Votum

José Sobrevilla

¿Sabe usted lo que le costó a la mujer ganar su derecho al voto?

Viene del latín votum y es la expresión de una preferencia ante una opción. Ya sean buenas, malas o peores las opciones, hoy los más de 88 millones de integrantes del padrón mexicano tendrán la posibilidad, desde las ocho de la mañana, de desfilar por las urnas para elegir presidente, alcaldes, diputados, senadores, gobernadores, etcétera. Hoy su majestad el voto será la voz cantante del día y su importancia es tal que la hoy morenista Tatiana Cloutier publicó un Manual para defender y cuidar el voto.

Llegaremos a las urnas conscientes de las limitaciones del poder del voto y, de acuerdo con nuestro criterio, elegiremos la opción que reflejará nuestro derecho a exigir quién sí y quién no. Aunque conscientes estamos de que nos deben una reforma federal electoral integral para que realmente votemos por nuestros representantes y no por las imposiciones de partidos y políticos.

Según el INE, para esta elección solicitaron inscripción al padrón electoral 90 millones 135 mil 83 ciudadanos, pero en la lista nominal quedaron solamente 89 millones 118 mil 542. De éstos, 42.93 millones son hombres (48.18%) y 46.18 millones, mujeres (51.82%). De esta lista, 40% son jóvenes, quienes podrían decidir la elección.

Nadie duda que en el padrón las mujeres son más que los hombres; sin embargo, ¿sabe, usted, lo que le costó a la mujer ganar su derecho al voto?

Los registros señalan que todo empezó entre 1884 y 1887, cuando la revista femenina Las violetas de Anáhuac, que dirigía Laureana Wright González, planteó en su primer número la exigencia del voto femenino. Su cabezal destacaba: Periódico literario redactado por señoras. Después, en 1910, las Hijas de Cuauhtémoc se unen a Francisco I Madero y detona el Primer Congreso Feminista en Yucatán durante el gobierno del general Salvador Alvarado. Pese a ser ignorado, de ahí salió el otorgar el voto ciudadano a las mujeres.

Después, en 1917, nació la Ley de Relaciones Familiares, que estipulaba la igualdad entre hombres y mujeres en el hogar: “A trabajo igual, corresponde salario igual, sin distinción de sexos”.

La Sección Mexicana de la Liga Panamericana de Mujeres convocó, del 20 al 30 de mayo de 1923, al Primer Congreso Nacional Feminista, en el que exigía igualdad civil para ser electas a cargos administrativos y el decreto de igualdad política y representación parlamentaria para agrupaciones sociales.

Dos meses después, el 13 de julio, Aurelio Manrique, gobernador de San Luis Potosí, expide el decreto que concede el voto a la mujer potosina y la faculta para ser elegida en elecciones municipales, derecho perdido al año siguiente (1924). Sin embargo, en 1923 surgieron las tres primeras mujeres electas diputadas al congreso local de Yucatán: Elvia Carrillo Puerto, Raquel Dzib y Beatriz Peniche de Ponce. También Rosa Torre fue electa para regidora en el ayuntamiento de Mérida.

Fue hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas cuando se lanza la iniciativa de reforma al artículo 34 de la Constitución, en el que por primera vez se solicitó el derecho a la mujer de votar y obtener cargos de elección popular. Pese a ser aprobada por ambas cámaras, no se hizo la declaratoria de reforma constitucional. Fue hasta el gobierno de Miguel Alemán, el 17 de febrero de 1947, cuando se publicó en el Diario Oficial la reforma al artículo 115 constitucional, que otorgaba el derecho a las mujeres de votar únicamente en las elecciones municipales.

El 24 de septiembre de 1953 fue aprobada, con 42 votos a favor y uno en contra, la iniciativa en el Senado, pero fue hasta el 17 de octubre de 1953 cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma al artículo 34 de nuestra Constitución Política. Para el 3 de julio de 1955, las mujeres mexicanas ya estaban emitiendo su voto por primera vez en las elecciones federales para integrar la XLIII Legislatura del Congreso de la Unión.

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