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Nacho González, pilar perfecto esmeralda

Deportes 19/05/2014 00:23 Actualizada 09:20

PACHUCA.— Comenzó a festejar en cuanto hizo contacto con el esférico. Juan Ignacio González sabía que acababa de clavar la daga que desangraba los corazones de los Tuzos.

Férreo zaguero central que tardó siete años en hallar regularidad como futbolista de la Primera División. Se formó en el Atlas, pero el destino lo convirtió en nómada del balompié... Hasta que llegó al León (Bicentenario 2010).

Para entonces, ya había probado las mieles del Máximo Circuito con los hoy Estudiantes-Tecos y el Querétaro. Paso efímero, no sumó ni 10 partidos. Parecía destinado a la Liga de Ascenso.

Su llegada al León acentuó la malaria. Los Panzas Verdes habían fallado varios intentos por regresar... Hasta que Gustavo Matosas asumió la dirección técnica.

González fue uno de sus pilares, por lo que jamás pensó en prescindir de él, tras obtener el anhelado regreso (2012).

Los hoy bicampeones ficharon a zagueros con calidad probada. Rafael Márquez y Jonny Magallón arribaron, pero Nacho se mantuvo como titular. Incluso, Matosas colocó al canterano del Guadalajara como lateral derecho. Su hombre fuerte en el Ascenso sería el socio del Káiser de Michoacán.

No ha fallado. Hasta Miguel Herrera declaró que estaba en su órbita, pese a manejar un perfil bajo fuera del campo.

Dentro es una fiera genuina, complemento perfecto para la clase de Márquez. El tapatío carece de la clase que distingue al capitán del Tricolor, pero le sobra entereza y determinación.

Cualidades que mostró a plenitud cuando Luis Montes cobró aquel tiro de esquina. Miguel Herrera, el central del Pachuca, le tenía tomado de la camiseta. Muy poco para detener a un hombre que tiene tatuado el tono esmeralda en el pecho.

Hace cinco meses, fulminó las esperanzas del América con un certero cabezazo. Repitió el truco, aunque los hidalguenses no mostraban los deseos presumidos por las Águilas en la final celebrada sobre el histórico césped del Coloso de Santa Úrsula.

Gestas de un hombre que no acapara reflectores, pero se hace presente a la hora cero, justo cuando su amado León más le requiere. Genuina fiera.