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Monumental abucheo a un Brasil sin chispa

Deportes 13/07/2014 00:03 Actualizada 03:30

BRASILIA.— Holanda derrotó por 3-0 a Brasil, logró la tercera plaza del Mundial 2014 y profundizó el trauma del equipo anfitrión, que no se pudo reponer al 1-7 sufrido ante Alemania en la fase de semifinales.

Robin van Persie de penalti en el minuto tres y Daley Blind en el 17 anotaron los dos primeros goles del triunfo Oranje en Brasilia e hicieron creer que Brasil podía sufrir una nueva goleada.

Aunque el anfitrión se rehizo, Georginio Wijnaldum hizo el 3-0 en el minuto 90 y provocó los silbidos y abucheos de una torcida que había apoyado al principio al equipo local.

El partido se planteaba como una necesidad para Brasil para recuperar algo de dignidad perdida en el 1-7 del martes en Belo Horizonte, mientras que Holanda tenía como objetivo ser la primera selección del país en no perder ni un partido en un Mundial, consuelo menor, ya que al final cayó en semifinales por penaltis ante Argentina.

El entrenador brasileño, Luiz Felipe Scolari, había dicho que su principal tarea desde el martes había sido recuperar a su equipo psicológicamente y por ello hizo seis cambios respecto al once del ya llamado Mineirazo.

La afición de Brasilia ayudó en esa labor al apoyar y aplaudir a los jugadores, sobre todo al ídolo Neymar, que pese a su lesión estuvo en el banquillo con el equipo.

Mucho más crítica fue la torcida con Scolari. “Gracias por 2002, pero no queremos volver a verte más”, se leía en una pancarta en alusión al título logrado por el técnico en Corea-Japón.

Los 68 mil 34 espectadores, casi todos con la camiseta amarilla, ya no fueron tan comprensivos con Brasil cuando se acabó el primer tiempo y, finalmente, explotaron contra sus jugadores para el final del juego.

Entre reclamos y silbidos murió el Mundial para Brasil, que empezó con el sueño de lograr el “hexa” en casa y acabó con 10 goles recibidos en los dos últimos partidos, una cuarta plaza y el trauma del 7-1 muy vivo.

El título de la Copa Confederaciones del año pasado parece que fue un espejismo. La renovación, casi revolución, se antoja obligatoria.