18 / junio / 2021 | 00:13 hrs.

Volviendo posible lo imposible (Primera parte)

José Manuel Presno Ozaeta

Hoy amanecí más inspirado en temas motivacionales que organizacionales por lo que les comparto algunas reflexiones de lo que he vivido en los últimos meses.
Hace un poco más de año y medio que dejé la vida corporativa para acercarme a mi familia, dedicarme a lo que me gusta hacer al mismo tiempo que tomé las riendas de mi tiempo y vida emprendiendo en mis proyectos profesionales y personales. Comparto algunas ideas para quien esté en este camino o pensando (o dudando, según el caso) en seguirlo.

Lo primero que viví fue un fuerte cuestionamiento sobre aquello a lo que me dedicaba. Mi trabajo en verdad me agradaba. Fue un gran reto. Mi última experiencia en corporativo fue de lo mejor. Empresa sólida, puesto directivo, ingresos atractivos, buenos compañeros y colaboradores, sin embargo siendo sincero, algo no me llenaba. Por otro lado, aún y que tenía un buen desempeño, tampoco cumplía al 100% con las expectativas que la empresa y mi jefe esperaban de mí. Varias ideas me rondaban diciéndome con más frecuencia, “Esto no es lo tuyo, ¿A qué vine a esta vida?, cuanto envidio a las personas que saben sin dudar cuál es su pasión, ojo que el tiempo corre y ya no eres tan joven”. Por otro lado, se juntó una necesidad que me empujaba a tomar decisiones fuertes de vida. Vivía en Ciudad de México y mi familia en Querétaro. Esto fue “manejable” durante un par de años, pero la sorpresiva noticia de la llegada de un nuevo integrante a la familia, puso fecha para mi cambio de vida. Criar un hijo más sola, no estaba en las prioridades de mi esposa y regresarlos a vivir a la gran ciudad, tampoco sonaba una buena opción. Estas dos razones sumadas a mis cuestionamientos de aquello a lo que me quería dedicar, hicieron la mezcla perfecta para empujarme a tomar decisiones drásticas sobre mi futuro. Si bien los meses subsecuentes no fueron los más agradables, si fueron reveladores y cruciales en mi vida. Algo que puedo compartirte, es que cuando estás en esta búsqueda, suceden hechos que nunca imaginas posibles. La información y gente que pueden ayudarte a encontrar tu camino, llegan de una manera inusual. Tus sentidos se conectan como nunca. Además del análisis y enfoque que normalmente usas para darle forma a tus proyectos, disparas un sentido que típicamente no utilizas o decides no escuchar por creerlo inexacto y etéreo: la Intuición. Esta despierta y empiezas a tomarla cada vez más en serio y te das cuenta que puedes utilizarla como un GPS interno que te guía y que sientes que no hacerle caso, es ir en contra de ti mismo. ¡Una verdadera locura!

Al mismo tiempo, te enfrentas a tu peor enemigo. El Miedo. Este te hace dudar de todo escenario que implique cambiar tus viejos patrones. Te recuerda cada 5 minutos, tus más férreas creencias. Que has escuchado toda tu vida que arriesgarse es de tontos, que más vale malo conocido que bueno por conocer, la infinidad de responsabilidades que hoy mal que bien cumples con tu situación actual, que es cómodo vivir con un fondo de retiro y una pensión segura, etc. A mi punto de vista, no todo individuo lleva en su sangre la paciencia, coraje y valor para emprender, sin embargo estoy seguro de que todos tenemos una misión y habilidades particulares por las cuales estamos aquí. Estas sumadas a querer hacer las cosas con pasión, te hacen ver que una vez que encuentras tu misión de vida y esta te hace sentido, no puedes darle la espalda, de otra forma te estarías engañando a ti mismo…

*Instructor vivencial y conferencista de vida.

Comentarios