Vidas de perro

Jaime Septién

El escritor británico Robert Louis Stevenson decía que la política era “la única profesión para la que no es necesaria la preparación”. Mientras que el novelista Rudyard Kipling, autor de El Libro de la Selva, escribió que el político llevaba “una vida de perro pero sin caricias”. Por otro lado, el economista canadiense John Kenneth Galbraith calificó las elecciones como “la capacidad que tiene el pueblo de elegir lo menos malo de lo malo”.

Las tres opiniones demuestran que en todos lados la política, el político y el método mediante el cual se elige a este personaje para que ocupen una función administrativa o legislativa, es visto con recelo. Con duda. En ocasiones, con coraje. La improvisación y la avaricia de algunos políticos han hecho su obra.

¿Es ésta la visión de la política, de los políticos y de las elecciones que nos puede conducir a un mundo mejor? Obviamente, no. La desesperanza y la indiferencia lo que hacen es echarle petróleo al fuego de la desigualdad social.

Entiendo muy bien que en Querétaro, pueda haber una sociedad agraviada, una comunidad a la que le han ido quitando ilusiones, imaginación y libertad. Pero lo que no puedo entender es que a un Estado al que le costó la democracia tanto esfuerzo, tanto dinero público, la esté dejando perder o esté dispuesto a cambiarla por baratijas mercadotécnicas, por sondeos de opinión y por encuestas.

La sociedad queretana, su historia, sus tradiciones, su moral, a la que muchos dicen pertenecer pero que viven como si no existiera, a la que muchos tildan de troglodita, retrógrada, amañada y sinvergüenza porque no la conocen o solamente pretenden conocerla en sus extremos más rudimentarios, más hundidos en las pasiones humanas, la sociedad, cuyo origen es natural, tiene una mirada fresca y una voz muy poco escuchada, entendida o leída sobre la política. Una mirada que proviene de la experiencia de miles de mujeres y hombres comprometidos con el servicio a los demás y que puede, si nos disponemos a tomarla en cuenta, transformar las conductas aún en este campo tan resbaladizo y lleno de trampas.

El ciudadano comprometido de Querétaro no pertenece a un planeta diferente, no es un marciano venido de lejos Es alguien que está sumergido en la realidad y es solidario con sus hermanos; es alguien que debe tener una respuesta profunda ante los acontecimientos de su entorno, en fin, es un ser de carne y hueso decidido a buscar el entendimiento, el diálogo y la reconciliación en cualquier lugar donde se encuentre.

Procurar el bien común quiere decir eso, no otra cosa: quiere decir que hay una verdad y un vínculo que une a los hombres; quiere decir que los hombres están sujetos entre sí por la solidaridad y que existe un dimensión ética, una sustancia moral, que no puede ignorarse cuando se habla de “hacer política”: que el ciudadano comprometido está listo para no dejar que el ruido de los malvados triunfe sobre el silencio de los buenos. La política es una actividad noble. Bien vista y entendida, es la más noble de todas las actividades, pues es la manera como todos podríamos vivir con bien y vivir juntos.

Que la han enlodado los partidos y los funcionarios no cabe duda. Pero ni nos debe asustar ni nos debe hacer que nos echemos para atrás. Hemos de mirar hacia dentro de la sociedad misma, no hacia el poder. Vinculados en lo esencial, la política nos pertenece a nosotros. Y no a los que llevan vidas de perro, pero sin caricias.

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