Hacen su "agosto" en el estadio Corregidora

Vendedores de comida y franeleros salen beneficiados gracias a Gallos
Hacen su "agosto" en el estadio Corregidora
Foto: Mitzi Olvera
27/11/2018
09:35
Domingo Valdez
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Cientos de aficionados de Gallos Blancos se hicieron presentes, como el domingo, en las taquillas del estadio Corregidora, con el fin de hacerse de un boleto para el partido contra el Cruz Azul, correspondiente a los cuartos de final de la Liguilla del torneo Apertura 2018 de la Liga MX.

En esta ocasión no hay tiendas de campaña, la fila avanza rápido, aunque las taquillas abrieron tarde. Los vendedores de aguas, tacos, fruta y frituras también se ven beneficiados, incluso haciendo “su agosto”, pues un litro de agua lo venden hasta en 25 pesos.

Las inmediaciones del coso de El Cimatario lucen con actividad inusual para un lunes por la mañana. Los franeleros y sus frases como “aquí se lo cuidamos. Son 50 pesitos”, se hacen presentes. Es la forma en la que se recibe a los aficionados que llegan en auto al estadio.

Los que llegan en transporte público, son abordados por jóvenes que de manera discreta les dicen “cuántos boletos quieres”. Una patrullas están a escasos metros, pero sus ocupantes no se dan por enterados.

Los jóvenes aficionados prefieren llegar hasta las taquillas, que aunque presentan filas largas, avanzan rápidamente. La mayoría cuentan con bono de la temporada. A ellos se les da preferencia en la compra de los boletos, también a quienes acudieron el sábado al partido contra Necaxa.

José Luis Ramírez sale con dos boletos en la mano. El hombre, de oficio electricista, dice que llegó a las 9:00 horas, y salió pasadas las 11:00, pese a que las taquillas abrieron poco después de las 10:00. 

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No muestra ninguna emoción por tener los boletos en sus manos. Recuerda que le dijeron que el domingo hubo más gente tratando de comprar boletos para los cuartos de final, “pero ahorita está tranquilo”.

“Es la primera vez que vengo aquí, y me dijeron que puro bono [venden boletos a abonados], los demás son del otro lado, para poderlos comprar”, indica.

José Luis se confiesa. Los boletos no son para él, son para su patrón que lo mandó a adquirirlos. Dice que no le importa acudir al futbol, pero que su jefe le dijo que si le compraba las entradas,  se podía tomar dos días de descanso. “Con eso es más que suficiente. Dicen que va a estar bueno, pero quién sabe. No soy muy aficionado al futbol”, señala.

José Luis se retira del estadio con boletos en mano, para su patrón, y con la promesa de dos días de descanso.

En la explanada exterior del inmueble, en la zona de las taquillas permanecen  vendedores de todo tipo de mercancías. Un joven vende botellas de agua y refrescos en un carrito de supermercado.

Una mujer madura observa a unos metros, mientras platica con un joven. Otra, de unos 25 años, acaba de comprar una botella de agua. El vendedor fue a cambiar el billete para darle el cambio. Regresa y la chica se marcha con su botella.

Cuando pasa frente a la mujer madura, ésta le pregunta cuánto le costó la botella de un litro de agua. “25 pesos”, dice la joven, lo que despierta “la ira” de la mujer madura, quien indignada amenaza con llamar a los inspectores municipales, pues “eso es un robo”. Dice que ella trabaja en el municipio capitalino (aunque está en la explanada del estadio en horas laborales), y que una familiar es regidora.

Hace una llamada. A los pocos minutos recibe otra y queda satisfecha con la respuesta, aunque sigue molesta con “el robo” de la botella de agua en 25 pesos.

Unos metros más adelante, Diana Rodríguez Segura vende tacos de canasta. Bajo una sombrilla multicolor atiende a los clientes que toman asiento en pequeños bancos de plástico y que usan una pequeña mesa para colocar los platos con los tacos.

Dice que con los aficionados que acuden al estadio a comprar sus boletos para la Liguilla. Diana no para de despachar. Apenas se va un cliente llega otro. Los 300 tacos que llevó para vender ese día, poco a poco se hacen menos. 

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Agrega que también vende en los partidos regulares de Gallos Blancos. Las ventas, explica, son mejores cuando el equipo gana o lleva un buen paso en el torneo.

Leonel Vargas, hombre maduro, llega hasta la sombrilla de Diana. Pide tres tacos y se sienta en un banco. Lleva un cabestrillo en el brazo derecho. Deja los tacos en la mesa, les pone salsa y cebolla. Luego de que se acomoda y le da una buena mordida a un taco, dice que es aficionado del Querétaro desde la época de Atletas Campesinos (hace más de 40 años), y aunque no es de Querétaro, llegó a los cinco años de Chihuahua, entidad donde nació, pero por trabajo de su padre dejó para mudarse al Bajío.

Asegura que no podía dejar pasar la oportunidad de estar presente en la Liguilla, pues ya son tres años desde aquella final contra Santos Laguna y que se perdió. Ahora hay ilusión en los hinchas.

Los aficionados siguen con su ir y venir a las taquillas. Además de una motocicleta tirada y que nadie se atreve a levantar, en el suelo de estadio llama la atención la cantidad de basura que hay por todos lados. Bolsas de un minisuper se amontonan en un lugar, mientras que por doquier se ven botellas, latas de cerveza, vasos desechables, envolturas de frituras y hasta algunos retazos de tela.

 

arq

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