¿Y el pago de favores y el chapulineo?

Niels Rosas Valdez

En el marco del registro y elección de candidaturas por parte de partidos políticos en Querétaro, recientemente proliferó la acusación hacia Arturo Maximiliano García Pérez, de ser un oportunista y carecer de historial político de izquierda, lo que lo imposibilitaría para obtener su buscada candidatura de Morena para contender para la presidencia municipal de la capital. Son interesantes los argumentos que se tejen en torno a esta declaración. ¿Son correctas estas acusaciones? ¿Qué se puede comentar al respecto?

Las elecciones de junio, que se están convirtiendo en las más grandes de la historia de México, han despertado el interés de muchos actores políticos para contender en ellas y obtener un cargo de elección popular. Precisamente esta situación ha levantado por meses mucha especulación acerca de qué persona será la candidata o candidato de tal o cual partido para tal o cual cargo público. Hoy en día conocemos con mayor certeza, aunque no de manera definitiva ni completa, este particular panorama.

En este escenario se inserta García Pérez, quien hace poco más de tres semanas se registró como precandidato por Morena a la presidencia municipal de Querétaro. Como ciertamente sucede dentro de los partidos políticos, la pugna por obtener su reconocimiento y apoyo no se ha hecho esperar, empujando a actores políticos a argumentar a favor de una candidatura y en contra de otras. Estas situaciones son naturales y forman parte del ejercicio democrático, lo debemos tener presente. Sin embargo, a pesar de ello, es menester revisar tales argumentos para comprender su validez.

Algunos actores políticos de Morena han rechazado la candidatura de García Pérez a la presidencia de Querétaro colocando como su argumento principal el hecho de que dicha persona ha ostentado cargos públicos en administraciones panistas de Querétaro, evidenciando ser un político ajeno al partido y a la izquierda. Sin duda tiene sentido este argumento y, a decir verdad, podría ser uno muy válido que mermara tal candidatura. No obstante, pongamos un poco de perspectiva.

Hoy en día, más que nunca, Morena ha aprobado y apoyado candidatos hombres y mujeres ajenos al partido y que han caído en sus filas a raíz del “chapulineo” para contender por cargos de elección popular ahora en junio. Personas sin cercanía a la izquierda —que dice tener el partido— se han incorporado al movimiento producto de pactos, acuerdos y pago de favores en todo el país. Por ende, no es raro, por más desleal que esto sea, que se presente una situación de esta naturaleza en la que políticos sin identificación al partido participen representándolo en los comicios.

De la misma manera, el “chapulineo” es una práctica que no sólo se presenta dentro de los gobiernos de los partidos gobernantes, sino en los mismos partidos políticos. Personajes del PRD se han ido al PRI, y otros de este partido se han ido al PAN, entre otros ejemplos, y eso es precisamente lo que ha estado pasando con Morena en su existencia, aunque con mayor vigor en la actualidad de cara a las elecciones.

Y  lo peor para el partido, para propósitos de generación de identidad y de comprobar que son realmente diferentes, es que a aquellas personas que reciben por “chapulineo” se les permite y se les apoya para participar en elecciones. Ejemplos de estos apuntes hay varios y en el mismo Querétaro se puede ver. En vez de que los dirigentes de Morena apoyaran a personas más identificadas con el partido, como Gilberto Herrera y Santiago Nieto, decidieron apoyar a Celia Maya para la gubernatura del estado, quien tiene su pasado en otras administraciones. Por ello, el argumento mencionado anteriormente carecería de [validez] teniendo en la mesa la práctica del partido.

 

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