Los seleccionados nacionales ¡Vuelan!

Deportes 24/06/2014 00:15 Actualizada 09:32

RECIFE.— Justo antes de que Héctor Herrera se encaminara a cobrar aquel tiro de esquina, un furibundo Rafael Márquez se le acercó. Al capitán del Tricolor aún le hervía la sangre por el penalti que el árbitro uzbeko Ravshan Irmatov no señaló tras las manos de Darijo Srna a disparo de Andrés Guardado, así es que decidió terminar con el drama que se vivía en la cancha.

El Káiser de Michoacán pidió el balón. Él se encargaría del resto.

Menos de 10 segundos después, corría desenfrenado para celebrar el gol del alivio, el de la clasificación a octavos de final por sexto Mundial consecutivo... El que hace aún más grande su leyenda con la elástica verde, que se volvió a poner en octubre para rescatarla de la cornisa.

El Tri vuelve a estar entre los 16 mejores del planeta.

Su certero cabezazo desarmó a Stipe Pletikosa (72’). El guardameta croata hizo lo que pudo, muy poco cuando un esférico es impulsado por el hambre de triunfo y la ira que provoca saberse robado.

Nueva victoria (3-1) con el corazón como principal arma. Con todo y contra todo, muestra de ese espíritu inquebrantable que Miguel Herrera ha construido en un grupo sediento de gloria.

Por eso, el carismático entrenador desgarró su voz cuando Márquez volvió a escribir una dorada página. Fue su tercer gol en Copas del Mundo, cada uno en distinta edición, con lo que igualó a Cuauhtémoc Blanco como los únicos futbolistas mexicanos que han estremecido las redes adversarias en tres diferentes versiones del máximo evento futbolístico del planeta.

Detalle que pasó a segundo término para el defensa central. Lo que anhelaba era dar tranquilidad a los millones de corazones tricolores que se exprimían un poco más con cada llegada balcánica.

“Como lo habíamos dicho, íbamos por el triunfo. Al final, fuimos bastante superiores”, dijo el Capitán Leyenda.

Líder dentro y fuera del campo, incapaz aún de controlarse totalmente. Aquella barrida sobre Ivan Perisic, en el primer tiempo, pudo costarle la roja. El silbante decidió que era de amarilla. Rafa entendió que esa absolución era el preludio de otra gran velada mundialista para el Tri.

La finalizó con la asistencia en el gol que propició el delirio colectivo. Javier Hernández simplemente colocó la cabeza (81’). Gol tan sencillo como valioso para un chico que también escribió un pasaje importante.

Aguardó 366 días por el instante, lo que explicó su llanto. El Chicharito no anotaba con la Selección Mexicana desde el 22 de junio de 2013, cuando le marcó un par de tantos a Japón, en la Copa Confederaciones. La “malaria” terminó, cortesía del capitán.

El aún delantero del Manchester United llegó a 36 festejos con la playera tricolor. Ya es, en solitario, el tercer máximo romperredes en la historia del representativo. Sus objetivos son el Temo (39) y Jared Borgetti (46). Al igual que Márquez, ya tiene tres goles en Copas del Mundo.

“Lo tenemos que tomar con calma. Es un paso más en esa escalera que nos trazamos todo el grupo para llegar a lo más alto”, apuntó Hernández.

Para cuando el tapatío celebró, Andrés Guardado ya había aniquilado los sueños croatas con aquel zurdazo a pase de Oribe Peralta (75’). El Principito se prometió que Brasil 2014 sería su Mundial. Por ahora cumple: titular y ya suma un tanto en el evento.

Magia que le recorrió todo el cuerpo mientras corría a abrazarse con casi todos sus compañeros, porque Guillermo Ochoa se fundía en una emotiva celebración con el estratega.

La anotación de Perisic (88’) fue imperceptible para los miles de mexicanos que ya bailaban sobre sus butacas, pero al arquero le dolió. Su racha de imbatibilidad terminó en 268 minutos. Se quedó con las ganas de ser el primer meta tricolor que no recibe tantos en una fase grupal mundialista fuera de su país.

El Káiser de Michoacán fue a consolarlo. Sí, porque hasta se da tiempo de eso. Líder futbolístico y anímico de un grupo que ha igualado la mejor actuación de los verdes en una fase grupal (7 puntos, como en Corea del Sur-Japón 2002).

En aquel grupo, Rafa era capitán, pero novato. Hoy es el principal sostén emocional, el que impulsó al Tri a los octavos por sexto Mundial en fila. El primer objetivo se ha cumplido. Sigue la poderosa Holanda, el domingo.