Con magia en botines

Deportes 30/05/2014 01:13 Actualizada 10:08

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Es de esos jugadores que tienen la magia para alcanzar alturas inimaginables, mas el glamour que rodea a los astros balompédicos y la indisciplina le ha impedido aterrizar todos sus anhelos futbolísticos.

Cuando en 2005, a sus 16 años, contribuyó a la conquista del segundo gran logro de México a nivel internacional, al levantar la Copa Mundial Sub-17 en Perú, el mundo le sonreía plenamente. Los pronósticos apuntaban a una generación histórica y Giovani Dos Santos parecía tener la onza para trascender como una súper estrella del deporte.

Hijo del ex americanista Zizinho, Gio contaba con la sangre del arte brasileño. Además, jugaba para el Barcelona y contaba con los argumentos y la estatura para “romperla”, como dice el argot futbolero.

Sin embargo, como a muchos les pasa, el éxito le llegó demasiado pronto y no hubo quien lo hiciera aterrizar. En el club catalán, no terminó de crecer lo que de él se esperaba y su carrera dio un giro, al fichar con el Tottenham Hotspur inglés.

En 2008, el periódico londinense The Mirror captó ebrio al delantero mexicano. En la escena, un par de elementos de seguridad ayudaban al delantero a levantarse del piso, en un conocido bar de la ciudad. El relato del rotativo describió que el muchacho se había vomitado, después de perder el equilibrio.

El club inglés le impuso una sanción sin goce de sueldo por dos semanas, ante la evidencia en aquella celebración decembrina.

No tardó mucho en aparecer en otro escándalo, ahora en la Selección Mexicana. En septiembre de 2010, tras un partido amistoso en Monterrey contra Colombia, el jugador figuró en una “fiesta” en pleno hotel de concentración. Gio apareció entre los sancionados, y tuvo que cubrir una multa de 50 mil pesos, impuesta por el entonces director de Selecciones Nacionales, Néstor de la Torre. Su prestigio se distorsionó en las redes sociales, donde se ganó el sobrenombre de “Giobrandy dos Antros”.

Pese a sus desvaríos, Giovani recuperó atributos en cuanto se lo propuso. Prueba de ello la obtención de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, con el Tri, al que aportó tres goles, pese a perderse la final por lesión.

A nivel de clubes, salió del Tottenham y pasó cedido al Ipswich Town, luego salió de Inglaterra rumbo a Turquía, donde paró en el Galatasaray. Su peregrinar le permitió regresar a España, con breves estadías en Racing Santander y Real Mallorca, hasta alcanzar estabilidad en el Villarreal, donde cerró 2014 en zona de Europa League.

Todos sabemos que en cuanto se decide, Gio se transforma en el hombre del talento y la diferencia. Es hábil y de buen trato con el balón, capaz de marcar. Será su segundo Mundial. Que sea el bueno...