Una región de por sí violenta

Carlos Vilalta

Me parece que dos indicadores claros del éxito o fracaso de una nación, son su tasa de migración y su tasa de homicidios. Si la primera es negativa, es decir, si sale más gente que la que entra, queda claro que ese no es un país en el que la gente quiera vivir. Y si la segunda es alta, comparativamente hablando, también queda claro que ese país tiene problemas de convivencia social. Ambas tasas pueden estar relacionadas. Y una puede ser causa parcial de la otra, etc. Ambas representan el éxito o fracaso de un país.

Revisando los datos más recientes de violencia homicida en el ámbito de Latinoamérica, los cuales son de 2017 y que son compilados y puestos a disposición por UNODC, me encuentro con la noticia de que México no está entre los cinco países más violentos de la región. Admito que estaba bajo la impresión de que ya estábamos dentro, o a un paso de pertenecer a ese ranking. Pero veo que no.

No obstante, se debe considerar que Latinoamérica es la región más violenta del mundo en este indicador y que estar dentro de los diez primeros países de la región es: evidencia de un fracaso. En 2017 nos ubicábamos en el lugar 8 de los países con la mayor tasa de homicidios en la región latinoamericana; esto con una tasa de 24.8 por cien mil habitantes. Ese año estábamos casi empatados con el lugar 7 de la lista, que era Colombia, que poseía ese año una tasa de 24.9 homicidios por cien mil habitantes. A continuación, el listado de los primeros seis países con sus respectivas tasas: El Salvador (61.8), Venezuela (56.3), Honduras (41.7), Belice (37.9), Brasil (30.5) y Guatemala (26.1). Habrá que esperar a tener datos más oportunos, porque en cuanto a nuestros propios datos, sabemos que la violencia en México empeoró en 2018 y lo sigue haciendo este 2019.

¿Cuál cree usted que es el país que más ha visto crecer su tasa de homicidios en este siglo? Ningún país ha empeorado más en su violencia homicida que México. Según UNODC, pasamos de una tasa de 10.6 en el año 2000 a 24.8 ese 2017. Es decir, un incremento del 134%. Atrás de nosotros se encontraba Belice con un incremento del 128%, Costa Rica con un 95% y Venezuela con un 72%. Pero también estaban los que habían logrado reducir, al menos hasta ese año, sus niveles de violencia. Por ejemplo, destacaban los casos de Colombia (-62%), Ecuador (-60%) y Paraguay (-53%).

¿Qué explica estos aumentos y disminuciones de la violencia homicida en la región? Pobreza, ruptura familiar, desigualdad social, hacinamiento, inestabilidad residencial, falta de oportunidades de empleo, desempleo juvenil, segregación, lavado de dinero, cultura de masculinidad, narcotráfico, mercados locales de drogas, asignación ineficaz de recursos en el gobierno, sistemas de justicia penal ineficaces, corrupción policial, redes clientelistas, falta de acceso a la salud pública, disponibilidad de armas de fuego y uso generalizado de alcohol. Lista larga. Pero en este listado están las soluciones preventivas de esta violencia.

¿Por dónde empezar? Pues por algún lugar diría yo. A mi saber, son pocas las cosas que se están haciendo. Y que no nos digan que con la Guardia Nacional esto mejorará. Porque son pocos los factores problemáticos que entran en su esfera de facultades. Esta institución no podrá hacerlo todo. Lo que se requiere es un plan nacional de prevención amplio, realista, integral y bien articulado. En lo que se deciden, aquí estaremos esperando no estar ingresando al listado de los cinco países más violentos de la región más violenta del mundo.

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