Sobre la retórica inservible

Juan Manuel Badillo

El crítico de cine Jorge Ayala Blanco contó la anécdota de cómo y porqué nadie toma en serio las reseñas y las críticas de cultura, de cine y de arte en general.

Ayala Blanco, el hombre que más sabe de cine en México, relató cómo fue que un famoso reportero de un periódico estadounidense importante recibió la consigna de cubrir la inauguración de una gran exposición.

El reportero cumplió la tarea, anotó nombres, habló de las obras de arte y citó las palabras de los encargados de los discursos; entregó su reseña y se fue a dormir tranquilo.

En la mesa de redacción el editor en turno lee y corrige la reseña y antes de entregar, ya con la hora del cierre de edición encima, notó que el reportero se había equivocado de exposición y que cubrió la muestra de arte de la calle de enfrente, que también se inauguraba ese día.

Por las premuras el editor cambió el título de la exposición, borró los nombres de personas, de los cuadros y cualquier referencia que pudiera dar señas del error garrafal.

De manera que la reseña se ajustaba a cualquier exposición de arte que se haya llevado a cabo en Estados Unidos, en Timbuctú, o en cualquier parte del mundo. Lo extraordinario del caso es que más tarde ese reportero fue premiado con el premio Pulitzer por su reseña sobre la exposición de arte.

Desde entonces, contó Ayala Blanco, hemos caído en una lastimera tradición de escribir y leer reseñas y críticas de arte donde nunca se dice nada en concreto. Desde entonces la crítica en general, han sido espacios de generalidades y de afirmaciones sin sentido que no llevan a ningún lado.

Por ejemplo (el ejemplo es mío) cuantas veces hemos leído sobre un artista: “Desde niño se identifico con el lenguaje de las formas y el volumen”. Sobre el escultor Jorge Marín, en El Universal Querétaro.

Lo anterior quiere decir el que artista, cuando era pequeño, descubrió que no era ciego, que veía las cosas en tres dimensiones y no en dos, como toda la gente que no sea bizca o con retraso mental.

Haga usted un divertido ejercicio. Tome cualquier suplemento cultural que esté a la mano. Lea al azar, sin distinción, lo primero que se encuentre.

Le pondré un ejemplo, el español Ernesto Ayala-Dip escribe en el suplemento Babelia de El País de España, sobre la nueva novela del colombiano Juan Esteban Constaín, El hombre que no fue jueves, referencia a la novela de Chesterton.

El autor anota: “Muchas novelas retratan lo real. Y muchas otras hallan en lo real una novela”. Suena bonito, pero ¿qué quiere decir? Nada, que muchas novelas toca temas de la vida reales y otras no.

Otra pieza de colección: “Si algo caracteriza a la tragedia griega, además de ser la expresión del sobrepasamiento de los límites en los que lo humano debe vivir –la tragedia es hija de la desmesura–, tiene, además, un sesgo no sólo de protesta, sino de catarsis política capaz de transformar el orden social”. Javier Sicilia en el suplemento La Jornada Semanal.

¿Que se puede entender de lo anterior? Que antes la tragedia griega servía para criticar a la sociedad y que ahora ya no.

Jorge Ayala Blanco participó en el Seminario de Periodismo y Cine en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, que organiza la Red Mexicana de Periodistas Cinematográficos, la Filmoteca de la UNAM y el Centro de Estudios Cinematográficos.

Toda crítica, de cine o de arte, debe ser, antes que nada, específica, dijo el profesor universitario. Es decir, que si queremos decir algo esto debe ser comprensible y no andarse por las ramas de la retórica inservible.

Otra recomendación que hizo el especialista es que todo lo que se diga, de una película por ejemplo, deber ser sustentado. “¿Que es una buena película? Susténtalo”, “¿Que es una mala película? Susténtalo”, dijo.

El Seminario de Cine y Periodismo en la UNAM se extiende hasta febrero del 2016; por si ocupan. FIN 

 

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