Templanza social

Gerardo Proal de la Isla

En la actualidad, las sociedades en la gran mayoría de los países del mundo, continuamos viviendo una vorágine de acontecimientos que generan cada vez más confusión y desconcierto

En la actualidad, las sociedades en la gran mayoría de los países del mundo, continuamos viviendo una vorágine de acontecimientos que generan cada vez más confusión y desconcierto, al tiempo de darnos cuenta que pareciera ser una condición donde la fortaleza de los individuos se mide más por la fuerza bruta que por la inteligencia, como si al parejo de la velocidad que hoy tiene la modernidad, también hay en contraparte una regresión a un modelo cada vez más lejano a la civilización.

Basta un mero ejemplo: ver la manera como se actúa y se responde en actividades cotidianas como conducir un automóvil, lo que para algunos es más una carrera donde la seguridad propia y de terceros pasan a segundo término y prevalece el único y estricto interés de que no hay nada más importante que desplazar a los demás automovilistas e ir tras un triunfo de velocidad y tiempo que llega a costar vidas humanas, porque algunas veces vemos surgir de la nada, verdaderos conflictos que absurdamente terminan en tragedia.

O también vemos cómo un tweet o una publicación en redes destruye el prestigio y la vida misma de personas o pone a temblar mercados y divisas, con consecuencias que afectan a millones de seres humanos. Más aún, hay personajes públicos que aspiran construir y elevar un prestigio propio sobre la mayor cantidad de ruinas y escombros del ajeno.

Hoy nos preguntamos al ver crecer múltiples problemas sociales, entre otros la violencia, el crimen, la corrupción y la impunidad, ¿cuál será el mejor camino para revertirlos y ver en el porvenir de las generaciones actuales y de las que nos relevarán al tiempo, una mayor esperanza?, no sólo en la expectativa de vida, sino de calidad de la misma, aquella a la que aspiran la gran mayoría de los ciudadanos buscando acortar efectivamente la distancia entre la pobreza y la riqueza. 

Y mencionando la expectativa de vida, junto con todo lo que significa la posibilidad tener más adultos mayores, como sociedad debemos aprender a responder positivamente ante los múltiples requerimientos que nuestros ancianos tienen y que cada día son, en mayor cantidad, víctimas de las realidades que nos acongojan. Aunado a ello, es muy real también el avance y crecimiento impresionante de enfermedades como el cáncer y otras,  que literalmente muerden y devoran a las personas y a las familias, destruyendo expectativas y patrimonios, sin consideración alguna.

Contradictoriamente, en la actualidad tenemos en el entorno macroeconómico de nuestro país, mejores condiciones para enfrentar muchos de los acontecimientos que nos tienen inmersos en la incertidumbre. Para quienes hemos vivido crisis anteriores, no deja de sorprendernos cómo nuestra moneda resiste muy a pesar de los continuos golpes que allende las fronteras se afanan en asestarle. Así también, vemos que hay posibilidades reales de crecer a un ritmo mayor, siempre y cuando contemos con políticas que privilegien la inversión y la generación de empleos bien remunerados en el marco de estrategias encaminadas a fortalecer una visión de largo plazo.

Ante toda esta amplitud de circunstancias que nos llevan de un extremo a otro, se antoja que hagamos uso de una de las virtudes humanas que parecen brillar por su ausencia en diversos momentos y en mucha gente: La Templanza. Si revisamos un par de conceptos en su definición, se entiende que está relacionada con el equilibrio, la moderación y la honestidad. Con la sobriedad en las decisiones y control de las emociones.

Con el buen manejo de los impulsos. Vaya que nos hace falta recurrir a ella como sociedad para poder revertir algunos de los males que nos aquejan y encontrar soluciones positivas a muchos de los problemas.

Pero la pregunta es ¿cómo es posible inculcar en nuestros niños y jóvenes un valor que en ocasiones tarda la vida misma en adquirirse? ¿Será responsabilidad única de los padres o acaso una corresponsabilidad con las instituciones educativas? Aún más allá, ¿cómo podemos lograr que una comunidad en explosiva expansión como nuestra ciudad y su zona conurbada pueda desarrollar valores como la templanza para lograr una verdadera calidad de vida? Sería ideal buscar respuestas claras y darnos cuenta de que hay momentos en la vida de las ciudades, donde los problemas nos logran rebasar con facilidad y podría resultar prácticamente imposible resolverlos con  la oportunidad deseada.

Creo que estamos en un momento en el que nuestra comunidad debe sumar ideas y actitudes cercanas a la templanza, para beneficio de todos, en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

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