Tal vez, algún día.

Gerardo Proal de la Isla

Recuerdo hace muchos años, cuando comencé a leer Mafalda, personaje de la autoría de Joaquín Salvador Lavado Tejón, mejor conocido como “Quino”, que había una tira cómica donde ella leía sobre las noticias del mundo y pasaba de una nota que hablaba de la guerra a otra que narraba los alcances del hambre el algún país y así, de una mala noticia a otra peor,  finalmente tomaba el papel periódico y lo dejaba a un lado diciendo: “por suerte, el mundo queda tan lejos”.  Nunca olvidé esa tira en particular y conforme han pasado los años, la tecnología y la realidad que se vive en nuestros días, me lleva a pensar que el mundo es cada día más pequeño y mucho más cercano.

Un par de ejemplos: el internet y la comunicación satelital que nos tienen verdaderamente atrapados y pegados a un aparato celular a través de múltiples y variadas aplicaciones que permiten establecer contacto con personas vía redes, mensajes, etcétera, cuyo propósito inicial era acortar distancias lejanas y hoy propicia, irónicamente como una pandemia, distanciamientos cercanos. También el calentamiento global, nos recuerda que los desastres naturales que nos eran muy atípicos, hoy sean tremendamente típicos.

Quien iba a pensar siquiera que este, entonces un pequeño y tranquilo rincón de la provincia mexicana que anhelaba mantener ese toque y ese sabor, empujaba a sus habitantes a visitar de vez en vez, la capital del país en busca de la modernidad y otras actividades culturales y recreativas que no tenía. Al paso de tan solo unos años es uno de los puntos de interés a nivel nacional e internacional para encontrar en él las oportunidades y el desarrollo que tanto anhelan las generaciones actuales. Para quienes añoramos esos momentos de antaño, la ciudad también es amable y generosa, basta caminar un amanecer de fin de semana o respirar profundo en cualquiera de sus atardeceres, cuando el sol se pone, para degustar una probadita de Querétaro de entonces.

Sin embargo, junto con esa cercanía del mundo actual, la modernidad y los enormes retos que enfrentamos dado nuestro propio crecimiento como comunidad, se hace necesario revisar las circunstancias que nos trajeron al momento que vivimos hoy día y a preguntarnos si alguien lo visualizó así hace veinte o treinta años atrás. Me atrevo a decir que no. Sostengo en mi muy particular punto de vista que Querétaro ha reunido, a diferencia de otras entidades vecinas, una serie de características que en la suma de las últimas décadas le han permitido crecer como lo está haciendo. Ofrece una buena calidad de vida. Cuenta con una gran oferta y diversidad en temas como industria, comercio, servicios, educación, cultura  e investigación, lo que ha permitido que mucha gente opte por buscar aquí, lo que se ha perdido o reducido en otras ciudades similares.

Por todo ello, no solo para los gobiernos es verdaderamente importante pensar, planear y proyectar el Querétaro que queremos para las próximas décadas en todos los órdenes. Hoy es el mejor momento para trabajar en ello, por que la dinámica de crecimiento no se detiene tan fácilmente y resultaría ocioso pensar que compete solo a unos cuantos resolver el futuro. Hay que pensar en grande y mirar lejos, generando consensos y construyendo acuerdos con la opinión de todos los sectores y de quienes reúnen  el talento, la capacidad, el conocimiento y sobre todo la humildad de reconocer que no es solo su verdad, la que prevalece en una sociedad tan amplia como la nuestra. Los queretanos somos todos quienes habitamos, por circunstancia o por decisión este lugar para forjar en él nuestro destino.

El orden y la armonía están  estrechamente ligados a temas como el deporte, la creatividad, la corresponsabilidad, el arte, la cultura y la educación entre muchos otros. Tal vez, algún día, nuestros hijos y sus hijos estarán también orgullosos de su comunidad y de su identidad como lo estamos nosotros. Debemos hoy y con ellos mañana, trabajar con esfuerzo para los nuestros, pero también aportar con generosidad para los demás, de tal suerte que formemos parte de una comunidad donde  el hambre y la ignorancia sean anécdotas, en este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

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