Su corazón quiere, al igual que las miles de gargantas que les impulsan desde las tribunas del estadio Olímpico Universitario, pero sus piernas no responden igual que durante los 45 minutos iniciales.

Jugar el complemento, en casa, es un martirio para los Pumas.

Los dirigidos por José Luis Trejo no buscan excusarse por la derrota de anteayer ante el Guadalajara, club que sumaba casi una década sin llevarse todo el botín de Ciudad Universitaria. Lo que pretenden es reiterar las complicaciones que experimentan por jugar al mediodía.

“Sí pesa, es la verdad. La cancha estaba muy pesada, pero se hace más cansado cuando no tienes la pelota”, asegura Daniel Ludueña. “Si estás acostumbrado a ser un equipo con la pelota y otro sin ésta, ante uno que te la maneja muy bien y te hace correr para todos lados. Realmente, ahí sí cuesta muchísimo”.

Esa dinámica del Rebaño Sagrado tornó más difícil el encuentro. El Hachita admite que olvidaron algunas de las virtudes mostradas en el juego inaugural, contra el Querétaro... Y deja entrever que el horario pudo ser un factor, ya que la visita a los Gallos Blancos fue nocturna (19:30 horas).

Las estadísticas apoyan la hipótesis. De los más recientes 20 partidos que los felinos han jugado como locales, a mediodía, sólo ganaron seis, a cambio de siete empates e igual número de derrotas.

Ya no son el equipo que solía hacer sufrir a cualquiera bajo el intenso sol del Distrito Federal. Ahora, los universitarios también padecen los estragos de la combinación formada por el calor y la altitud. Suelen pasarla mal en casa, sobre todo durante la segunda mitad, esa en la que algunos rivales les han sacado puntos.

“Estaba muy pesada la cancha”, insiste el argentino, naturalizado mexicano. “Es para los dos”.

“Si pierdes, vas a buscar pretextos, pero la verdad es que en el segundo tiempo no hicimos las cosas como en el primero. Cuando regalas mucho la pelota, siendo un equipo que no está acostumbrado a correr detrás de ésta, realmente se complica... Y ellos la manejan muy bien”.

Fórmula que bastó para hacer añicos una de las rachas más importantes para el pueblo auriazul.

Jugar al mediodía es una tradición para los Pumas, aunque sus propios futbolistas padecen las dificultades que conlleva, las que se acentúan si se miden a conjuntos con mejor preparación física o mayor número de jóvenes en la alineación.

“Enfrentamos a un equipo que realmente juega bien y nos hizo el gol en el momento que estaba con uno menos”, lamenta el habilidoso atacante. “Pudimos aprovechar esa razón, pero...”.

Tampoco el jugar en casa, porque las piernas ya no son las mismas durante el segundo tiempo.

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