Vidas paralelas (3) | Querétaro

Vidas paralelas (3)

Filiberto López Díaz

Mi paso por el PAN me dejó algunas negras experiencias y pocas positivas y satisfactorias. A mediados de los 80s un grupo de 10 empresarios de San Jun del Río después de que el suscrito había impartido una conferencia sobre Derecho del Trabajo en ese municipio, me llamó aparte para preguntarme si procedía ampararse, contra el elevado costo del agua que, el recién estrenado gobierno del PRI les impuso. Contesté afirmativamente y se me encargo la representación empresarial en dicho amparo, con la aclaración de que, inmediatamente en Juez de Distrito nos otorgó la suspensión provisional y el gobierno del estado, no podía cobrarles de momento. A una semana, uno de mis clientes me citó en la empresa, pues el contador de la misma y el jefe de recursos humanos, en complicidad, estaban pagando tiempo extra y bonos de productividad a 20 trabajadores sindicalizados a los que por supuesto le cobraban moches, pues no le correspondían dichos pagos. Hice acopio de pruebas y presenté en el ministerio público la denuncia de hechos correspondiente. Con una copia certificada de la denuncia, reuní en una de las salas de juntas a los 20 trabajadores y a los empleados “de confianza” y les di a escoger; firmar en ese momento su renuncia con el pago de sus partes proporcionales o citarlos en el ministerio público para iniciar el procedimiento en su contra. Todos firmaron sus renuncias.

Posteriormente, cinco “distinguidos” panistas llegaron a mi despacho y con el argumento de que, a diario leían mis editoriales en la prensa y sabían del amparo presentado, me ofrecieron ser candidato a la presidencia municipal. Quedé en resolverles en dos semanas. Al tercer día, recibí la llamada, para que me presentara de inmediato con el secretario General de Gobierno; me pasaron a su despacho, él estaba terminando una conversación telefónica en la que ordenaba a su interlocutor, “instalar madera negra para su nueva casa”. ¡Obvio, ya vivía del erario público! Ni bien me había sentado frente a su escritorio, cuando a gritos me amenazó letalmente y me dijo “que ya sabía en donde vivía y quienes eran mis familiares, que más me valía dejar de enfrentarme al gobierno y que, ¡Me cuidara! Supongo que el joven gobernador priísta, un intelectual de primera y quien llegó a ser secretario del Trabajo y embajador en dos países, no conocía todo lo anterior o tal vez su secretario actuaba por órdenes de él. Mi familia tuvo que irse por un tiempo de Querétaro. (Continuará)  

Especialista en Derecho del Trabajo, 
Certificado por el Notariado de la Unión Europea. 
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