28 / julio / 2021 | 09:25 hrs.

Un elefante en el Ariel

Juan Manuel Badillo

El elefante en el cuarto (citando a Alfonso Curón), sentado sobre la bonita y elegante ceremonia del premio Ariel, el martes pasado en Bellas Artes en la ciudad de México, se llama “No se aceptan devoluciones” de Eugenio Derbez.

El incómodo animal era enorme y pesado, tanto que no cabía en el bonito escenario diseñado por el director de teatro, Mario Espinosa. La bestia pesa unos 600.3 millones de pesos y 15.2 millones de asistentes que la fueron a ver a los cines sólo en México.

Los números dicen que es la película más taquillera de todos los tiempos en la historia del cine mexicano, aunque algunos, más rigurosos, dicen que es la segunda y que La India María y Cantinflas metían más gente en la salas en sus tiempos. Como sea, el bulto era de notarse.

Aun así, los invitados versus la comunidad fílmica de este país, y de los académicos de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, decidieron voltear a otros lares. La actitud de los convidados a la fiesta del Ariel fue de: todos a “chupar” en sana paz, que aquí nadie vio nada.

Que no se ignore tampoco que Derbez se negó a ser parte de la ceremonia por no haber sido elegida su película para representarnos en los premios Oscar o en los Goya por lo menos, y porque también es cierto que hacer berrinche en este país es un derecho inalienable.

Pero no era para tanto, no para negarle siquiera el derecho a la existencia a la película que conquistó poco menos de la mitad de la asistencia cinematográfica durante el 2013. El favor del escarnio, la cita informal o el chiste que se hace “como no queriendo”, por lo menos.

Acaso no es cierto que se presumió hasta el cansancio y con un orgullo a prueba de crisis fílmicas que “El crimen del padre Amaro”, de Carlos Carrera, fue hasta hace un año la más taquillera de todos los tiempos –gracias a Provida, por cierto.

No es necesario tampoco echar mano de la necedad para no reconocer que una película taquillera no es sinónimo de una buena película y que para eso están otros premios.

Ya lo dijeron, un español creo, que No se aceptan devoluciones no es otra cosa que Kramer contra Kramer, obra maestra interpretada por Dustin Hoffman, pero región cuatro, y quién es uno para negarlo o como dijo ese sabio llamado Juan Gabriel: “Lo que se ve no se juzga”.

Como en toda necia discusión, una pregunta lleva a otra, y entonces yo pregunto: ¿qué es lo que premia La Academia del cine en México (la AMACC)?, ¿la excelencia?, ¿la calidad?, ¿la perfección?, ¿la originalidad? Si es así, ¿quién puede decidir cuándo una películas es digna de un premio Ariel y bajo qué argumentos? y ¿cuál no se lo merece?

No es un asunto de gustos, sino de reconocimientos, y negar la existencia del otro –de los otros- no es lo más correcto, en este caso, una película que nos guste o no es el sinónimo de una bonanza del cine mexicano, como lo es también “Heli”, de Amat Escalante, una película pequeña de grandes dimensiones.
No se puede hablar de un “buen momento de la industria”, sin citar a “Nosotros los Nobles”, de Gary Alazraki, como también a “Qué le dijiste a Dios”, de Tere Suárez, otra ausente a los premios Ariel, o “Al ciudadano Buelna”, de Felipe Cazals, un monstruo (en el buen sentido) del cine nacional.

La postura de la AMACC fue tan clara como agua: con Derbez y su película, y mejor aún, sin Derbez y su película, la fiesta del cine mexicano debe continuar.

Pero de lo perdido lo ganado, y ahí estuvo, presente, nominada, y no premiada, la película “Nosotros los Nobles” y se vio a su director Gary Alazraki feliz porque por lo menos, “ya nos invitaron, igual y algún día nos ganamos algo”, dijo mientras sostenía, como si fuera un Ariel, el único premio que se llevó la segunda película más taquillera del 2013: un botella mezcal artesanal. FIN

* Periodista de entretenimiento con más de 15 años de experiencia.

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