Sucederá una noche

Vianey Arroyo

Corría el año de 1934 en un soleado lugar de California,  donde los turistas acuden a ver las letras gigantes que forman el nombre de ese distrito: Hollywood; entonces un grupo de personas filmaban en un plató de los estudios Columbia una comedia romántica dirigida por Frank Capra. La trama de It Hapenned one night (Sucedió una noche) era sencilla: una joven rica que busca escaparse de su padre, por casualidad topa con un pícaro reportero desempleado. Ambos luchan por no caer enamorados, pero al final se da lo inevitable.

Nadie esperaba mucho de esta producción, quizá por eso fue la realización perfecta para que se llevara a cabo el crimen perfecto, o quizá debiéramos decir para que sucediera el milagro. Así, una noche y no cualquiera, sino la noche del 27 de febrero de 1935, durante la entrega número siete de los Oscar, sucedió lo inimaginable. La película fue sentenciada a ser la Mejor película del año; mientras que Clark Gable acusado y procesado como el Mejor actor, al mismo tiempo que Claudette Colbert como Mejor actriz y Frank Capra como Mejor director.  En efecto,  It Happened one night consiguió los cuatro premios más importantes de la Academia  y no sólo eso, también obtuvo el quinto, el galardón al Mejor guión adaptado. Esta adaptación fue hecha por el propio Capra y por Robert Riskin  de una historia escrita  por Samuel Hopkins Adams para una famosa revista “femenina”.

El mérito de Sucedió una noche es ganar los cinco Oscares más grandes por primera vez en la historia; dicho film tuvo circunstancias sociales específicas por la época en que fue llevado a la pantalla, por eso es que tuvo tanto éxito, pero no vamos a ahondar en los hechos. Visto a la distancia, se trata de un relato divertido que no podía más que sentar las bases para las llamadas screwball comedies, esas que tanto hemos visto protagonizadas por Julia Roberts, Sandra Bullock, Drew Barrimore, etc. Las cuales afortunadamente no siempre son consideradas para una nominación, pero que tienen en su antecesora un digno ejemplo,  pues varias décadas después aún te hace sonreír y disfrutar de un buen momento de cine bien hecho.

Han pasado ochenta años de esa primera vez y ahora en el 2015, otra película adaptada (esta vez de un libro) tiene 5 nominaciones: Mejor película, Mejor actor, Mejor actriz, Mejor guión adaptado y en esta ocasión Mejor banda sonora. Me estoy refiriendo a La teoría del todo, una cinta británica dirigida por James Marsh, basada en la obra Travelling to Infinity: My life with Stephen, escrita por Jane Hawking y protagonizada por  Eddie RedmayneFelicity Jones, Charlie Cox y Emily Watson.

The theory of everything no nos explica “nada” científicamente hablando, pero nos deja ver cómo  una persona, a pesar de sus limitantes físicas, es capaz de tener importantes logros si cuenta con el apoyo de la familia y los amigos. La única premisa irrefutable que al final concluye el protagonista es que no hay mayor creación de los padres que los hijos.

Esta historia no fue escrita para una publicación destinada “a las mujeres”, pero sí desde el punto de vista femenino,  el de la primera esposa del profesor, el astrofísico Stephen Hawking, quien cuenta las dificultades de vivir a lado de un genio que sufre una enfermedad degenerativa; lo cual me parece la vuelve sí conmovedora, pero por momentos parcial.

Para resaltar, sin duda alguna, la actuación del joven Redmayne quien ha recibido ya merecidamente, creo, todos los premios habidos y por haber: Globos de Oro, BAFTA, Sindicato de Actores, Satélite,  Asociaciones de críticos de diversos lugares, etc... Además de todo el esfuerzo corporal que lleva su personaje, el trabajo interno que realiza Eddie es sorprendente. Si no han visto La Teoría del todo, véanla y pongan especial atención a una escena en la que Stephen llora, pero la cámara está sobre Jane. Cuando un actor logra de espaldas ponerte la piel chinita es porque de verdad es grande.

Sé que la pelea por la estatuilla al Mejor actor va a estar difícil, y que posiblemente la asignación a Mejor película sea una sorpresa, la cual para mi gusto debiera ser dada a Gran hotel Budapest.

Así que esperemos a ver que nos depara la noche del 22 de febrero, en la entrega número 87  de los Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas en los Estados Unidos. Mientras tanto, Charles Chaplin desde su tumba se sigue preguntando ¿quién se ha robado mi Oscar?

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