Verdad, buena y necesaria.

Rodrigo García Santana

¡Cuántas veces los seres humanos estamos sumergidos en el que dirán? Estamos la mayor parte del tiempo preocupados por lo que dicen de nosotros y no por lo que realmente hacemos. Es más, alguna vez una amiga me dijo que: “una mujer no se arregla para un hombre, si no que se arregla para otra mujer”. Todo ello dentro del círculo del qué dirán. En mi punto de vista considero que no le falta razón al dicho, hasta me gustó el dicho.

Pues bien, partiendo de ahí, tenemos que decir que muchas personas son comunicativas por naturaleza, les gusta estar hablando de los demás solo por el simple hecho de ocupar su tiempo en algo, debido a que no existe otra cosa más productiva que puedan realizar. Debemos de ser conscientes que este tipo de personas son así porque, nosotros preocupados por el que dirán, les otorgamos mayor fuerza y le damos sentido a lo que requieren.

Me explico: si nosotros no diéramos el pie y les demostráramos que no nos interesa el qué dirán simplemente se irían con alguien a quien si le interese esto.

Les quiero compartir esta fábula que queda como anillo al dedo. Se titula “Las tres rejas”.

El joven discípulo de un sabio filósofo llega a su casa y le dice: -Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia.

-¡Espera! -lo interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

-¿Las tres rejas? -preguntó su discípulo.

-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. Lo oí comentar a unos vecinos.

-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

-No, en realidad no. Al contrario.

-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

-A decir verdad, no.

-Entonces..., -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Hermosa fábula que nos invita a no aceptar los comentarios hirientes de los demás. A no dar valor a lo que no es verdad, así como a no perder nuestra calidad y calidez de vida debido a que no es necesario saberlo. También debemos nosotros fomentar lo contrario en nuestro entorno a hablar cosas ciertas, verdaderas que puedan ser buenas para alguien y que sean necesarias.

Debemos dar el valor justo, a lo que lo tiene. ¿Qué esperas para practicar las tres rejas? Reflexiona y actúa.

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