Todos por el bien común

José Alfredo Botello Montes

Para que este desarrollo se dé es necesario procurar la armonía de todos los deberes sociales. A las autoridades nos corresponde, en este sentido, decidir entre los diversos intereses particulares.

Ahora que han quedado instalados las Cámaras Federales, la Cámara de Diputados local y los 18 Ayuntamientos, es necesario que todos, en conjunto, trabajemos de manera subsidiaria y solidaria, para la realización de bien común con justicia social, iniciando con los más desprotegidos.

Quienes tenemos una responsabilidad pública debemos recordar que la naturaleza del hombre en la casa común es ser social, por lo que el bien individual necesariamente se relaciona con el bien común, y éste, a la vez, redituará en el bien individual.

Por bien común es preciso entender “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección”, según lo define un documento de la Doctrina Social Cristiana de hace cincuenta años.

Para su ejercicio se debe partir primeramente del respeto de la persona humana en cuanto tal, por lo que los que ejercemos la autoridad debemos respetar los derechos fundamentales e inalienables de los gobernados. Y es obligación de la sociedad permitir a cada uno de sus miembros realizar su propia vocación, en atención de su recta conciencia y protección de vida privada y libertad de actuar.

Pero para que esto sea realidad se deben crear las condiciones con solidaridad y subsidiaridad, el bienestar social y el desarrollo del grupo miso. Para que este desarrollo se dé es necesario procurar la armonía de todos los deberes sociales. A las autoridades nos corresponde, en este sentido, decidir entre los diversos intereses particulares. Debemos facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana, esto es alimento, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, entre otros.

Toda comunidad humana finalmente posee un bien común que la configura en cuanto tal, la realización más completa de este bien común se verifica en la comunidad política. Corresponde al Estado defender y promover el bien común de la sociedad civil, de los ciudadanos y de las instituciones intermedias.

Con el cambio de época, las interdependencias humanas se intensifican, se convierten en globales, por lo que ahora debemos tender a un bien común universal, tomando como base que en cualquier lugar los seres humanos poseemos una misma dignidad natural. Esto requiere una organización de la comunidad de naciones para “[proveer] a las diferentes necesidades de los hombres, tanto en los campos de la vida social, a los que pertenecen la alimentación, la salud, la educación [...], como en no pocas situaciones particulares que pueden surgir en algunas partes, como son [...] socorrer en sus sufrimientos a los refugiados dispersos por todo el mundo o de ayudar a los emigrantes y a sus familias”, de acuerdo con el Concilio Vaticano II.

Se debe iniciar por los más pobres entre los pobres, es necesario que con generosidad todos participemos. Cada uno según el lugar que ocupemos y el papel que desempeñemos, lo promovamos, pues este deber es inherente a la dignidad de la persona humana.

Con la tarea de todos a diario, podremos lograrlo, por eso es importante trabajar en unidad una vez que se ha transitado por un proceso electoral. Por fortuna, en nuestro estado no nos dividió de manera irreconciliable y esto ha quedado demostrado en los primeros pasos de las instalaciones de los nuevos órganos de gobierno donde nadie se ha visto excluido. Envío un reconocimiento al liderazgo que tiene nuestro gobernador Pancho Domínguez, que fuera ratificado por el propio presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

 

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