19 / junio / 2021 | 16:39 hrs.

Tener un motivo o una motivación.

Alejandra Moya

Hoy en día el sueño de tener un trabajo para toda la vida se desvanece a causa de la coyuntura de México. Las empresas abren y cierran a un ritmo nunca visto. El talento humano se desplaza mucho más rápidamente que hace unos años y la globalización hace que la manera de trabajar esté cambiando.

Por otra parte, la tecnología ha hecho que en muchos casos los trabajadores sean irrelevantes. Además, la actual y creciente inestabilidad laboral (desempleo, subempleo, empleo temporal y precario) y el outsourcing que reduce los organigramas de las empresas, son razones suficientes para animarse a explorar otras opciones como medios que permitan vivir.

Es en este entorno inestable, rápido y cambiante donde ha surgido un nuevo actor: los emprendedores por necesidad.

Los emprendedores tienen toda una lista de motivos por los cuales montar una empresa representa la mejor opción. Entre estos motivos está la posibilidad de solucionar una situación personal de desempleo o alguna nueva circunstancia familiar; o la de aumentar el nivel de renta; mudarse o cambiar de lugar geográfico.

También el emprendedor constituye su empresa con el objetivo de trabajar con el cónyuge, con los padres o con los hijos o simplemente por tradición familiar. En algunos casos emprender termina siendo referente y símbolo social de independencia y hasta de prestigio social.

Pueden existir tanto motivos como puedan imaginarse. Sin embargo, tener un motivo no es suficiente. Se necesita tener una motivación interna para aumentar las probabilidades de éxito. Por eso a la hora de emprender es importante preguntarse si es que se cuenta con esa chispa tan característica del emprendedor. En ese sentido vale la pena tener en cuenta una serie de características antes de decidir emprender.

Por ejemplo, el emprendedor debe estar dispuesto a sobreponerse de las adversidades y a seguir luchando constantemente ya que muy probablemente deberá sobrevivir a temporadas con muy bajos o con nulos beneficios. Además, el emprendedor debe estar entrenado para el sufrimiento, para asumir riesgos y para enfrentarse a la incertidumbre.

Por otro lado, el emprendedor debe procurar cultivar ciertas características personales que lograrán contribuir en el alcance de los objetivos y del éxito deseado.

En ese sentido debe ser responsable, con visión de futuro y proyectar integridad. También debe ser resolutivo en la toma de decisiones y estar convencido de contar con un equipo. Pero sobre todo, debe estar apasionado de su proyecto, ya que esta pasión es la que le impulsará hacía adelante cuando se enfrente al fracaso, a los cambios y a la soledad que muchas veces acompaña al emprendedor.

Si el emprendedor cuenta con estas características probablemente tendrá el perfil para emprender con éxito. Por tanto no hay que angustiarse si no se poseen todos los conocimientos técnicos necesarios o si no se tiene el capital; o si no se es lo suficientemente joven o talentoso. Normalmente estas carencias se suplen con creatividad y con un deseo ardiente de llevar adelante el proyecto.

Ante todo lo importante es que la actividad emprendedora no sea la que elija al emprendedor, sino que sea el nuevo empresario, a partir de sus ideas y sueños, el que decida emprender. Mucho del éxito estará sustentado en la capacidad que tenga el emprendedor de alimentar diariamente la pasión que lo impulsó a dar ese gran paso.

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