Vuelo a la gloria

Deportes 18/06/2014 01:30 Actualizada 09:10

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Chico de rizos eternos que tiene tantos fans como detractores. Querido y odiado, parece que ayer encontró, por primera vez en su carrera, que el medio futbolístico nacional se rindiera ante él.

Guillermo Ochoa vivió durante muchos años condenado a la suplencia en la Selección Nacional. El banquillo se volvió su azote en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.

Cansado de verse relegado, hizo una apuesta, la que le cambió la vida: se fue a Francia para jugar con el humilde Ajaccio, con una maleta llena de retos e ilusiones. Su premio, ser titular en Brasil 2014, para demostrarle a la Verdeamarelha, Neymar y al resto del mundo, que le pueden llamar Paco Memo, La Muralla, Ochoa.

“Esperó el momento, dos Mundiales y al ver que no la tenía [la titularidad en el Tri] decidió abandonar la zona de confort [jugar en México] para prepararse, estar tres años en Europa mejorando para poder jugar un Mundial”, recuerda su representante, Jorge Berlanga.

Tenía 18 años cuando debutó con el América, en 2003. Su rostro lucía más como de uno de los típicos galanes juveniles de telenovela que el de un hombre encargado de resguardar el arco de uno de los clubes más importantes de México.

Reflejos, plasticidad y espectacularidad en cada una de sus atajadas. Llamaba la atención que un chico de su edad pudiera frustrar delanteros con tanta facilidad.

El único pendiente era el juego aéreo. Las salidas por alto, su defecto más marcado. Era el señalado para ser el titular con las Águilas, pero comenzó su larga pelea por convencer a todos. Óscar Ruggeri prefirió a Sebastián Saja y devolvió a Ochoa a la suplencia.

Tras el cese de El Cabezón, Memo se convirtió en el portero azulcrema. Más que eso, fue el pilar de su equipo con el que conquistó el título en el Clausura 2005.

Así, se ganó el derecho de ser llamado al Tri para Alemania 2006. Era el portero del futuro para México. Sudáfrica 2010 era su Mundial, aunque Javier Aguirre decidió que fuera Óscar El Conejo Pérez el meta nacional en esa justa.

Ochoa vivió la desilusión más grande de su trayectoria. No se quebró, siguió adelante. Su sueño de ser un portero estelar en una Copa del Mundo fue más grande que la depresión por una suplencia.

Por eso se fue con los Osos de Córcega. Poco le importó que fuera un equipo chico, porque Europa lo seguiría más de cerca.

“Logró revertir una situación que muchos veían imposible: aprender de la experiencia pasada, del último Mundial y por ese conocimiento y experiencia logró hacer buenas actuaciones”, alaba Berlanga.

Su brillo en la Ligue 1 gala ayudó a Paco Memo a ganarle la carrera por la titularidad en el Tri a Jesús Corona para Brasil 2014 para sorpresa de sus acérrimos críticos.

“Es mérito de él y del reconocimiento de que Miguel [Herrera] le dio la oportunidad de mostrarse. Es una muy larga historia, todo lo que pasó Memo”, dice su agente.

Ayer, Ochoa tuvo la mejor actuación de su carrera, según el propio guardameta. Silenció críticas, ahogó cuatro veces el grito de gol a Brasil, Neymar y compañía y se ganó la etiqueta de “héroe nacional”.

“Memo —se comprobó— anda en un momento espectacular. Lleva trabajando muchos años por este momento y hoy se le compensa un poco todo su trabajo”, expresa el orgulloso representante.

Guillermo Ochoa alcanzó su clímax futbolístico, ese que encontró después de convertirse en una muralla mexicana ante los ojos del mundo en Brasil 2014.