Es otro triste empate

Deportes 04/03/2013 03:53 Actualizada 10:57

El Harlem Shake en el festejo de Martín Bravo parecía el preámbulo de un gran partido de futbol. Todos los Pumas reunidos en círculo y haciendo los movimientos del baile de moda auguraba un duelo épico.

Chivas se veía obligado a la remontada, a abrirse y provocar un ida y vuelta que pudo hacer que el espectáculo se presentara en CU.

Pero algo pasa siempre entre Universidad y Guadalajara que terminan por empatar y hacer los partidos cerrados, desagradables para los espectadores. La tribuna del estadio Olímpico Universitario terminó por irse con sensación de que ambos equipos quedaron a deber.

El Rebaño sigue sin ganar a los felinos en la capital desde el Apertura 2004 y los auriazules aumentan su racha a seis juegos de Liga sin caer en el Clausura 2013.

Y cuando se abre la lata de alguno de los dos, o no tarda mucho en igualarse. Y cuando el otro se despega, acude el árbitro asistente al rescate para anular un gol legítimo del delantero auriazul y colaborar con la irremediable paridad.

Así se podría describir el Clásico del Empatito entre felinos (13 puntos) y Chivas (12 puntos), que dejó a sus protagonistas con un aire de conformidad, porque como sea suman su punto que no es malo ni bueno.

Lucha, barridas, pelotazos y una que otra triangulación. En el inicio, ambas escuadras mostraron sus argumentos para vencer.

Antonio Torres Servín y Benjamín Galindo al filo de su área técnica en la búsqueda de soluciones. El Olímpico de CU a la expectativa, con 40 mil espectadores alentando a los suyos en calma y uno que otro sobresalto que no pasó a mayores.

Entonces, de la imaginación de Javier Cortés salió un trazo largo y letal. Martín Bravo apareció solo, con los centrales del Guadalajara confundidos. El arquero rojiblanco, Luis Michel, sin saber qué hacer intentó achicar, se arrepintió y el argentino lo bombeó para el 1-0 auriazul (26’).

Chivas entendió con la desventaja que aún sin Marco Fabián debían atacar con mayor vehemencia. El mediocampista tapatió, en un palco, sonriente y platicador, no estuvo en la cancha para descifrar a Pumas.

Tuvo que venir un centro que techó a Darío Verón para que Miguel Sabah lograra definir, y la igualada se decretó (40’). Fue la primera anotación rojiblanca desde el Clausura 2011.

Como una sentencia, el empate 24 entre estas escuadras en torneos cortos se confirmó. No porque ya no hubiera goles, sino porque el árbitro asistente le quitó un tanto legítimo a Martín Bravo por un fuera de lugar que nunca existió.

Ya no hubo otro Harlem Shake de los Pumas que cambiara la historia del partido que terminó en una gris igualada a un gol.