"La novela de la Revolución mexicana es esencialmente contrarrevolucionaria"

El crítico literario presentó en El Colegio Nacional la conferencia "Identidad nacional: de la novela de la Revolución a la filosofía de lo mexicano"
Christopher Domínguez Michael ofreció una conferencia en El Colegio Nacional. Foto: Cortesía EL Colegio Nacional
22/08/2018
05:54
Redacción
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"La novela de la Revolución mexicana es esencialmente contrarrevolucionaria" comentó el crítico literario Christopher Domínguez Michael ayer por la tarde en El Colegio Nacional.

Durante la conferencia titulada "Identidad nacional: de la novela de la Revolución a la filosofía de lo mexicano", Dominguez Michael ahondó en la estrecha relación que tuvo la Revolución mexicana en la formación del canon literario de la época y analizó la obra de Mariano AzuelaMartín Luis Guzmán, José VasconcelosJosé Revueltas Daniel Cossío Villegas, así como la importancia del grupo Hiperión y de Octavio Paz en el pensamiento de lo mexicano.

El crítico literario estableció que la literatura de la Revolución mexicana tuvo dos momentos: “el de los protagonistas decepcionados ante el horror de lo que no entienden”, y un segundo momento en los años 50 en el que, mediante el ensayo filosófico, se convierte en una literatura de la indagación nacional.

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“Así como la idea de la Independencia en 1810 ha cambiado muchísimo en los últimos 50 años, en toda la historiografía española y mexicana, en el caso de 1910 también hay una polémica muy rica entre escuelas revisionistas en conflicto”, determinó Domínguez Michael, quien aclaró que aunque el discurso nacionalista de la Revolución mexicanaapareció con Obregón y Cárdenas, sí existía desde Madero la idea de que se estaba viviendo una transformación histórica.

Desde la perspectiva de la narrativa, el integrante de ECN destacó las novelas "Los de abajo" (1915) de Mariano Azuela, "La sombra del caudillo" (1929) de Martín Luis Guzmán y los tres primeros tomos de la serie autobiográfica de José Vasconcelos: "Ulises Criollo" (1935), "La tormenta" (1936) y "El desastre" (1938). “Si en Azuela tenemos a un testigo de primera línea de lo que es la guerra civil por dentro, en Guzmán tenemos a un observador de cómo funciona la política”, especificó el colegiado. Concluyó que “tenemos la paradoja de que la novela de la revolución mexicana es esencialmente contrarrevolucionaria”.

Según comentó Domínguez Michael, la filosofía de la identidad nacional, que busca la respuesta a cuál es la esencia psicológica de los pueblos, “creó una serie de arquetipos, como el amor a la muerte, la guerra, la destrucción y el fracaso, que se van distribuyendo bastante similarmente en casi todos los países, desde Argentina a la India, e incluso en  España”.

El colegiado continuó desarrollando que la obra de Octavio Paz, "El laberinto de la soledad" (1950) fue una consecuencia y una respuesta a la filosofía de lo mexicano, destacando que Paz propuso una perspectiva en la que la explicación de lo mexicano no está en su esencia, sino en la historia. “Paradójicamente, la gran propaganda de la Revolución mexicana como un acontecimiento existencial y trascendente viene de" El laberinto de la soledad”, prosiguió el integrante de ECN, “ya que en esta obra Paz la reconoció como un paso superior en la lucha de México por la civilización”.

“Así pues, la filosofía mexicana terminó por respaldarse en la Revolución, a la cual le atribuyó el sentido de que el mexicano se encontrara consigo mismo”, concluyó Domínguez Michael.

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