jiménez, acompaña a los peregrinos, quienes de vez en cuando gritan “fierro”, para que las personas despejen el camino, ya que viene un automóvil.

Los peregrinos son de varios municipios. Vienen de Amealco, San Juan del Río, Querétaro. Llegan a este lugar convocados por la fe y por querer vivir la experiencia de caminar más de 400 kilómetros hasta la Basílica de Guadalupe.

Poco o nada importan el cansancio, las pocas horas de sueño, incluso, en algunos, la cruda, cuando lo que mueve sus pies es la fe, el anhelo de postrarse frente a la Guadalupana, lo que se espera curra dentro de 17 días.

Los conocidos caminan en grupos compactos. Los familiares que peregrinan hacen lo propio. Un abuelo camina junto a su nieto, un padre junto a su hijo. Los amigos de toda la vida (muchos de quienes comienzan el viaje son adultos mayores) se motivan, se animan a caminar. Hacen bromas, recuerdan viejos tiempos, y de cuando en cuando rezan y cantan las alabanzas a María de Guadalupe.

Poco a poco Neblinas desaparece del paisaje. Se pierde entre las montañas. De pronto los hombres están rodeados únicamente de la masa forestal de la sierra, con sus árboles, algunos de más de 15 metros de alto, que brindan sombra en el camino de los peregrinos.

Muchos de los que caminan es la primera vez que hacen el recorrido desde esta zona de la Sierra Gorda. Se maravillan con la visa de montes verdes, el canto de las aves y los sonidos de los insectos. Para muchos es una experiencia mística, cercana a lo divino.

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En el camino, las brigadas de distintas dependencias de gobierno, como la Cofepris, la Secretaría de Salud, Cruz Roja y gobierno del estado, ofrecen ayuda a los peregrinos. Se les reparten bolsa de agua y otras bolsas con cal (para las deposiciones), pues como dice el cartel “para que no dejes huella”.

Los hombres se notan alegres. Son de todas las edades: niños, jóvenes, adultos, ancianos. No hay distinción de edades, aunque en ocasiones se nota la clase social. Un grupo de jóvenes se integra a la peregrinación, llevan jeans nuevos, camisas blancas y paliacates bien planchados.

Muchos otros peregrinos llevan puestas las camisetas de sus equipos favoritos. Se ven los colores del Atlas, Chivas y Gallos Blancos. La vestimenta debe de ser lo más cómoda posible, principalmente el calzado. Los tenis son los favoritos de los peregrinos, pues son cómodos, suaves, amortiguan las pisadas en suelo duro, aunque por otro lado se mojan con facilidad.

Cuesta arriba

El camino es cada vez más cuesta arriba, pero eso no impide a los hombres cantar y rezar con todas sus fuerzas. Apenas es el primer día y son los primeros kilómetros de viaje.

A lo largo del camino de terracería, y en medio de la inmensidad de la naturaleza, se pueden encontrar pequeñas capillas dedicadas tanto a San Judas Tadeo, como a la Guadalupana.

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Además del abanderamiento que hacen elementos de la Policía Estatal, los mismos peregrinos tienen su organización. Forman brigadas de seguridad, sus integrantes llevan chalecos azules que dicen “Retaguardia”, vigilan las espaldas de sus compañeros, para que ningún vehículo pase muy rápido y se evite una tragedia.

“Media hora”, dice unos de estos brigadistas a la pregunta de cuánto falta para el primer descanso. Ya están cerca de donde podrán hacer un alto en el camino. Algunos peregrinos se atrasan. Se detienen a “hacer del cuerpo” y deshacerse de la cal que les fue entregada con anterioridad.

Llegan al lugar pactado para descansar. Es un claro entre los montes, donde los hombres se sientan en la hierba, otros se acuestan, mientras que algunas más preguntan a sus hermanos si ya están cansados.

Es la primera pausa de las muchas que harán en los próximos 17 días y más de 400 kilómetros de recorrido.

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