Voto razonado para asegurar bienestar social

Jesús Rodríguez Hernández

El voto útil no funciona bajo este escenario.

Faltan 59 días para la jornada electoral en la cual elegiremos, entre otros cargos de elección popular, al presidente de la República. Algún candidato está llamando al voto útil de manera insistente. La idea del voto útil responde a la necesidad de atraer algunos de los electores y algunos de los líderes políticos, de cada partido, para posicionarse de cara a la elección. Se cree que los votantes que vean que su primera opción no tiene posibilidad de victoria, elegirán al “segundo menos malo”.

Para el maestro Felipe de la O López, especialista en demoscopía y opinión pública de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “la estrategia es posicionarse como el segundo viable”.

Ahora bien, los votantes tienen el deber de ejercer el derecho de emitir su sufragio. Como electores tienen una responsabilidad colectiva, vivimos en un mismo territorio y compartimos determinadas circunstancias, intereses, normas, hábitos, cultura, etc., tenemos problemas e intereses comunes; al sufragar se aprueba lo que se está haciendo bien, invalidar las políticas que hacen daño, elegir a los líderes con intereses colectivos por encima de los personales y expulsar del escenario público a quienes no respetaron la cosa pública.

El voto útil no funciona bajo este escenario. Por lo general, la decisión de votar se toma en razón de la información que le llega al electorado, pues pocos analizan las campañas y las propuestas. Los electores necesitan contrastar esta información con hechos reales, es decir, el desempeño de los candidatos y su actuación en el pasado.

Lamentablemente, a pocas semanas de las elecciones, las encuestas y el clima general en los diversos espacios sociales, nos permiten deducir que la sensación dominante es el enojo.

Las personas están enojadas o desesperanzadas por muy diversas y contradictorias razones. Algunos candidatos se manejan como mesías que vendrán a poner orden en el país. Con sus discursos y manifestaciones causan ansiedad y agresividad. Estos niveles de agresividad difícilmente nos ayudarán a tomar las mejores decisiones.

Sin duda alguna, esto es un reflejo de que el tejido social ha sido afectado por varias circunstancias, será uno de los principales retos para quien asuma la presidencia de la República. La población exige que no se infrinja la ley, que se acabe con la corrupción, que se transparenten los recursos públicos y el patrimonio de los que están en el ejercicio de la función pública y los que estuvieron, si se quiere avanzar y crecer, sin duda, se debe aplicar la ley a todos por igual.

La opinión de varios expertos que el perfil del próximo presidente de la República debe tener “sincera capacidad de autocrítica y de identificarse, no con los enojos, sino con las sentidas y profundas aspiraciones de los ciudadanos del país para convertirlas en realidades”.

La sociedad, aparte de lo anterior, quiere un presidente sensible, que conozca y asuma las grandes transformaciones que la sociedad mexicana requiere, que sea capaz de consolidar lo que sí funciona e instrumentar innovaciones ante los nuevos retos, sin inventar soluciones falsas o simples.

De las opciones que hoy tenemos los electores, considero que José Antonio Meade es quien reúne esas características Para gobernar el país en beneficio de todos, para integrar, dirigir, para definir e instrumentar estrategias y programas que protejan los intereses de los más vulnerables, para enfrentar los intereses de quienes quieren abusar, para combatir a los delincuentes, se requiere de capacidad, experiencia, talento, pasión, valor y honestidad.

José Antonio Meade, cuenta con los valores que pide la ciudadanía: preparación, experiencia, honestidad y empatía. Sabe que sumando y atrayendo el voto razonado se gana la elección para contribuir a la estabilidad social

Puede que tomar la decisión resulte difíciles, pero el mensaje general está claro: hay que emitir un voto razonado para asegurar el bienestar social.

“No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes”

Benito Juárez García

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