Va por Juan Manuel Leal

Nuevamente nos encontramos en la letras taurinas y en esta ocasión vamos a hablar de la importancia del compañerismo en la fiesta de los toros, pues a pesar de que cada torero tiene su lucha dentro y fuera del redondel siempre debe prevalecer el espíritu de ayudar al compañero con tal de salvar en ocasiones la vida de un ser humano.

Y es que varios son las veces que un buen quite o un movimiento preciso para quitarle al toro a un monosabio a un torero herido o a cualquiera que se juega la vida en alguna tarde.

Es aquí donde quiero entrar al tema pues el día de mañana se llevará a cabo un acto de compañerismo en su máxima expresión pues todos los involucrados llevarán a bien una corrida se unirán para recaudar fondos para un amigo forcado, que se ha convertido en un hermano para los que gustan de las “pegas” y estoy hablando de Juan Manuel Leal “Rodman”, quien el día de mañana será el homenajeado en la corrida altruista que organizaron los Forcados Queretanos. Donde todas las entradas serán para el forcado que se recupera poco a poco de aquella lesión de una vértebra ocurrida en junio pasado en San Juan del Río. El cartel está compuesto por seis rejoneadores que darán gala de sus equinos para gustarse a sí mismo y al público que acuda a la Plaza de Toros Santa María de Querétaro. Los toreros a caballo son, Rodrigo Santos, Jorge Hernández Gárate, Horacio Casas, José Ignacio Corral, Mónica Serrano y Alejandro Zendejas quien le harán los honores a seis bureles de diferentes ganaderías. No podían faltar los Forcados Queretanos y otro grupo mixto de varios forcados de diferentes agrupaciones en el país.

Y es que ser forcado es todo un acto de heroísmo aunque los que no conocen les puedes llamar kamikazes y no es para menos pues he aquí la demostración de que el compañerismo y el corazón, si juegan en el mismo bando, pueden ganar las guerras más locas. Ocho hombres contra un toro. Por derecho. A cuerpo. Salen a escena los Forcados en su descabellado intento por parar, a cuerpo, un astado bravo de entre 500 y 600 kilos, un animal capaz de volcar un coche con la fuerza de su cuello. La faena es sencilla en su concepción, pero complicadísima a la hora de ejecutar. Consiste en coger al toro por los cuernos. Ni más ni menos. La acción se llama 'pegada' y tiene algo de combate grecorromano a pecho descubierto. Salen los ocho al ruedo con el paso firme y la torería suficiente para tragarse el miedo. Se sitúan en fila ante el animal, que espera en el tercio contrario de la plaza. Los ocho andan hacia la bestia poco a poco, con los pies casi juntos y los brazos en jarras sobre las caderas. El que va delante es el 'forcado de pegada', el que se las lleva todas. Avanza y cita al toro con zapatillazos en el albero. El animal se arranca hacia el mozo mientras éste retrocede para salvar los muebles del choque que se le viene encima. Es un hombre en medio de una vía que quiere atrapar la locomotor. En una hábil maniobra, se inclina hacia adelante y se acuna entre los pitones, pega el abdomen contra los rizos de la testuz y se agarra a la badana que cuelga de la garganta del bicho como el que se aferra a la vida.

El resto lo hace el compañerismo. Sus siete compadres le guardan las espaldas. Se lanzan sobre él, arrollados a su vez por la inercia de la embestida. El toro mete los riñones y cabecea. Si todo va bien, logran que el animal ceda ante el peso. El 'rabillador' tira de la cola hasta que el toro dé vueltas sobre sí mismo y los demás puedan salir.

Simplemente queda aplaudir y admirar un espectáculo que  tendrá pintes nostálgicos de arrojo y buen toreo a caballo que seguramente hará lucir la plaza el día de mañana y no importa la sangre el sudor y todo por la amistad pero sobre todos por un hermano forcado como lo es Juan Manuel Leal.

Espero sus comentarios en [email protected] y @olmochato

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