Turismo negro

Natividad Sánchez

¿Alguna ocasión lo han escuchado? Es ese tipo de turismo que no debería de existir, sin embargo y lamentablemente México está en la lista de los destinos predilectos para ello. Para quienes no han escuchado mucho el término, el principal factor que llama a los paseantes es el “morbo”, el riesgo o el placer por el desastre, “curiosidad” si se quisiera llamar decentemente, pues las atracciones están estrechamente ligadas a la muerte, a lo negativo, lo macabro y en algunas ocasiones a otro sector, como el turismo sexual.

Desgraciadamente nuestro país tiene varios primeros y segundos lugares que no son de presumir, ejemplo de ello es  el segundo lugar en el mundo en turismo sexual infantil sólo por debajo de Tailandia, ranking que indudablemente no debería tener lugar  y título que no deberíamos tener.  

El “dark tourism” o “tanatoturismo” también  abarca otras vertientes, entre  ellas la visita a  sitios en donde ocurrió alguna tragedia, a nivel internacional existen puntos como los campos de batalla de Culloden, en Escocia; los castillos de Bran y Poenari, en Rumanía; zonas de desastre tanto naturales como causadas por el hombre: Chernobyl, en Ucrania; Hiroshima, en Japón y la Zona Cero de Nueva York; el monumento a la Masacre de Nankin, en China y el Museo de los Crímenes Genocidas en Toul Slengen, Camboya. 

En México el atractivo es el peligro, a muchos de los visitantes les llama la atención zonas en donde puedan sentir adrenalina: Tepito en la Ciudad de México, La Merced, e incluso un  tour para ser, sólo por unas horas, tratado como un inmigrante ilegal en la zona fronteriza de los Estados Unidos, o sumergirse en la guerrilla con integrantes zapatistas, son sólo algunos de los más solicitados. El recorrido de “inmigrante ilegal” se lleva a cabo en un parque del estado de Hidalgo, llamado Alberta, ahí reciben a los aventureros con un letrero que dice “Bienvenidos a Tucson Arizona”, los “turistas”, si así se les puede llamar, pasan hambre, frío y sed, además de ser perseguidos por actores locales y extranjeros que los tratan mal. Es decir, muchos usuarios del “turismo negro” pagan por sufrir, ¿qué turista pagaría por eso? Imaginen, vivir en carne propia la angustia de no ser atrapado por “la migra”.

Por otro lado, mucho de este tipo de turismo es ilegal, pues durante los recorridos, los paseantes tienen fácil acceso a servicios de prostitución con menores de edad que se venden como una mercancía más, y al pasar por el considerado reino de los productos piratas,  “Tepito”, pueden consumir desde perfumes de “marcas reconocidas” como Chanel, bolsas Louis Vuitton, objetos robados y armas de venta ilegal. El recorrido es llamado “Safari Tepiteño”,  incluye la vuelta por el barrio, seguridad, y comidas como las famosas “migas de la güera”, un caldo de huesos de puerco con pan blanco remojado. 

Falta mencionar sitios como la visita a los altares de la “Santa Muerte”, la Isla de las Muñecas en Xochimilco, el Museo de Tortura y la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Dejando un poco a México, en Colombia existe el recorrido por las propiedades de Pablo Escobar, uno de los narcotraficantes qué más muertes dejó en ese país. 

Queridos lectores, hay muchas cosas que no deberían de existir, y una de ellas, en mi muy particular punto de vista, es el turismo negro, ¿Ustedes qué opinan? 

*Periodista y conductora
Premio Nacional de Locución otorgado por la ANLM
Twitter @NatividadSanche

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