La Comarca Lagunera le hace el feo al Tri

Deportes 17/10/2012 01:16 Actualizada 08:05

TORREÓN.— No es el verde de siempre. Éste lastima un poco la pupila y demasiado el corazón de quienes creyeron que la presencia del Tricolor en La Comarca Lagunera sería todo un éxito.

El “efecto Azteca” se extiende hasta el estadio Corona. Muchas butacas vacías, demasiadas para un cotejo de eliminatoria mundialista. Sí hay verde en las gradas, pero los tonos fluorescentes desnudan la falta de público. Cada sitio sin ocupar es una daga en el corazón de los organizadores. La entrada apenas supera los 20 mil espectadores.

Quienes asisten cumplen con su parte. Alientan, presionan a los salvadoreños y gozan, mas la hoguera no termina de prender. Falta esa chispa que suele mutar en incendio, cuando se juega en el Cuscatlán.

Hay cierta hostilidad con La Selecta. Muy lejos del nivel que suele presentarse en San Salvador, aunque el mexicano Juan de Dios Castillo y sus futbolistas sienten que son visitantes desde que salen del hotel en el que se concentran, por más que intentan pasar desapercibidos al trasladarse en un camión pintado de verde y blanco.

El himno nacional visitante no es abucheado, hasta se aplaude. La petición de José Manuel de la Torre y varios de los jugadores tricolores encuentra respuesta entre los laguneros. Las heridas al orgullo generadas en Centroamérica son demasiado profundas, aunque el civismo es mayor.

Desierto coahuilense, oasis de la pasión por el carismático chico que no porta su apellido en la espalda. El sobrenombre le es suficiente en muchas regiones de México… No en La Comarca Lagunera.

La magia que envuelve a Javier Hernández le alcanza para robar algunos suspiros en las tribunas del Corona, mas el verdadero emperador de los sentimientos es un hombre que creció rodeado del extremoso clima y tormentas de arena que caracterizan a Torreón.

Velada en la que no hay espacio para El Chicharito, al menos no de inicio. El “niño consentido” del futbol mexicano no lo es en el hogar del Santos Laguna, donde Oribe Peralta cumple los roles de ídolo, ejemplo a seguir y hasta “Don Juan”, pese a que Hernández ingresó al top ten de goleadores de la Selección.

Basta que aparezca sobre el lienzo verde, para que decenas de jovencitas se desgañiten. Les queda poca voz cuando reparan en la presencia del delantero del Manchester United, quien luce tranquilo, hasta aliviado, con el secundario papel que le ha dado El Chepo.

El Cepillo funge como motor emocional del pueblo que aguardó una eternidad por esta noche. Primera ocasión que un partido de eliminatoria mundialista se efectúa en su árida tierra. A algunos, poco les importa que sea mero trámite para el combinado local.

Nadie disfruta más que la numerosa familia que observa el juego desde uno de los palcos principales. Los Peralta gozan con la noche de Oribe.

Estampas de una noche en la que sí hay verde, pero fluorescente, gracias al color de las butacas.