Y si fracaso, ¿qué?

Eli Martínez

"Es necesario correr riesgos, decía. Sólo entendemos del todo el milagro de la vida cuando dejamos que suceda lo inesperado”.

 

Paulo Coelho

 

¿Por qué no tomamos riesgos a pesar de existir grandes oportunidades? ¿Cómo correrlos con éxito?  “No decidir” es una decisión que también tiene consecuencias. Conoce el origen de los miedos más comunes.

 

  1. Temor a perder el afecto: ¿Qué tal si me pongo a trabajar y se enoja mi esposo? ¿Qué tal que me salgo de trabajar y  pongo mi negocio, pero no me va bien y mi esposa me pide el divorcio? ¿Qué tal que les digo a mis papás que quiero ser mú[email protected] y se enojan conmigo?

Para los latinos, es sumamente importante el sentir que pertenecemos a nuestro grupo social, el no perder el afecto de nuestros seres queridos, pero en aras de complacer a los demás, nos traicionamos a nosotros mismos.

2.       Temor a perder el control: ¿Se acuerdan de la película “Click” perdiendo el control? El control es una fantasía, ya que no tenemos la certeza de absolutamente nada. Recuerda que la incertidumbre es una constante en la vida.

3.       Temor a perder la ilusión: He estado esperando por tanto tiempo irme a vivir a otro país, que si me voy y no es lo que espero, me voy a sentir muy defraudado. O, por ejemplo, “yo sé que el negocio que estoy planeando va a ser un exitazo”, pero, si no lo es, me voy a sentir muy decepcionado de mí. Lo llamo el efecto “Penélope”, ¿te acuerdas de esta canción de Joan Manuel Serrat? (Y se quedó, con su bolso de piel marrón y sus zapatitos de tacón, sentada en la estación…). Si te quedas con el sueño, la esperanza sigue viva; si lo haces, da miedo perder esa ilusión, que es, a lo único que te aferras.

4.       Temor a no ser tan bueno como los demás: La herida de comparación es de las que más profundas huellas en el ser humano, ya que genera mucha vergüenza. “Se van a reír de mi”, “lo que hago no es lo suficientemente bueno”, “no sirvo”, “no puedo”, “no soy capaz”.

5.       Temor a llegar al punto de no regreso: Si renuncio a este trabajo y no me va bien, ya no voy a poder regresar. Si me divorcio y me arrepiento, no voy a poder regresar con mi ex. Si me caso ya no hay vuelta de hoja. Como dijo Hernán Cortés cuando quemó las naves a llegar a tierras mexicanas: “Afrontamos la responsabilidad de conquistar estas tierras o morimos”.

Ante esto, tenemos dos posibles ópticas:

·         La visión de embudo, es decir, “no hay salida”, o es blanco o es negro.

·         La visión del abanico: Nos abre al mundo de las posibilidades. A toda una gama en la escala de grises. Es decir, ante una misma situación, me doy cuenta que puedo optar por múltiples opciones que pueden funcionar o no, desde las más ridículas, hasta las más viables.

 

A estas dos ópticas, se les conoce como el punto de vista del observador, donde ves los problemas como cuestiones insolubles o como desafíos a resolver. ¿Qué le da poder a las cuestiones insolubles? “La impotencia”. Es decir, no puedo con esto que la vida me demanda. Cuando permitimos que la emoción tome el control de nosotros, estamos en problemas, ya que nos sentimos rebasados ante las amenazas reales o imaginarias. Es importante cambiar la desconfianza por la confianza, la inseguridad por la seguridad, la esperanza contra la desesperanza. En este sentido, el tener una vida espiritual, es fundamental. “Más vale tentar a dejar de intentar”. ¿Qué es lo peor que puede pasar?, ¿que fracases?

Como le dijo a Michael Jourdan su mamá al no ser admitido en el equipo de baloncesto: “Deja ya de lamentarte y lucha por lo que quieres”.

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