Televisa frente a los candidatos

Juan José Arreola

Si tuviéramos que calificar las tres emisiones que hasta ahora ha trasmitido Televisa de su programa Tercer Grado,

Si tuviéramos que calificar las tres emisiones que hasta ahora ha trasmitido Televisa de su programa Tercer Grado, tendríamos decir que han sido disparejas, si lo vemos desde el ángulo inocente o condescendiente, o, por el contrario, altamente politizadas, si lo observamos desde la visión electoral y de interés empresarial de la televisora.

El ejercicio de este programa congrega a siete periodistas que laboran en dicha empresa, quienes tienen el objetivo de polemizar con el invitado a la reunión —en este caso, los candidatos presidenciales— en torno a su plan de trabajo, su propuesta política y, claro está, sobre los cuestionamientos que se han realizado de su trabajo o trayectoria.

Trato preferencial. Los tres programas, en que han tenido como invitados a Andrés Manuel López Obrador, a José Antonio Meade Kuribreña y a Ricardo Anaya Cortés, han sido disparejos en el comportamiento del grupo de periodistas.

Tengo la sensación de que Televisa vislumbra que el que tiene más probabilidades de ser el próximo presidente de México es el tabasqueño, postulado por la coalición Juntos Haremos Historia.

El diálogo de los periodistas con López Obrador fue más allá de la tolerancia; rayó en lo “consentidor”. Ninguno de los asistentes se atrevió a interrumpir, a cuestionar los dichos del candidato e, incluso, ni a alzar la voz. Lo dejaron hablar al ritmo que Andrés Manuel consideró pertinente y sobre los temas que quiso.

Fue diferente el trato para el abanderado de la coalición formada por el PRI el PVEM y el Partido Nueva Alianza, Meade Kuribreña. Simplemente, para mostrar el inmenso deseo de los periodistas por cuestionarlo o rebatir sus dichos, refiero el video editado que circula en las redes sociales; en él se contabiliza 66 ocasiones en que el candidato tuvo que pedir que lo dejaran hablar, con la ya famosa palabrita pérate.

El abanderado del PRI y sus aliados fue cuestionado con severidad (si se compara el trato con el que brindaron a López Obrador). Se cuestionó la posibilidad de que pueda ganar e insistieron en que se deslindara del actual presidente, Enrique Peña Nieto.

El tercer caso es el de Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente. Con él no hubo consideraciones ni bromas.

Los periodistas se centraron en cuestionar al queretano su supuesta “desaparición” del escenario político y mediático del país, por espacio de varios días, después del primer debate; revivieron el tema de la venta de la bodega propiedad del candidato y, después, cuestionaron que no hubiera presentado propuestas.

Incluso Denise Maerker criticó la “inexperiencia” de Anaya para ser presidente de la República.

Bemoles electorales. Como muchos periodistas (creo que la gran mayoría) y medios de comunicación, Televisa y sus colaboradores tienen una postura político-electoral muy clara. Eso no es problema alguno. Es normal que todos tengamos filias y fobias en este ámbito.

Los problemas surgen cuando estas filias o fobias trasminan el trabajo periodístico y lo daña profesional y éticamente, al intentarse presentar a las audiencias un ejercicio periodístico que conscientemente tiene de trasfondo, respaldar a uno y descalificar a otros.

Si comparamos el debate que organizó el periódico Milenio en su canal de televisión con el de Televisa, podremos criticar de enfrentados, agresivos y hasta de groseros a los periodistas del primer medio en comparación con López-Dóriga y compañía cuando tuvieron en la charla a López Obrador.

Esta inclinación electoral de la empresa que dirige Emilio Fernando Azcárraga Jean también deja como saldo, por lo menos, que ahora sabemos del cambio de su postura política, que siempre había estado al lado del PRI y, en ocasiones, con el PAN.

Ya veremos cuál es su comportamiento con Margarita Zavala y Jaime Heliodoro Rodríguez.

Periodista. @juanjosearreola

 

 

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