Tulipe

Luis de la Macorra

Mi amigo Juan y yo fuimos a desayunar al café “Tulipe”, él no lo conocía así que resultó una novedad

Bonito día, hoy es el último martes de febrero y ya se quitó el frío aunque todavía falta un mes para que entre la primavera. Mi amigo Juan y yo fuimos a desayunar al café “Tulipe”, él no lo conocía así que resultó una novedad y aunque uno sí se puede estacionar en la avenida de los Arcos, no había lugar, por lo que  tuvimos que buscar espacio en una callecita a la vuelta, ni modo.

Entramos y no había recepción. Una empleada que estaba en la entrada —como en la caja— nos dio los “Buenos días”. Nos fuimos  a sentar junto a la ventana y se acercó un mesero a ofrecernos unos pasteles de elote y café, bastante buenos. Salvaron el proceso de recepción pues ya nos habíamos molestado de que nadie nos diera la bienvenida.

El lugar es un poco chico pero tiene música suave de fondo, lo que ayuda a darle  un mejor ambiente. Los dos opinamos que este restaurante es más bien familiar. Entre los comensales no había ejecutivos de negocios, sino papás con hijos y una pareja de adolescentes que seguramente eran novios. Las instalaciones son funcionales, sin lujos.

Procedimos a ordenar nuestro desayuno, como de costumbre Juan pidió un omelette, esta vez de finas hierbas, y yo unos chilaquiles verdes gratinados, además de un jugo de toronja. 

Mientras llegaban nuestros  platillos, platicamos de la vida en general, me comentó que su suegra acababa de fallecer y estaba sola porque su suegro había muerto hace varios años. Vivían en una casa grande y como ya no vive nadie en ella, su mujer se va varias noches de la semana a vivir en ella para cuidarla. Son varios hijos los que van a heredar todo y comienzan los problemas de abrir el testamento, ver qué le toca a cada uno, repartir, vender o regalar todo lo demás. Él dice que “calladito se ve más bonito” y  por tanto, se mantiene al margen. Lo felicité por su decisión... ¡bien pensado!

Llegó el desayuno y el omelette de Juan fue sencillo pero bueno, mientras mis chilaquiles estaban bien hechos, con las tortillas fritas que mantenían su tostado, sin llegar a ser duras, bañadas con la salsa verde, ligeramente picante. El queso cubría todas las tortillas y estaba bien gratinado. 

Pedimos la cuenta y vimos con gusto que el precio del desayuno era perfectamente razonable. Nos dimos cuenta que a diferencia de otros lugares, el café “Tulipe” tiene promociones donde si pides huevos o chilaquiles con jugo o fruta, te hacen un paquete promocional 
a un menor precio, lo cual me pareció muy buena idea.

Así lo calificamos

Salimos a calificar la experiencia en el automóvil. 

 

  • Recepción, en realidad no hubo, le damos 6.

  • El ambiente concretamente familiar merece un 9.

  • Las instalaciones solamente 8.

  • El servicio bien, pero nada sobresaliente 8.

  • La comida igualmente bien pero nada especial 8.

  • El precio muy bien, le dimos un 9.

  • En resumen, fue simplemente bueno, 8.

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